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domingo 8 de noviembre de 2009

PROTEGIENDONOS DEL PECADO

PROTEGIENDONOS DEL PECADO

Henry Preza.

Después de estudiar y regresar a mi casa al mediodía y comer unos típicos frijoles con queso y dos tortillas calientes, chiles rellenos, sopa de mora u otros platillos vegetarianos siempre iba en las tardes con mi padre a la granja.


Recuerdo que sólo habían cuatro mil gallinas, después el número se incrementó hasta casi las diez mil. Eso significaba mucho trabajo para mí papá. Yo trataba de ayudarle. Los sábados y domingos iba con él todo el día y le ayudaba en varias de las obligaciones.

Una de las cosas que hacíamos todas las tardes era proteger con algo las esquinas de cada cuarto donde estaban las gallinas. Aunque normalmente hay otras formas de hacerlo nosotros aprovechábamos la gallinaza y hacíamos pequeñas montañas de ese tipo de abono en cada esquina. Así, si en la noche entraba alguna rata o algún tacuacín y las gallinas se espantaban cuando buscaran a las esquina en multitud como siempre lo hacen (cuando están alarmadas) no se ahogarían las unas a las otras aplastándose sino que se encontrarían con una pequeña montaña de tierra y tendrían que subirla no pudiendo aplastarse contra la esquina ni ahogarse. Aunque no era la mejor forma era la única forma inteligente de la que disponíamos y en verdad funcionaba para evitar la muerte de las gallinas.

Las gallinas siempre tienen que ser protegidas de varias formas. Uno no debe hacer grandes ruidos porque el susto de una puede convertirse en un grito despavorido de las gallinas y en una estampida colectiva que siempre hace que se ahoguen algunas. Todo debe ser medido y con mucho cuidado.

Las gallinas y el cuidado que había que darles me recuerda de la protección que cómo hijos de Dios debemos darnos. Igualmente, la obligación de los pastores a su rebaño.

También en la iglesia suelen haber estampidas donde los débiles son ahogados (también los menos inteligentes). ¿Qué protección le damos a nuestras congregaciones?

Es nuestra obligación ser buenos ejemplos, pero, también enseñarles a cuidarse del mal, enseñándoles a orar, a leer la Biblia, a ser seguidores de Cristo, a amar al prójimo, a no murmurar, etc.

Y cómo cristianos ¿Cómo nos protegemos del peligro? Debemos cuidarnos de todo aquello que nos pueda causar daño y eliminarnos. Cuidemos nuestras vidas y cultivemos nuestra relación con Dios.

sábado 7 de noviembre de 2009

LA MUERTE DE SHAFICK HANDÁL.

LA MUERTE DE SHAFICK HANDÁL.

Henry Preza.


Creo que fue el mismo 24 de enero de 2006 que supe la muerte de Shafick Handál, revolucionario salvadoreño, líder político de multitudes y gran pensador nacional. Muy conocido por su forma franca de decir las cosas, su sentido del humor y sus problemas constantes con la televisión salvadoreña y, en especial, con algún tipo de periodistas que buscaban provocarlo.

Su muerte cayó en la misma fecha del cumpleaños de mi madre y es en la misma fecha en que celebro el aniversario de boda con mi esposa. Además, yo cumplo años el mismo día de Shafick. Después de esas similitudes, una cosa que admire de él fue el hecho que vivía lo que hablaba y que sus ideales eran auténticos. Independientemente si sus ideales eran los correctos creo que él si trataba de mostrar con sus hechos que quería vivir sus ideales y que no era simple política. Murió sin cuentas bancarias y su vida era vivir para tratar de favorecer a los pobres de su contorno. Creo que en algún lugar conservo una colección de discursos de él que reflejaban esta verdad.

Sus ideales puros, todas sus buenas obras, su sinceridad, su amor por la gente, su liderazgo fuerte y su ejemplo ¿Le habrán servido para su salvación?

Cuando leo la Biblia encuentro varias verdades en cuanto a la salvación:

Dice el necio en su corazón:

«No hay Dios.»
Están corrompidos, sus obras son detestables;
¡no hay uno solo que haga lo bueno! Salmo 14:1

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. Efesios 2:8-10

En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Romanos 5:1-2

Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre, ama también a sus hijos. Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios. En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. 1 Juan 5:1-4


Fue como a las 10 de la noche que supe la muerte de Shafick. Cuando lo supimos hubo silencio, luto y tristeza en nuestra casa. Lágrimas corrieron por mis ojos al pensar en la vida de éste hombre y su eternidad. Este sentimiento ya lo he tenido varias veces ante la muerte de otras personas, pero, en esa vez fue especialmente triste, pues, aunque ese hombre llevaba impresos los pensamientos y sentimientos de un pueblo, años de lucha y obras, me preguntaba si habría tenido un encuentro con Cristo. Pues, sino fue así, sólo desperdicio su vida.

Yo no sé si Shafick habrá conocido a Jesús, ni tampoco sé dónde está, pues, no es de nosotros el juicio de nadie, pero, cuando nos encontramos ante la verdad que la muerte se acerca para cada hombre bien vale la pena encontrarnos con Dios. No importa lo bueno que seamos, lo compasivos y misericordiosos, lo que importa es si tienes a Jesús.

¿Lo tienes dentro de tu corazón?

viernes 6 de noviembre de 2009

AGRADECIMIENTOS

AGRADECIMIENTOS

Jessica Preza

Gracias a todos aquellos que participan en éste blog del Señor administrado por un grupo de cristianos comprometidos.

Que bueno que usted día a día aparte el tiempo ya sea para escribir o para leer este blog, mil gracias por colaborar con esa intención bella de llevar el evangelio de Jesucristo a tanta necesidad que hay en el mundo.

Que Dios siga derramando sus bendiciones sobre ustedes como hasta hoy.

¡Todo esto Dios lo ha hecho! ¡Gloria al Señor por cada uno de ustedes! ¡Gloria a Él!

Tengamos a este equipo de cristianos siempre en nuestras oraciones. Declaremos en el nombre del Señor cada día cosas buenas, pero, con nuestros ojos puestos en Jesús.

Adelante joyas preciosas del Señor, buen día.


“Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.» Josué 1:9

“De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas.” 1 Crónicas 29:12,13

”El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda.
Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. El Señor es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, y cual pastor guíalos por siempre”. Salmo 28:7-9

EL SACRIFICIO

EL SACRIFICIO

THE JONES READER.

Hace más de cien años, en una pequeña aldea del Japón, se vivió un gran alboroto. Sucedió por la tarde de un día muy importante de otoño. Era un día festivo. Las calles angostas estaban atestadas de gente que se reunía para la fiesta de la noche.

La aldea estaba a la orilla del mar. El bullicio alegre de la multitud se mezclaba con el sonido de las olas que se rompían suavemente contra la playa.
En una planicie, sobre una colina detrás de la aldea, un anciano observaba la muchedumbre alegre.
De repente, en medio de toda la diversión y las risas, se sintió la sacudida de un temblor.
Es una sensación extraña sentir que la tierra se mueve y ver que los edificios se sacuden y los árboles se mecen.
Pero la gente en esa aldea no se asustó. El Japón es un país de temblores,
y éste sólo era un pequeño temblor que no asustó a nadie. Los hombres que estaban en las calles apenas hicieron una pequeña pausa en su conversación mientras echaban un vistazo a su alrededor, y los alegres niños apenas interrumpieron sus juegos. La multitud continuó abarrotando las calles como si nada hubiera pasado y el anciano en la planicie sobre la colina podía oír sus voces alegres.
De repente, el anciano advirtió algo en la distancia. Al instante estaba de pie esforzándose para ver más allá. Con una mano temblorosa sobre los ojos se protegió del sol poniente, y contempló detenidamente el horizonte. El agua estaba oscura y se comportaba de manera extraña. Parecía estarse moviendo contra el viento.
El anciano observó que el mar se alejaba de la tierra. La gente del pueblo se extrañaba de ver que la marea bajaba de manera tan extraña. Todos se volvieron para observar desde la playa.
—¡Vean! —gritó un niño— el mar se está alejando.
Algunos niños emocionados recogieron algunas de las bellas conchas que quedaron descubiertas.
—¡Qué extraño! —decían otros mientras parecía que el mismo mar desaparecía. Llenos de asombro, continuaron observando.
Pero el anciano en la planicie sabía lo que estaba pasando. La realidad de lo que estaba por suceder lo hizo temblar. Pronto toda esa agua regresaría con violencia y con una tremenda fuerza. De alguna manera tenía que avisarle a la gente del pueblo. Pero, ¿cómo? Su voz era muy débil y ronca debido a su edad. Si intentaba gritar, nadie lo escucharía. Sus piernas ya no tenían firmeza como para bajar corriendo. Y por la sabiduría que le habían dado los años, sabía que no habría tiempo para bajar caminando hasta la aldea. Él conocía el peligro que se acercaba y su único pensamiento era advertirle a la gente.
—¡Tráiganme una antorcha!
¡Dense prisa! —les gritaba a sus siervos. En los campos detrás de él estaba toda su cosecha de arroz recogida en grandes montones, lista para llevarla a trillar. Sin detenerse a lamentar su pérdida, el anciano se apresuró con la antorcha encendida. En cuestión de segundos las llamas envolvieron los montones de arroz seco. El resplandor iluminó el cielo. El vigilante de la aldea vio las llamas que se elevaban y rápidamente agarró la cuerda que hacía sonar la gran campana del templo. Los aldeanos del pueblo vieron las llamas y escucharon el repicar de la campana.
—El arroz se está quemando —se corrió el grito por entre la
gente.
—Corramos —dijo alguien—, tal vez todavía podamos salvar algo del arroz.
La gente corrió de la playa y de aquel mar extraño y empezó a subir la colina rocosa y empinada.
Lo único que pensaban era salvar la cosecha del anciano.
—Vean para atrás —les dijo el anciano cuando la fila de gente se acercaba.
Uno por uno se volvieron para contemplar el mar que se perdía en el crepúsculo. Sobre el horizonte se divisaba una línea larga y apenas visible. La línea se iba ensanchando mientras los aldeanos observaban atentamente. La línea era el mar, levantándose como un gran muro y avanzando a gran velocidad hacia ellos. Era una ola gigantesca, un maremoto causado por el temblor.
En seguida se sintió un retumbo como el estallido de un trueno. La gran ola golpeó la costa con tan enorme peso que pareció estremecer las colinas.
Se vio un gran espumarajo blanco de masas de agua que chocaban unas contra otras.
Al instante, el mar como un monstruo blanco embestía el lugar donde estaban sus casas. Luego se retiró rugiendo para golpear la segunda vez, y otra vez, y otra vez.
Una vez más atacó la costa para después retirarse; y al fin, como si lo hiciera contra su voluntad, regresó a su lugar.
Arriba en la planicie todos miraban atónitos. De todas las casas de la aldea, solamente se distinguían dos techos de paja que se mecían sobre las olas. Entonces se escuchó la voz del anciano que decía con ternura:
—Ésa es la razón por la que le prendí fuego al arroz, para que ustedes salieran del pueblo.
Ya anochecía y el anciano que antes contaba con bastantes bienes, ahora se encontraba totalmente destituido de su fuente de ganancias.
Todas sus riquezas se habían quemado. Sin embargo, con su sacrificio salvó a cuatrocientas vidas.

Nota de la redacción:
Nos haría bien reflexionar en lo que Jesús sacrificó para salvarnos a nosotros. Jesús es Dios, y aun así, no se aferró a su derecho de quedarse en el cielo, sino que se despojó a sí mismo, y tomó forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y vino aquí a la tierra y murió por ti y por mí (Filipenses 2:5- 8). Dios nos dio todo, lo mejor que tenía, para salvarnos, no de la muerte física como el caso en esta historia, sino de la destrucción eterna. “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Noviembre-diciembre 2001, Volumen 15, página 1-10. Usado con los permisos correspondientes.

LA HUIDA SUBTERRÁNEA

LA HUIDA SUBTERRÁNEA

David Luthy

En la siguiente historia verás un buen ejemplo de cómo los cristianos han tenido que sufrir por su fe. Mientras la lees, trata de imaginarte viviendo en Moravia en el año 1544.

I. Llega un mensaje
—Hans, guarda la cesta, por favor, y ven a desayunar. Podrás alimentar las gallinas después.
El muchacho pronto obedeció a su madre. Metió la cesta debajo de una caja junto a la puerta y se apresuró a entrar en la casa. El resto de la familia Wiedemann ya se encontraba sentado alrededor de la mesa. Hans se abrió lugar entre sus hermanos menores y se sentó en la banca. La conversación se detuvo y el señor Wiedemann dirigió la oración, dando las gracias por los alimentos:
“Padre celestial, te pedimos que bendigas esta comida. Te agradecemos por ella y oramos que nos ayudes a usar la fuerza que recibimos de ella como debemos.
También te damos las gracias por las muchas otras bendiciones que tú nos das, especialmente por la libertad que tenemos aquí en Moravia para vivir la vida cristiana.
En el nombre de Jesús oramos. Amén.”
El silencio fue interrumpido por la voz suave de la señora Wiedemann:
—Pasa los huevos, Berta. La hija mayor sacó un huevo duro del tazón de madera y pasó el tazón a sus hermanos. Cuando llegó su turno, Hans cogió un huevo y lo
sostuvo en las manos. El calor del huevo le producía una sensación agradable. Hans lo golpeó contra la mesa y empezó a quitar la cáscara.
Mientras se ocupaba en pelar el huevo, los recuerdos se agolparon en la mente. años le penetraban la mente. En ese entonces, tenía ocho años. Su familia había vivido en Suiza. Un día, a la hora del desayuno, les llegó el mensaje de que vendrían soldados a arrestarlos por ser creyentes anabaptistas.
“Tenemos que huir,” había dicho su papá con un tono de urgencia. “No hay tiempo que perder.”
Llevaron unas sábanas en que envolvieron algunos artículos y envolvieron a los niños en ropas gruesas. La gran travesía había iniciado.
“¿A dónde vamos?” Hans recordó haberle preguntado a su papá.
“A un nuevo hogar en Moravia, hijo mío, donde podremos servir a Dios como nos enseña la Biblia.
Suiza ya no nos tolerará más. Moravia le ha ofrecido a nuestra gente la libertad de practicar la fe cristiana. Date prisa, hijo, debemos salir.”
Ahora, la familia Wiedemann tenía cinco años de haber vivido en Moravia. Tres hijos habían nacido en su nuevo hogar. A menudo el dinero escaseaba, pero aquí había paz y había libertad para practicar sus creencias religiosas.
—Hans —se escuchó la reprensión tierna de su madre—, cómete el huevo antes que se enfríe. —La madre observó a su hijo que tenía los ojos fijos en el huevo, absorto en sus pensamientos—. ¿No tienes hambre? ¿Estás enfermo?
—No estoy enfermo —contestó
Hans—, sólo estoy pensando.
—¿Pensando en qué? —preguntó su hermana Ema con una sonrisita de burla—. ¿Pensando en que ayer no te portaste bien en el culto?
—Yo no estaba haciendo nada
—repuso Hans bruscamente.
—Claro que sí —agregó el pequeño Jacob.
—Que no hice nada —insistió Hans.
—Niños, no discutan —interrumpió el señor Wiedemann con una voz sonora.
Una vez más, los niños volvieron a ocuparse de la comida. Pero, no había transcurrido mucho tiempo cuando el papá le preguntó a Hans:
—¿En qué estabas pensando, hijo?
Hans se movió un poco y dijo:
—Yo solamente estaba recordando el día hace cinco años cuando tuvimos que salir de Suiza.
—Debieras olvidar esos pensamientos
—le sugirió su madre—.
Ahora estamos seguros en Moravia. Aquí nadie nos hará daño.
La cara del señor Wiedemann acusó preocupación.
—María —le dijo a su esposa—, no debes decirle al muchacho que olvide ese día. Olvidarlo sería olvidarse de Dios. Pues fue Dios el que nos trajo con bien hasta aquí. —El señor Wiedemann hizo una pausa e inclinó su rostro como si estuviera orando—. Además, nunca sabemos cuándo pueda llegar la persecución aquí en Moravia. Nadie sabe lo que nos espera en el futuro. Debemos confiar en Dios.
Estas palabras resultaron muy ciertas. Pasados apenas dos años, en 1544, un caballo a todo galope y bañado en sudor llegó a la aldea donde vivían los Wiedemannes y otras siete familias anabaptistas. El jinete estaba tan agotado por su viaje que casi no podía hablar. La gente se reunió a su alrededor, ansiosa por escuchar las noticias que traía.
—Los soldados del príncipe atacaron a los hermanos de Vorgen
—alcanzó a decir finalmente—. Quemaron dos establos y robaron gran parte del ganado.
—¿Mataron o hirieron a alguno?
—preguntó Amon Wiede mann, el padre de Hans.
—No —contestó el jinete, endere zándose en su caballo—.
Toda la gente escapó al bosque. Una ola de preocupación se apoderó de los que se habían reunido. Muchos meneaban la cabeza desconcertada. Así que la persecución al fin había llegado a Moravia. ¿Cuándo arremeterían los soldados contra su aldea?
El hermano Amon meneó la cabeza y añadió:
—Ahora sabemos que los rumores que escuchamos el mes pasado son ciertos. El príncipe quiere las riquezas de nuestras aldeas por pocas que sean.
—¿Tendremos que huir otra vez? —preguntó una anciana con lágrimas en los ojos—. Yo he orado que pueda morir aquí en paz.
—Sí —respondió con seriedad Jacob Walter, el obispo—, parece que debemos hacer lo que nos vimos obligados a hacer en Suiza… huir.—
¿Cuándo podríamos ser atacados? —le preguntó un hombre al jinete.
—Antes del fin del mes, pero difícilmente antes de eso.
—Apenas tendríamos tres semanas —dijo el hermano Jacob.
Abram Shoope, el diácono, se adelantó. —¿Por qué tenemos que huir?
—preguntó—. ¿Por qué no pensamos en algo para quedarnos aquí?
—¿Cómo? —preguntó Simon Gross, el herrero de la aldea—.
¿Quieres que peleemos contra los soldados?
—Por supuesto que no —dijo el hermano Abram con firmeza—.
Eso sería contrario a la Palabra de Dios.
—Y la Biblia —interrumpió el hermano Amon—, nos muestra lo que hacían los cristianos en vez de pelear. Ellos huían.
—Pero, ¿a dónde huían? —preguntó el hermano Abram en un tono que mostraba que estaba por revelarles un secreto.
El joven Hans quedó escuchando a los mayores hablar. Se preguntaba a dónde podrían huir esta vez.
Deseaba no tener que dejar este lugar que tanto amaba. El bosque cercano era su sitio favorito para ir de cacería, y en el arroyo junto a la pradera había muy buena pesca.
¿Por qué tendrían que huir? De repente, Hans escuchó que el hermano Abram seguía con su idea de no tener que huir. Se volvió hacia el diácono para saber qué más diría.
—Y los cristianos en Roma vivían bajo tierra en el tiempo de la persecución. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo nosotros?
—Las catacumbas —dijo el hermano Jacob Walter asintiendo con la cabeza—. Sí, los cristianos ivieron en esos túneles por muchos años.
—Y nosotros ya tenemos túneles —continuó el hermano Abram con entusiasmo—; los túneles para almacenar las verduras. Lo único que tendríamos que hacer sería ampliarlos y excavar más profundo.
Los siguientes dos días estuvieron llenos de muchas conversaciones cargadas de preocupación.
Finalmente, los hombres acordaron seguir el plan de Abram. Excavarían una red de túneles para esconderse cuando vinieran los soldados. Una puerta secreta en el piso del establo de los Wiedemannes sería la entrada a los túneles.
Así es que el trabajo empezó. Hombres, mujeres, y niños se unieron en el proyecto. Los túneles se hicieron con la altura suficiente para que un adulto pudiera correr en una posición agachada. Ramificaron los túneles en muchas direcciones, haciéndolos serpentear sin rumbo alguno. Estos desvíos se hicieron para confundir a cualquiera que descubriera el escondite de los anabaptistas. Sólo
al final de un túnel había una sala grande. Y solamente los anabaptistas conocían la ruta que conducía hasta esa cámara secreta.
Los días pasaron. Hans ayudó a acarrear tierra de los túneles. La tierra se esparció sobre los campos cercanos. Pronto los túneles estuvieron terminados.

Terminaron la excavación apenas a tiempo, pues una mañana de octubre llegó a la aldea anabaptista el mensaje de que los soldados se acercaban.
Las puertas se abrieron de golpe, los niños hicieron a un lado sus tareas, y los hombres venían de prisa desde los campos. Una fila continua de personas se dirigía hacia el establo de los Wiedemann, que estaba junto a la casa. Con agilidad, la fila de personas desaparecía por la puerta secreta en el piso del establo. El último hombre cerró la puerta y corrió el cerrojo. El grupo avanzó por un pasillo tras otro en su huida subterránea. Por fin alcanzaron la cámara provisiones que habían almacenado para una emergencia como ésta.
—¿Cuánto tiempo tendremos que quedarnos aquí? —le preguntó Hans a su madre.
—Tal vez tres días, tal vez más —le contestó—. Pero ¡ssst!, el hermano Jacob está hablando.
Hans se volvió hacia el obispo anciano que decía:
—Tengamos una pequeña lectura de la Biblia y arrodillé monos para orar. No debemos olvidar que Dios está muy cerca de nosotros en este momento. —Luego se volvió
hacia Abram, el diácono—.
¿Tienes ahí la Biblia? —dijo al momento que extendía la mano. Una mirada de desconcierto se dibujó en el rostro del hermano Abram.
—Yo... yo... —empezó a decir—, en mi apuro por escapar se me olvidó traerla.
Un murmullo de lamentos corrió por entre el grupo. La única Biblia en la aldea había sido olvidada.
Todavía estaba en la casa de Abram Shoope, el diácono. ¿Qué tal si los soldados la hallaran y la destruyesen?
El joven Hans se sentía tan mal como los demás. No quería ni pensar en que no podría escuchar más historias de la Biblia, historias de David, Jonás, Noé, y sobretodo, de
Jesús.
—Bueno —dijo el hermano Jacob Walter una vez que el grupo hubo superado su desconcierto—, no hay nada que podamos hacer sino orar. Si Dios puede protegernos aquí, también puede encargarse de proteger la Biblia.
El anciano y los demás se arrodillaron. Mientras el obispo oraba, pensamientos repentinos cruzaron por la mente de Hans.
“¿Por qué no podría yo escabullirme hasta la casa de Abram y traer la Biblia? Los soldado nunca me agarrarán,” se dijo Hans a sí mismo. “Yo soy ágil para correr. Además, cuando jugamos al escondite, siempre soy el último en ser hallado.”
Silenciosamente, mientras todos oraban con sus rostros inclinados, Hans salió de la cámara. Apenas se había alejado una corta distancia cuando echó a correr por los túneles.
Hans conocía bien el camino hacia la salida. Había caminado esa ruta muchas veces cuando estaban excavando los túneles. Respirando agitadamente, Hans subió por la escalera que conducía a la puerta de salida. Con cautela, deslizó el cerrojo y levantó la puerta apenas lo suficiente para echar un vistazo afuera.
No se veía a nadie por ningún lado, entonces Hans salió atrevidamente. Silenciosamente cruzó el establo caminando de puntillas.
Luego se subió encima de un barril y miró por un agujero en la pared.
Su corazón se aceleró. ¡Efectivamente, allí estaban los soldados!
Estaban frente a la casa de Simon Gross. Un poco más allá vio que otro pequeño grupo se acercaba por la calle.
Bajándose del barril, Hans caminó hasta el otro lado del establo y se fijó por la calle en la otra dirección. No veía ningún soldado. —Ah —susurró—, los soldados están saqueando primero las casas al lado este. La casa de Abram está al oeste de nuestro establo. Puedo ir y venir y los soldados todavía no estarán ni siquiera cerca de aquí. Rápidamente se escurrió por la puerta del establo y corrió hacia el oeste, agachándose y escondiéndose detrás de los árboles por si hubiera algún soldado vigilando. Pero no vio a nadie.
Una vez dentro de la casa de Abram, Hans suspiró aliviado. Se dirigió al estante junto a la chimenea, pero la Biblia no estaba allí.
“¿Dónde podría estar? ¿Habrán llegado ya los soldados y se la habrán llevado?” Hans se estremeció al pensar en esto.
—¡Ah, ahí está! —exclamó el muchacho casi en voz alta. El libro grande estaba sobre una silla junto a un par de lentes.
“Parece que el hermano Abram la estaba leyendo cuando llegó el aviso,” pensó Hans. Tomó la
Biblia en sus manos y la observó con admiración. “¿No estarán felices los demás cuando tengan la Biblia con ellos de nuevo?”
Hans ya estaba por salir cuando de repente oyó un ruido. Parecía como voces. Sí, eran voces. El muchacho temblaba de miedo.
“¿Dónde podría esconderse?” Sin esperar un minuto más, Hans saltó dentro de un cajón medio lleno de leña que estaba junto a la chimenea. Rápidamente se abrió espacio entre la leña, se acomodó de cuclillas, y cerró la tapa del cajón.
Apenas se había acomodado cuando una bota pesada golpeó la puerta del frente. Hans no podía ver a nadie pero podía oír los pasos pesados sobre el piso de madera.
También se oían voces bruscas. Los sonidos se estaban acercando. “¿Me encontrarían?” Hans trataba de no temblar para que la leña no se moviera.
“Ojalá,” pensó Hans. “Sí, ojalá que los soldados no oigan los latidos de mi corazón”.
Por diez minutos, los que a Hans le parecieron como todo un medio día, los soldados registraban la casa. De vez en cuando Hans oía que algo caía al piso y se quebraba. Pero al fin los ruidos cesaron. Los soldados salieron, y no hallaron a Hans. Sin embargo, transcurrió bastante tiempo hasta que Hans logró reunir suficiente valor para salir de su escondite.
Una vez fuera de la casa, ya no corría libremente. Apretando bien la Biblia contra su cuerpo, avanzó como una serpiente por entre la hierba alta. Con cautela avanzó de regreso al establo, temiendo todo el tiempo que los soldados hubieran descubierto la puerta abierta en el piso. Se armó de valor y echó un vistazo al establo. No había nadie. Como un ratón escabulléndose hacia su escondite, Hans corrió por el piso, entró por la puerta, y desapareció.
—¡Vaya! —exclamó al tiempo que corría el cerrojo—. Casi, casi.
Los Wiedemann y las otras familias se regocijaron enormemente cuando Hans entró en la cámara.
—¿Dónde estabas? —preguntó su madre entre sollozos y al mismo tiempo que lo abrazaba—.
Te hemos buscado por todos los túneles.
Ahora Hans se sintió mal. No había pensado en cómo se sentirían sus padres cuando no lo encontraran después de la oración.
—Me devolví a traer la Biblia —dijo humildemente levantando el libro para que todos lo vieran.
—Oh, Hans —repuso el hermano Abram—, no debiste arriesgar tu vida ni las nuestras.
¿Qué tal si los soldados te hubieran capturado y obligado a dirigirlos hasta nuestro escondite?
Pero el obispo puso su mano sobre el hombro del muchacho para alentarlo.
—Tu intención fue buena, Hans, y el Señor estuvo contigo. Todos nosotros estamos agradecidos por la Biblia.
El grupo permaneció bajo tierra durante dos días más. En la mañana del tercer día, el hermano Amon Wiedemann sugirió:
—¿Por qué no enviamos a un hombre para ver si ya se han ido todos los soldados. Ya deben de haberse marchado.
—¿Quién irá? —preguntó el hermano Jacob Walter.
Varios alzaron la mano. Simon Gross, el herrero, fue escogido.
Sólo estuvo afuera por una hora cuando regresó a contar lo que había visto. Sólo uno de los establos había sido quemado, pero la mayoría de las vacas habían sido robadas. Y unas pocas casas habían sido gravemente saqueadas.
—¡Buscaban oro! —exclamó una mujer—. Los soldados creen que tenemos montones de oro y plata, solamente porque trabajamos arduamente y no gastamos el dinero en vinos y sedas.
Agradecidos, los anabaptistas regresaron a sus hogares. Aquella noche se reunieron en la casa del hermano Jacob Walter para cantar himnos de alabanza. Estaban llenos de gratitud en su corazón porque su escondite había resultado exitoso. Durante los siguientes años, ocasionalmente las familias tuvieron que refugiarse en los túneles, o
“lochies”, como les decían en su propia lengua. Cada vez, los soldados destruyeron más y más de sus hogares y establos. Finalmente los hermanos decidieron salir de Moravia. Muchos de ellos se mudaron a Hungría, un país vecino, y más tarde a otros países.
Hoy, los descendientes de los anabaptistas de Moravia viven en las planicies del Canadá y de los Estados Unidos, donde son conocidos como huteranos. Los túneles en los que sus antepasados se escondieron todavía se pueden ver en lo que era el estado de Checoslovaquia. Los lochies permanecen como un monumento a los sufrimientos de los anabaptistas y como un cumplimiento de las palabras de Hebreos 11:38 sobre los cristianos perseguidos: “...errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”.

De: Step by Step
Por: David Luthy
Usado con permiso de:
Pathway Publishers

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto , Septiembre octubre 2002 Paginas 1-y 11(libro2 página9). Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

jueves 5 de noviembre de 2009

¡Lo que no soy!

¡Lo que no soy!

Anderson Menger
http://andersonmenger.blogspot.com

¡Una ola de sinceridad y transparencia domina mi alma!
No querer parecer más de lo que soy, o lo que tengo. Mi alma clama por la transparencia de todos, donde nadie tiene que esconderse detrás de sus títulos y posesiones.

¡Yo no soy perfecto!
¡No tengo títulos diplomas!
¡Ni clasificaciones!
¡No tengo nada que yo pueda ostentar!
¡No soy ningún ángel, ni mucho menos puedo mostrar la perfección de Dios!
¡Yo no soy "todos lo que" digo que soy!
¡Yo no tengo miedo de mostrar lo que realmente soy!

Quem NÃO sou!
Uma onda de sinceridade e transparência domina a minha alma!
Não querendo parecer mais do que sou, ou do que tenho. A minha alma clama pela transparência de todos, onde ninguém precisa se esconder atrás de seus títulos e posses.

Não sou perfeito!
Não tenho diplomas de graduações!
Não tenho nomenclaturas!
Não tenho nada a qual possa me ostentar!
Não sou anjo, muito menos Deus para mostrar perfeição!
Não sou" aquilo tudo" que dizem que sou!
Não tenho medo de mostrar quem realmente sou!

VIOLACIONES AL PLAN DE DIOS

VIOLACIONES AL PLAN DE DIOS

Antorcha de la Verdad.

Como vimos al principio de este capítulo, el amor matrimonial exige más de lo que el hombre sin Dios puede dar. Esto nos ayuda a entender por qué la gente hoy en día falla tanto en el amor. Los esposos se cansan de que sus esposas sólo piensen en sí mismas y las esposas se cansan de sus esposos egocéntricos. Sin embargo, en el fondo del amor humano existe un anhelo de conocer el compromiso y es por eso que las personas siguen casándose. Pero muchos no están dispuestos a pagar el precio para alcanzar las satisfacciones más profundas del amor. Sólo se dedican a ver cuánto romance pueden sacar de una relación y luego pasan a otra. En los escombros de relaciones rotas dejan sueños sin realizar, vidas heridas de esposos, de hijos, y de amigos. El adulterio: menospreciar lo sagrado Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo claramente describe el adulterio como pecado. “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos” (Levítico 20:10). “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia…. Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19, 21).
El matrimonio fue diseñado por Dios para nuestro bien, no sólo como un compañerismo social. También es para nuestro bien espiritual. Es por eso que al violar el compromiso del matrimonio, menospreciamos lo sagrado. Veamos tres maneras en las que se demuestra menosprecio.

1. El adulterio viola un compromiso sagrado. El que comete adulterio en realidad está diciendo:
“No me importa lo que te prometí”.

2. El adulterio es pisotear una encomienda sagrada. El matrimonio no es sólo un compromiso que hace la pareja, sino también un encargo que Dios nos encomienda.
Así es que el adulterio es tanto un menosprecio de un compromiso como de una encomienda sagrada. En realidad, el adúltero está diciéndole a Dios: “No me importa lo que tú me has encomendado”.

3. El adulterio corrompe una unión sagrada. El matrimonio no es simplemente un convenio entre dos partes, sino una unión que queda registrada y sellada ante Dios. Él pedirá cuentas a la pareja en cuanto a su fidelidad. Es decir, el matrimonio no es sólo un asunto entre un hombre y una mujer, sino también un asunto entre ellos y Dios. Debido al propósito que Dios tiene para el matrimonio, la unión es algo de mucho valor no sólo para el humano sino también para Dios. El adulterio desprecia lo que Dios considera importante.
En realidad dice: “No me importa cómo estima Dios el matrimonio”.
No importa la sensación del momento, el adulterio siempre se convierte en una miseria indescriptible. La culpa, el dolor, el alejamiento, la tensión, la angustia, y el temor todos caen sobre la vida del adúltero. Como dijo una mujer:
“Aunque encuentres el perdón, siempre tienes que pagar y pagar y pagar”. El escritor de Proverbios lo dijo muy bien: “Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace.
Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada”
(Proverbios 6:32-33).
El divorcio: un espíritu desleal y despiadado En la Biblia el divorcio se describe como “repudiar” a otra persona después de estar casado o después de estar comprometido para casarse. Generalmente, cuando habla de repudiar se refiere a un hombre que repudia a su mujer, pero en Marcos 10:12 también se refiere a una mujer que repudia a su marido. En la ley de Moisés el divorcio se permitió bajo ciertas condiciones, pero Jesús claramente dijo: “Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento” (Marcos 10:5).
Después Jesús, de manera muy clara, revalidó el propósito original de Dios: “Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10:6-9). Los mandatos divinos son claros: un hombre y una mujer de por vida; NO al divorcio.
Si bien es cierto que en el Antiguo Testamento Dios permitió el divorcio bajo ciertas condiciones, claramente habla en contra del mismo. “Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto…. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio” (Malaquías
2:14-16).
¿Por qué es malo el divorcio? A continuación veremos siete razones:

1. El divorcio claramente viola los principios de la Palabra de Dios. “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10:9).

2. El divorcio no concuerda con el carácter de Dios. Nota en los versículos anteriores que Dios llama al divorcio “deslealtad”. Dios es fiel; lo que promete, lo cumple. El divorcio es totalmente contrario al carácter fiel de Dios. El amor exige lealtad. Los que se divorcian traicionan el compromiso sagrado del amor. Más bien, muestran infidelidad y traición.
Sin embargo, el mensaje más profundo de Malaquías 2 no es rimeramente en contra de quebrantar los votos del matrimonio, sino en contra de quebrantar el pacto con Dios por parte del pueblo de Israel. Dios quiso decir que los que quebrantan un pacto humano están quebrantando un pacto con Dios. En otras palabras, cuando existe un espíritu desleal en nuestras relaciones humanas, también existe en nuestra relación con Dios. Por lo tanto, no es de extrañarse de que Dios diga que “aborrece el repudio”.

3. El divorcio demuestra dureza de corazón. Jesús dijo claramente que el divorcio había sido permitido “por la dureza de vuestro corazón” (Marcos 10:5). Con esto estarían de acuerdo la mayoría de los consejeros matrimoniales. El problema fundamental en los conflictos matrimoniales es que cada uno busca lo suyo propio y no considera al otro. El divorcio no es otra cosa sino la manifestación de un corazón duro. Se requiere humildad, amor, y quebrantamiento para resolver los problemas matrimoniales y experimentar la unidad que se espera en el matrimonio.

4. El divorcio hiere a nuestro compañero. Ser desleal es traicionar. Cuando se traiciona, se hiere.
La confianza y la lealtad están íntegramente entrelazadas en el amor, y el divorcio pasa su puñal despiadado cortando esos lazos y causando dolor. Siempre es así. La separación de una relación legítima entre un hombre y una mujer nunca puede ser un acto de amor o compasión. Siempre incluirán actitudes de odio y resentimiento.
5. El divorcio hiere a los hijos y deja cicatrices en su vida. A continuación tenemos el testimonio de una hija cuyos padres se divorciaron:
“¡Por favor, por favor no los firme! ¡Papá, no firme esas hojas!” Mis súplicas debieron haber aumentado grandemente el pesar sobre mi padre. Pero, sujetando firmemente el bolígrafo, continuó firmando aquella hoja decisiva.
Así se destruyó mi mundo y yo juntamente con él. Ese día murió algo en el corazón de una niña…. Las lágrimas y las protestas cargadas de amargura fueron en vano, pues la corte no toma en cuenta los corazones humanos al cobrar sus honorarios. Mamá y Papá ahora serían “libres”, pero nosotros no. Llegué a ser esclava de la desesperación. ¿Los pleitos? Es cierto que terminaron los pleitos, pero en su lugar apareció el clamor de niños con el corazón partido. Uno de esos niños era yo, que hubiera deseado escuchar aquellos pleitos si tan sólo Mamá y Papá hubiesen regresado.
Yo quisiera poder tomar de la mano a cada padre y madre que se encuentra considerando la idea de divorciarse, y decirle: “Venga, quiero llevarle conmigo al valle por el que yo he pasado. Si el dolor en el corazón de un niño inocente, el golpe amargo en esa vida tierna, y las lágrimas del niño despreciado y olvidado se pudieran llamar como testigos en el juicio; si el horror y la sombra tenebrosa llegaran hasta las cortes, entonces ningún niño volvería a transitar el horrendo camino que se inicia al firmar esos papeles decisivos en la corte. En lugar de esto, las lágrimas serían suyas y se daría cuenta de que los que sufren en el divorcio y las segundas nupcias son los niños inocentes.”

6. El divorcio complica más el camino a la reconciliación. En su primera carta a los corintios, Pablo advierte en contra de separarse aun de un cónyuge incrédulo, pero después dice: “y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:11). Pero claramente aconseja la reconciliación, y no la separación, aunque sea incrédulo el cónyuge.
El divorcio es como cerrar la puerta con llave después que el cónyuge infiel haya salido. Si el objetivo es la reconciliación, el divorcio no es una opción.

7. El divorcio propaga el pecado. La gente se decide por el divorcio como una solución a sus problemas matrimoniales, pero es imposible corregir los problemas por medio de desobedecer a Dios. El divorcio siempre trae más problemas. Jesús advirtió específicamente que el divorcio es causa del adulterio (Mateo 5:32). Las consecuencias del pecado no se limitan a la persona que lo cometió. Esto se ve especialmente en el caso del divorcio. El pecado lleva a más pecado, y esos pecados se multiplican en las generaciones siguientes. Algunos estudios demuestran que las personas que provienen de hogares divorciados tienen mayor probabilidad de terminar en divorcio, que aquellos cuyos padres fueron fieles. El pecado actúa como una avalancha.
Segundas nupcias: un estado de adulterio El divorcio sin duda es pecaminoso, pero las segundas nupcias son todavía más pecaminosas. Es alejarse todavía más de las leyes de Dios. El Nuevo Testamento es claro. Las segundas nupcias, mientras el primer cónyuge viva, son pecado. Considera los siguientes versículos: “Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Marcos 10:11-12) “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19:9). “Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera” (Lucas 16:18). “Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera” (Romanos 7:3).
Todos estos versículos nos dicen claramente que las segundas nupcias son adulterio. El verbo griego que se traduce “comete adulterio” está conjugado de manera que indica una acción presente y continua. Esto nos indica que no sola mente es haber cometido el hecho del adulterio, sino estar practicando el adulterio.
El versículo en Romanos también nos muestra que mientras uno de los dos cónyugues esté vivo, las segundas nupcias no constituyen un matrimonio legítimo sino un estado de adulterio. Por un lado, está el hecho de cometer el adulterio que consiste en tener relaciones sexuales con una persona mientras está casado con otra. Pero también está el estado de adulterio cuando la persona se casa con otro mientras que su verdadero cónyuge todavía vive.
Con versículos de la Biblia tan claros, ¿cómo pudieran los que dicen ser cristianos, tratar de justificar el divorcio y las segundas nupcias? Una dama que se había casado con un hombre divorciado, y que después renunció a su situación adúltera, nos cuenta como fue su caída.
“El razonamiento es una de las armas más eficaces de Satanás. Cuán fácil es disipar con razonamientos la obediencia a la Palabra de Dios. El propósito divino para nuestra vida no es primeramente que seamos felices, sino santos. A la vez no podemos tener felicidad verdadera sin llevar una vida recta….
“Yo ayunaba y oraba bastante, buscando que Dios me diera una respuesta directa. A pesar de que lo busqué, no me dio respuesta. Nada. Completo silencio. Fue hasta después que comprendí que es inútil buscar una revelación de Dios si él ya ha hablado tan claramente en la Biblia. Podemos escuchar otra voz que contradiga lo que él ha dicho en las Escrituras, pero esa voz viene del maligno.”
Si tu cónyuge todavía vive, es imposible volver a contraer matrimonio y hacerlo con la bendición de Dios. El mismo espíritu traidor que lleva al divorcio es el que lleva a las segundas nupcias. Es traición. En el matrimonio uno puede entregar su amor y su compromiso a su compañero, pero en las segundas nupcias uno sólo puede entregar su traición y los pedazos de su compromiso roto.
Corrijamos las violaciones contra el matrimonio. Las violaciones contra el matrimonio son variables en grado y género. Algunas ocurren antes de que la persona se convierta a Cristo y otras después. Algunas costumbres de la cultura pudieran confundir nos en el asunto del ma trimonio. Por ejemplo, la “unión libre”, la “anulación” del matrimonio, la “poligamia”, etcétera.
Aquí no podemos tratar todas estas variedades de violaciones que existen. Sin embargo, podemos considerar diez principios que se deben tomar en cuenta al corregir las violaciones contra el matrimonio.

1. Cuando dos personas solteras, sean creyentes o no, consienten en contraer matrimonio, Dios considera esa unión como válida.
Y cualquiera que practique el divorcio y las segundas nupcias comete adulterio, sea quien sea. “Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Marcos 6:17-18). “Honroso sea
en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

2. La obediencia puede ser dolorosa. Pero como vimos antes, a Dios le interesa más nuestra santidad que nuestra felicidad del momento. Hablando del costo del discipulado, Jesús dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-27).

3. El sufrimiento por obedecer nunca es tan severo como las consecuencias de una desobediencia continua. Según nuestro entendimiento humano y limitado, a veces pensamos que la obediencia nos mete en más problemas, y que la desobediencia resuelve nuestros problemas. Ese razona miento es carnal y no es la voz del Espíritu. A la larga, la desobediencia siempre resulta más dolorosa que la obediencia. “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Terminar con un matrimonio legítimo pudiera parecer menos doloroso que comprometerse a luchar hasta resolver los problemas. Continuar con una relación adúltera pudiera parecer mucho menos doloroso que terminarla y buscar la ayuda de Dios para enfrentar los resultados.
Pero Dios siempre apoya la obediencia y reprende la desobediencia. “El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Proverbios 29:1).

4. Todas las buenas obras que podamos hacer no son suficientes para compensar el pecado cometido a sabiendas. Saúl trató de justificar su pecado contando de sus buenas intenciones, pero Samuel le respondió así: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Samuel 15:22).

5. Cuando hay pecado, debe arrepentirse de corazón y hacer y (2 Crónicas 7:14). Esto quiere decir que vamos a reconocer el pecado, abandonarlo y volver a los principios de la santidad instituidos por Dios. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Pareciera que la aplicación más difícil de este versículo es en el caso de las segundas nupcias. Pero si, de hecho, es una situación de adulterio, la única manera de abandonarla es terminar la relación.

6. A veces es necesario quedarse soltero para ser fiel a nuestro compromiso con Dios.
Después de haber hablado en contra del divorcio y las segundas nupcias, Jesús dijo: “Hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos” (Mateo 19:12).

7. Cuando hay hijos como resultado de una relación adúltera, el único camino seguro en criarlos para Dios es apartarse de todo pecado y empezar a criarlos en el temor de Dios.
Algunos están en contra de separar una relación adúltera cuando hay hijos de por medio.
Pero en tal situación es de especial importancia abandonar el pecado porque Dios “visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo 34:7), mientras que “guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Deuteronomio 7:9).

8. Se puede obtener el perdón inmediatamente después de la confesión y el arrepentimiento; sin embargo, las consecuencias del pecado podrán seguir de por vida.
Quienes han violado el plan de Dios en cuanto al matrimonio, a menudo se verán en situaciones de dolor, penas, y luchas. Tal vez tengan que vivir como solteros, educar un hijo por sí solos, o enfrentar heridas emocionales tanto los padres como los hijos. Y para todo esto, van a necesitar en forma continua el apoyo, la comprensión, y el consejo espiritual de sus hermanos en la iglesia.

9. El cristiano debe vivir irreprochablemente ante el mundo.
“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles” (1Pedro 2:11-12). Hay cosas que el cristiano debe evitar sólo porque al mundo le pudieran parecer pecaminosas, o que pondrían en duda su testimonio ante el mundo, aunque sean algo legítimo. Por ejemplo, en nuestra sociedad libertina, existe la posibilidad de que un soltero se case con alguien que esté divorciado. Digamos que el soltero se hace cristiano y quiere arreglar su vida. ¿Podrá ése contraer otro matrimonio ya en el Señor? Puesto que la relación pasada fue adúltera, el soltero ante Dios sigue siendo soltero. Por eso, un nuevo matrimonio sería legítimo. Pero el cristiano no solamente debe considerar lo que es permitido según las reglas, sino también lo que sea conveniente y de edificación (véase 1 Corintios 10:23). En otras palabras, los que observan desde el mundo, pudieran tener fuertes dudas en cuanto a tal relación. En casos complicados como estos, acerca de los cuales no hay una respuesta tajante en la Escritura, una medida segura sería buscar el consejo y la dirección de una hermandad guiada por el Espíritu Santo.

10. Al tratar de resolver las diferentes violaciones contra el matrimonio, los principios de amor y fidelidad entre Cristo y su iglesia nos sirven como una guía.
En Efesios 5, Pablo establece una comparación clara, y cualquier solución a los problemas del matrimonio debe apegarse a esa comparación. Por ejemplo, el divorcio, las segundas nupcias, y la unión libre, son contrarias a la comparación hecha por Pablo entre Cristo y su iglesia.

Resumen
Los matrimonios de hoy día enfrentan tremendas presiones. Al ver el dolor y la tristeza que sufren tantas personas como resultado de hacer su propia voluntad, se hace todavía más claro que el plan de Dios es el correcto. Es necesario que haya comprensión entre esposo y esposa. Así que, son necesarias la comunicación y la lealtad entre ellos. Cuando el esposo cumple su responsabilidad en el matrimonio, también resulta más fácil para la esposa cumplir la suya. Cada uno, pues, debe darse con sabiduría, consideración, y fidelidad a la tarea de hacer lo que Dios ha mandado. Para evitar problemas en el matrimonio y en la formación del hogar cristiano, las parejas cristianas no pueden seguir el patrón de la sociedad moderna. El esposo no va a permitir que la influencia que empuja hacia la superación y prosperidad en el mundo de negocios, atropelle sus responsabilidades y fidelidad hacia su esposa. Y la esposa no va a permitir que las presiones de la mujer moderna la alejen de sus responsabilidades y lealtad en el hogar. Al trabajar junto con el otro, y no en contra, la pareja experimentará el complemento que Dios tenía en mente al crearlos hombre y mujer.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 15 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

miércoles 4 de noviembre de 2009

EL CUERVO NEGRO

EL CUERVO NEGRO

Ecos de Santidad

Doña Elena era una viuda que vivía con sus cuatro hijos en una humilde casita en un pueblo de Holanda. El mayor de los niños, Hans, tenía ocho años. Una noche la viuda pobre no tenía nada para darle de comer a sus hijitos hambrientos. Se arrodilló, pues, y le pidió pan a Dios para sus niños. Doña Elena amaba a Dios y tenía confianza en que él los iba a socorrer en sus necesidades. Cuando terminó su oración, Hans le dijo: —Mamá, ¿verdad que la Biblia dice que Dios mandó a unos cuervos para que le llevaran pan a Elías cuando él tuvo hambre?
—Sí, es cierto —contestó la madre—. Pero eso sucedió hace muchos años, hijito.
—Ah, pero eso no importa, Mamá —dijo Hans—. Yo creo que todavía hoy Dios puede mandar cuervos. Voy a abrir la puerta para que puedan entrar. De un salto, Hans se acercó a la puerta, abriéndola de par en par. La luz de la salita iluminó la calle.
Después de un rato, el alcalde del pueblo pasó delante de la casa y mirando la puerta abierta, se detuvo. Miró dentro de la casa y le agradó ver todo tan limpio y ordenado, y a los cuatro niños muy contentos rodeando a su madre. Decidió entrar y acercándose a la viuda, la saludó:
—Con su permiso, señora. Buenas noches. Y dígame, ¿por qué han dejado la puerta abierta a estas horas de la noche?
Doña Elena se asustó un poco por la presencia del caballero tan bien vestido en su humilde casita. Se levantó rápidamente e hizo una reverencia delante del señor alcalde. Luego le quitó el gorro a Hans, y pasó su mano sobre su cabello desarreglado, diciendo:
—Lo hizo Hans, señor, para que los cuervos pudiesen entrar trayéndonos pan.
El alcalde vestía de un saco negro, pantalón negro, y sombrero negro. Todo era negro menos su camisa.
—¡Certísimo! —exclamó el alcalde con una sonrisa—.
Hans tiene razón. Aquí tienes el cuervo. Puedes ver que es muy grande. Ven conmigo, Hans. Voy a mostrarte dónde se encuentra el pan.
El alcalde llevó a Hans a su casa y mandó a su siervo a que pusiera dos panes y un jarrito de mantequilla en una canasta. Se lo entregó a Hans quien agradeciéndole, salió corriendo a la casa. Cuando sus hermanitos vieron el pan, brincaron de alegría. Después la madre le dio a cada uno un pedazo de pan con mantequilla. Todos comieron con gran gusto. Cuando habían terminado de comer, Hans abrió de nuevo la puerta y quitándose el gorro, miró hacia el cielo y dijo: “Muchas gracias, mi buen Señor”, y cerró la puerta.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 33 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

martes 3 de noviembre de 2009

¡Culpable!

¡Culpable!

Dallas Witmer

El preso inclina la cabeza; el Juez lee su sentencia: “Apártate de mí, maldito, al fuego eterno”. ¿Quién es este reo? ¿De qué es culpable? ¿Quién decidió su caso?
Es el hombre que ha quebrantado la ley de Dios, y murió en su pecado. Se fue de esta vida y está delante del tribunal de Dios. Tú también estarás allí algún día (Romanos 2).
Dios no puede pasar por alto nuestro pecado. Ni “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas” (Gálatas 5:19-21). Pero Cristo sí quiere librarnos del pecado y lo puede hacer. Si tú sientes la necesidad de Cristo en tu vida, escríbenos a la dirección que aparece en la contraportada.


Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 7 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

lunes 2 de noviembre de 2009

TODO DEPENDE DE…

TODO DEPENDE DE…

Simon Schrock

Ella era muy bella. Su sonrisa y el brillo en sus ojos extendían una placentera acogida. Yo estaba sentado con otros tres hombres de negocio a una mesa apartada en un restaurante elegante de un hotel fino en Houston.
“Ella y otra joven atractiva se habían sentado a la mesa que quedaba junto a la nuestra. Cuando la joven tomaba su asiento, rozó mi brazo y luego se disculpó de una manera afectuosa. Su roce, su voz, y su sonrisa casi me hacen olvidar por qué yo estaba allí. Los gestos de su cuerpo y su sonrisa eran una invitación a gritos. Yo me vi tentado.” Éste era el testimonio de un hombre llamado Wilmer.
El joven Wilmer era un hombre de negocios que se encontraba viajando como agente de mercadeo para su empresa a todas las ciudades grandes de los Estados Unidos y Canadá, y a algunos lugares en Europa. Era exitoso, y sus jefes estaban complacidos. Le daban una cuenta abierta“ para sus gastos; además una calidad de socio gratis en el Country Club, y todas las garantías sociales que ofrece una empresa. Su trabajo lo obligaba a ausentarse de su hogar casi todas las semanas. Su programa exigía de él una agenda apretada. Wilmer trataba de atender al menos tres citas por día, lo que requería viajar a un mínimo de tres ciudades cada día.
Había llegado a Houston el viernes por la noche. La noche anterior mientras estaba en Atlanta, había recibido una llamada de su supervisor, el vicepresidente de mercadeo. Éste le dijo que el presidente de una compañía grande de repuestos automotrices estaba listo para firmar el contrato que él le había enviado dos semanas atrás. Su jefe había hecho los arreglos para que el presidente de la compañía se reuniera con Wilmer el viernes por la noche en un hotel en Houston.
Lo siguiente es el testimonio de Wilmer sobre lo que sucedió aquella noche en Houston. “Yo había visitado a clientes en Boston, Nueva York, Newark, reensboro, y Atlanta. Estaba fatigado y no quería otra cosa más que regresar a casa. Pero después de la llamada del jefe, cambié mi vuelo y llamé a mi familia para decirles que me atrasaría un día más. A ellos no les gustó esta noticia porque sus planes para el fin de semana tendrían que cambiar. Yo estaba cansado y fatigado, y sentía que mi jefe se estaba aprovechando de mí.
“Cuando llegué al hotel en Houston, me apresuré hacia mi habitación para bañarme y prepararme para la reunión. Apenas logré alistarme a tiempo para la cena y reunión. Yo estaba exhausto y un poco irritado; entonces aquella sonrisa.... La invitación era clara. Yo entendí todas las señales: Los gestos de su cuerpo, su manera seductora de vestir, el roce suave. A menudo veía eso en mis viajes con los compañeros de negocios. Muchos de ellos acostumbraban buscar compañía femenina para pasar la noche. Su esposa y familia nunca lo sabrían; al menos eso creían.
“Ya terminada la cena, y el contrato firmado, yo sabía que el roce contra mi brazo no había sido ningún accidente. El presidente de la compañía estaba tan complacido con mi trabajo que había hecho los arreglos para darme una “propina” esa noche. Él quería mostrarme su aprecio por mi trabajo.” Y la joven estaba allí con un propósito. Wilmer tenía la oferta delante de sí. ¿La aceptaría?

El propósito y el valor de los compromisos.

Los compromisos, los pactos, los votos, y las promesas tienen un propósito. Son de suma importancia para la humanidad. El salmista nos ayuda a obtener un discernimiento importante sobre este asunto. Él hace la pregunta: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” La respuesta: “El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo.
Ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia” (Salmo 15:1-4).
Nota cómo el salmista subraya la importancia de cumplir con los juramentos. ¿Quién morará en su santo monte? ¡Los que cumplen con sus votos! Después hacia el final de su salmo nos dice: “El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmo 15:5). ¿Qué valor tiene los ser cumplidos con nuestros votos? No nos permite apostatar de la fe al ser llevados por cualquier viento de doctrina o por escuchar a espíritus engañadores o doctrinas de demonios (Efesios 4:14, 1 Timoteo 4:1).
En el Salmo 116, el salmista nuevamente se refiere al asunto de guardar nuestros votos. En los versículos 1 al 11, nos hace ver la bondad y las bendiciones de Dios para con el salmista. Jehová escuchó su clamor por misericordia.
“Me rodearon ligaduras de muerte... angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová.... Clemente es Jehová, y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios. Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar” (Salmo 116:12).
¡Tantas bendiciones de parte de Dios! Entonces el salmista pregunta: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Salmo 116:12).
¡Con esto pagaré! “Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de Jehová”. Ahora asegúrate de no pasar por alto la segunda cosa que menciona. “A Jehová pagaré ahora mis votos delante de todo su pueblo” (Salmo
116:18).
David enfatizó el principio importante de cumplir con sus votos en la presencia del pueblo. Las enseñanzas de Jesús reafirmaron la importancia de un compromiso público. Jesús dijo: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33).

Un compromiso público con Jesucristo establece un punto de referencia en nuestra vida. De ahí en adelante las muchas decisiones de la vida se tomarán basadas en ese compromiso. Hacer un compromiso público con Jesucristo y vivirlo es un requisito indispensable para ser parte del reino de Dios.
Después de decir que cumpliría sus votos a Jehová, David empieza a ver esperanza y seguridad para la eternidad. “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Salmo 116:15).
Nótese el orden de los pasos en el contexto de este pasaje: 1) Primero, un agradecimiento a Dios por su bondad. ¿Qué pagaré a Jehová por sus beneficios para conmigo? 2) Segundo, el cumplimiento de los votos a Dios en presencia de su pueblo. 3) Tercero, para los que cumplen sus votos, estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.
Aquí el salmista nos presenta un bello cuadro envuelto en un solo paquete. En el versículo 15, tenemos el contenido más importante que es la muerte de los santos. Esto va envuelto con el cumplimiento de nuestros votos delante de Dios y los hombres. Finalmente, en el versículo 18, el paquete va adornado con una nueva confirmación del cumplimiento de nuestros votos.
Son los votos cumplidos lo que hace precioso este paquete. Por su lealtad a Dios, el salmista podía decir que la muerte es preciosa. ¿Cómo podrán enfrentar la muerte los que no son fieles a sus votos? ¿Estarán preparados para enfrentar la muerte los que no cumplen con sus votos? ¿No sería más apropiado preguntarnos si aun estén preparados para vivir? Me pregunto si aun saben lo que es vivir.


Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 8 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

domingo 1 de noviembre de 2009

LA BASE BIBLICA DE LA NO RESISTENCIA

LA BASE BIBLICA DE LA NO RESISTENCIA

Merle Ruth


Nota de la redacción:
El término “no resistencia” viene del versículo en Mateo 5:39: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. Este término refleja bien el significado que nuestro Señor Jesús quería dar en este pasaje. La no resistencia es no devolver un mal cuando otro nos trata mal. De ninguna manera nosotros los seguidores de Cristo, debemos tomar represalias contra los que nos hacen algún mal. En este artículo, al emplear extensivamente este término, estamos investigando lo que Jesús enseña en Mateo

Vivimos en un mundo sacudido por los conflictos. No tenemos otras opciones.
¿Dónde más pudiéramos vivir? De norte a sur y de este a oeste, la plaga de los conflictos está en todas partes. Es por eso que resulta necesaria la práctica de la no resistencia.
La no resistencia no era necesaria en el huerto del Edén. Tampoco será necesaria en el cielo. Pero en esta etapa de la historia, tenemos que vivir en un mundo caído, habitado por muchos que no conocen el camino de paz (Romanos 3:17).

El origen de los conflictos y su Propagación

El capítulo tres de Génesis nos cuenta de cómo el hombre estropeó la relación hermosa que tenía con Dios. Fue el primer conflicto del hombre con Dios. Esto nos lleva a Génesis 4 donde encontramos el relato del primer conflicto del hombre con otro hombre: la muerte de Abel a manos de Caín. Pero antes de este hecho, Adán y Eva ya habían cometido su primer acto de desobediencia contra Dios y Adán dio inicio la costumbre de echarle la culpa a la esposa. De esta secuencia de hechos podemos aprender que los conflictos entre las personas son el resultado inevitable de una relación rota entre el hombre y Dios.
Después de la caída de Adán y Eva, no pasó mucho tiempo hasta que el espíritu de contienda se implantó en la naturaleza caída del ser humano. Si uno escoje hacer las cosas a su manera sin importarle lo que dice Dios (Isaías 53:6), pues tampoco le va a importar lo que diga su prójimo. Una sociedad en la que cada persona quiere hacer las cosas de su propia manera egoísta, está destinada a sufrir muchos conflictos, tanto entre individuos como entre grupos. Ésta es la razón fundamental por la que resultan las grandes guerras. El hecho es que existe en nuestra sociedad un elemento de conflictos. Por eso ha sido necesario que Dios le pida a su pueblo que sea no resistente. Un pueblo no resistente puede parecer extraño en medio de una sociedad plagada de conflictos.

La introducción de leyes.

Después del diluvio, para que la tierra no volviera a llenarse rápidamente de violencia (Génesis 6:13), Dios introdujo leyes sobre la violencia. Dios le dijo a Noé: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6). Posiblemente fue en este momento que Dios introdujo el principio del gobierno civil. En todo caso, vemos claramente que este manda miento fue dado con el fin de prevenir el crimen. Ahora, el agresor no quedaría libre como quedó Caín.
Las palabras en la conclusión de este mandamiento subrayan lo sagrado de la vida humana: “Porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. Con estas palabras Dios te dice: “Detente y recapacita”. Con estas palabras te está diciendo: “Esa persona a que piensas hacerle daño es hechura mía y tiene mi semejanza”.
Después que Dios escogió para sí un pueblo, él le dio leyes. Algunas de las leyes eran de naturaleza civil, porque Dios sabía que su pueblo continuaría con una mentalidad carnal dada a los conflictos. En los diez mandamientos se prohibió el asesinato (Éxodo 20:13). Además, se prohibió la venganza personal y se restringió la venganza legal para ser ejecutada justamente, y únicamente por un daño que la ameritara (Levítico 24:20).

El ideal de Dios.

El propósito final de Dios siempre ha sido la restauración espiritual del hombre. El ideal de Dios, en lo que se refiere a relaciones humanas, es representado en estas palabras: “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte” (Isaías 11:9). Sin embargo, para que pudiera realizarse este ideal era necesario que primero llegara una nueva etapa en el plan de Dios. Por lo tanto, el Antiguo Testamento fue una era durante la cual Dios se valió grandemente de leyes de conducta.
Y, por el hecho de que la mayoría de personas todavía escoge vivir en un estado caído, sigue la necesidad de aplicar leyes restrictivas basadas sobre las leyes que se dieron a Israel.

¿Cómo se relaciona todo esto conmigo?

Esto tiene una relación muy directa conmigo, porque hay consecuencias inevitables ligadas a mi vida con sólo el hecho de que vivo en este mundo. En mi vida al igual que en la vida de cualquier otro, habrá ocasiones en las que otros se aprovecharán de mí y me maltratarán o me acusarán falsamente. En una ocasión u otra, terminaré con ser el blanco de los celos o del odio de otro. Además, si yo soy cristiano, eso en sí traerá sobre mí sufrimiento adicional.
Porque, si yo llevo una vida limpia, seré causa de molestia para los pecadores a mi alrededor. De antemano Jesús advirtió a sus discípulos sobre lo que les tocaría.
“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Juan 15:18).
¿Dónde puedo aprender cómo responder ante los maltratos?
“¿Hay palabra de Jehová?” (Jeremías 37:17). ¡Claro que sí! En repetidas ocasiones, de los labios de los hombres más santos que han vivido, han salido las palabras: “Así dice el Señor...”. Bajo la dirección de Dios, la Palabra hablada que
Dios quiso preservar llegó a ser la Palabra escrita de Dios.
Este proceso, conocido como la revelación divina, es de índole progresivo. A medida “que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21), más y más de la voluntad y del plan de Dios se iba revelando al hombre. Hebreos 1:1-2 destaca la culminación de este proceso: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”. Durante el ministerio de Cristo, el proceso de revelación divina se aceleró como nunca antes. Pero todavía el proceso no fue completado. Antes de su regreso al cielo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar” (Juan 16:12). Cuando el Espíritu Santo vino a la tierra el día de Pentecostés, empezó a enseñar aquellas “muchas cosas”.
Bajo su dirección, las enseñanzas del Nuevo Testamento llegaron a tomar forma. Esto nos aclara porqué Pablo pudo hacer la declaración que encontramos en 1 Corintios 14:37: “Lo que os escribo son mandamientos del Señor”.
Ahora tenemos la respuesta a la pregunta que estamos tratando. La Biblia es la autoridad final y la más alta según la cual viven los cristianos. En ella todo el que busque con sinceridad podrá enterarse de cómo quiere Dios que responda a los que le han ofendido.


Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 4 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

sábado 31 de octubre de 2009

Amar a los enemigos

Amar a los enemigos

Duane Nisly



¿Has escuchado alguna vez? “¡Espero que les llegue la justicia algún día!” “¡Ojalá los prendan!” “¡Van a pagar por lo que hicieron!” Sí, estas expresiones y muchas más se oyen cuando alguien sufre un daño, un robo, o aun un asalto. Ésta es la reacción de la mayoría de la gente en el mundo hoy en día, y aun de llamados cristianos. ¿Será que no han leído las enseñanzas de Jesús en el Nuevo Testamento? ¿Será que no han escuchado de los testimonios de los cristianos del antaño que estuvieron dispuestos a sufrir daños por el nombre de Jesús y devolver el bien por el mal?
Yo tengo un cuñado cuya familia ha sufrido serios daños y muchas amenazas a manos de los asaltantes. El lema de él siempre ha sido devolver el bien por el mal. Vez tras vez, él aprovechó las oportunidades para testificarles a estos hombres del gran amor de Dios. ¿Cuántos hombres recibieron un toque del amor divino que no hubieran conocido si no hubiese sido por un hermano que estuvo dispuesto a poner por obra el plan de Dios en cuanto al trato de los enemigos?
Hay otros hermanos en la fe que también han pasado por experiencias muy difíciles en que han tenido la oportunidad de devolver el bien por el mal. Duele pensar en el sufrimiento que estos hermanos han pasado, pero qué bendición el saber que han podido demostrar la ley del amor divino; la ley que no reclama sus derechos sino que devuelve bien por mal. En este número y el que sigue, queremos analizar el tema de cómo tratar a nuestros enemigos según nos enseña Jesús. El camino de Jesús no es fácil. Tampoco es popular ni muy bien aceptado. Pero Jesús dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24).
Tal vez no hemos sido puestos a prueba como algunos hermanos. Pero ¿cómo reaccionamos cuando alguien nos ofende o cuando pensamos que se está violando nuestros “derechos”? ¿Podemos nosotros reaccionar de la manera que prescribió Jesús para sus seguidores? O ¿será que también nosotros estamos siguiendo la corriente del mundo, exigiendo que respeten nuestros derechos? Eso es de esperar en el mundo, pero para el cristiano debe ser muy distinto.
Estimado lector, te animo a considerar seriamente lo que Jesús pide de ti como seguidor de él. El camino no es fácil pero Jesús va con nosotros.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 2 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

jueves 29 de octubre de 2009

EL BUEN SAMARITANO DEL BUS

EL BUEN SAMARITANO DEL BUS

Por Jessica Preza.


Era un día común y corriente rumbo a mi trabajo. Como siempre tomé el bus, pues, son varias horas de camino hasta el almacén donde trabajo. El rumbo era normal hasta que hizo una estación y de repente se oyó un golpe en seco al fondo del bus que llamó la atención de todos.

Volví a ver alerta y un anciano estaba tirado en el piso del bus, al parecer se había caído cuando el bus se detuvo y, al parecer tenía alguna discapacidad. La reacción de la gente me sorprendió, ¡Dios nadie movió un dedo por levantarlo!

Con gran esfuerzo, un señor mayor que estaba lastimado de un brazo intentó ayudarlo, Quise acercarme, pero, enseguida me di cuenta que no podía hacer nada por él desde donde estaba.

Pienso lo siguiente: Pobre samaritano, el señor del brazo lastimado que intentaba levantar al anciano pedía ayuda para levantar al anciano del suelo. Todos los hombres parecían indiferentes. En todo esto, ya yo había podido llegar cerca, pero, el movimiento del bus y el peso del anciano impedían que entre el señor y yo lo levantáramos. Traté y después de unos minutos de querer levantarlo y no poder otros dos hombres mayores lo levantaron (Hombres mayores).

Así que una mujer, un hombre lisiado y dos mayores de edad eran los únicos que se interesaban por la tragedia trasera del bus y los jóvenes, que eran la mayoría, parecían indiferentes.

Que triste, había mucha gente joven, que sólo miró y no sintió el más mínimo sentimiento de compasión.

La pregunta es: ¿Hasta dónde hemos llegado y hasta dónde llegaremos los seres humanos? Nos quedamos pensando que el amor es tomarse de la mano, darse expresiones físicas de afecto, sexo, dar regalos y esperar recibirlos por haberlos dados.

¡Cuánto egoísmo podemos guardar en nuestro corazón!¡Cuánto desamor y maldad podemos causar a otros con el hecho de no intentar siquiera ayudar a otros!

Hasta las mismas leyes te enseñan a no ser bondadoso. En algunos países si tocas a alguien o si ese alguien se lastima más porque tú lo quisiste ayudar te pueden demandar, sí, demandar por haberlo ayudado

Que mal estamos, pero, no nos olvidemos que la ley más grande es la Palabra de Dios que dice: “Ama a Dios por sobre todo y a tu prójimo como a ti mismo.”

Por eso Pablo mencionó en alguna de sus cartas que aquel que pudiendo hacer bien y no lo hace se les tomado como pecado.

Dios nos ayude.

Finalmente, debo decir que la única manera de volver a sentir amor y compasión es arrepintiéndonos de nuestras maldades y pidiéndole perdón a Jesús sólo de esa manera podemos cambiar y nunca olvidar que sembramos lo que queremos cosechar y si algún día llegamos a necesitar ayuda de otros es mejor brindarla desinteresadamente hoy.

EL ALCOHOL; LO QUE QUITA

EL ALCOHOL; LO QUE QUITA

Ecos de Santidad

El alcohol quita las manchas a la ropa. Pero eso no es lo único que el alcohol quita. El alcohol también quita la ropa. Por extraño que parezca, el alcohol no sólo hará esto al hombre que lo beba, sino que también a aquellos por quienes él tiene responsabilidad. El alcohol quita al hombre la ropa que lleva puesta. Quitará a la mujer sufrida la ropa que ella lleva puesta también. Hasta a los pobres niños del hombre que se encuentre metido en el alcoholismo les quitará la ropa también.
El alcohol quita la sonrisa al rostro de las madres y esposas. También quita la sonrisa de los padres y maridos. Quita la risa de los niños inocentes.
Le quita hasta la alegría durante la hora de jugar. El alcohol quita el calor al hogar. Se vuelve en un lugar frío y poco agradable.
En cuanto a lo que quita, el alcohol no tiene igual. Quita casas limpias y deja el desorden. Quita la plenitud y deja la pobreza. Quita la honestidad y deja la vergüenza. Quita el honor y deja la humillación. Quita la dignidad personal y deja la aflicción. El alcohol no solamente quita algunas manchas a la ropa; también crea
otras. Puede manchar repentinamente una reputación. Y peor que eso, puede manchar y deformar el carácter. Puede echar a perder el porvenir brillante de cualquier hombre o mujer que se entrega a él. Y al fin puede arruinar a la persona que se encuentra atrapada en sus redes engañosas.
El alcohol puede marcar al hombre para toda la vida con su mancha maldita y puede quitar del ser humano, sea pequeño o sea grande, todo lo que hace la vida digna y lo que vale la pena.
Pero eso aún no es lo peor que le puede pasar a un hombre. El verdadero mal es que el alcohol borrará el nombre del hombre del Libro de la vida.
Quitará de su corazón toda esperanza de alcanzar un compañerismo con Dios y los hombres santos, tanto ahora como en la eternidad en los cielos. “No erréis; ni los fornicarios… ni los ladrones… ni los borrachos… heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). Hay un
antídoto para este veneno que quita todo lo que es bueno. Ese antídoto es la fe en Jesucristo. Hasta el más desesperanzado alcohólico puede confiar en él para obtener la salvación. Cristo no solamente perdona al culpable, sino también purifica el corazón de toda iniquidad. “El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio. Al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor” (Proverbios 20:1 y 23:32).

Adaptado por Urie A. Bender, Tomado de: Ecos de Santidad. Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 3o. Usado con los permisos correspondientes.

miércoles 28 de octubre de 2009

OYE, HIJA MÍA

OYE, HIJA MÍA

Ecos de Santidad.

“Oye, hijo mío, y sé sabio…” (Proverbios 23:19)

Un día una señorita regresó a su casa muy molesta. Le contó a su madre que un joven irrespetuoso le había insultado en la calle. Al escucharla, la madre también se molestó y juntas dispusieron a contárselo a su padre y suplicarle que buscara al joven para reprenderlo. Pero el padre le dijo: “Hija, tú no eres una muchacha inmoral, pero te suplico que me dejes decirte algo que te ayudará a comprender lo que ha sucedido.
“Eres una joven muy atractiva, y tu modo de vestir revela todo el encanto de tu rostro y tu cuerpo. Tus brazos están desnudos casi hasta los hombros; tu blusa es tan escotada que se permite ver una parte de tus hombros y pecho. Tu falda es muy corta y bien ajustada y tus medias son transparentes. Tus piernas se dejan ver hasta la rodilla. Tu vestido es tallado de manera que se puede ver la forma de tu cuerpo. Saliste a la calle con tus compañeras y al encontrarte con aquel joven, probablemente ibas de modo despreocupado y frívolo.
“Ese joven seguramente te evaluó por la manera en que te vestías y por tu comportamiento. Yo siento mucho todo lo que te sucedió, pero tengo que decirte, hija mía, que tú eres tan culpable como él.”
“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Proverbios 1:8).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 29. Usado con los permisos correspondientes.

martes 27 de octubre de 2009

SEPARADOS DEL MUNDO, UNIDOS A DIOS.

SEPARADOS DEL MUNDO, UNIDOS A DIOS.

Daniel Bontrager

“…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15)
“Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles…” (1 Pedro 2:12)

La Biblia nos enseña la importancia de conducirnos de tal manera que reflejemos el carácter de Jesús a los de nuestro alrededor. En estos versículos en Pedro, él usa la expresión “manera de vivir” para explicar esto. En 1 Pedro 3:16 él usa la frase “buena conducta”. En Filipenses 1:27 Pablo usa un derivado de la palabra comportamiento. En este tema queremos ver varios aspectos de esto en la vida personal. Queremos enfocar la conducta, el hablar, y el atavío.

LA CONDUCTA

Lo que distingue al pueblo de Dios del mundo es su manera de vivir y también el motivo de sus hechos. Los cristianos tienen como fuente de sus motivos la Palabra de Dios y lo que él pide de ellos. Los que no son creyentes reciben su dirección de su padre, el diablo. El resultado de los dos es muy diferente.
La persona no entregada a Dios puede vivir una vida más o menos buena. Pero Dios puede escudriñar los motivos y bien sabe cómo es el corazón. Además, tal persona no siempre va a poder vivir en santidad, porque cuando llega la hora de la prueba o la tentación, él actuará muchas veces conforme a su naturaleza carnal. Jesús vino a poner el hacha a la raíz del problema humano, nuestra naturaleza pecaminosa. Él vino para separarnos de los motivos engañosos y para darnos la vida espiritual que necesitamos para poder servirle a Dios de todo corazón. Esta vida espiritual incluye todo aspecto de la vida, lo externo como también lo interno. Estos dos aspectos no se pueden separar.

EL HABLAR

Mientras que el mundo está prosiguiendo lo que a la carne le agrada, el hijo de Dios procura servir al Señor Jesús. En lugar del egoísmo, él generosamente busca el bien de su prójimo y cómo él puede servir a los demás. Deja los vicios y se dedica a la santidad. El mundo se extraña de que él no siga en lo que antes supuestamente le traía tanta alegría (1 Pedro 4:4).
Su manera de hablar también cambia y en vez de usar la lengua para mentir, chismear, criticar al prójimo, contar chistes, usar en vano el nombre de Dios, o cantar canciones mundanas, se oyen “lenguas nuevas” de él. Por la inspiración del Espíritu Santo, la boca ofrece alabanzas a Dios, ánimo a los demás, salvación a los pecadores, y consejo para los débiles. El cristiano verdadero no miente aun en tiempos de “aprietos” y habla solamente la verdad porque Dios es verdad. Tampoco usa descuidadamente el nombre de Dios en exclamaciones como “Dios mío” o “ay, Dios” porque es abominación y Dios no da por inocente al que lo hace. El hablar es tan importante que la Biblia dice que seremos justificados o condenados por nuestras palabras (Mateo 12:37).

EL ATAVÍO.

El atavío también demuestra lo que hay en el corazón. Muchas veces uno se dirige por el orgullo y se viste para atraer atención a sí mismo. El humilde hijo de Dios busca glorificar a su Padre en lugar de buscar atención para sí mismo. El propósito del vestido es el de cubrir la vergüenza de la desnudez que vino a causa del pecado que Adán y Eva cometieron en el huerto de Edén. No es para llamar la atención a uno mismo. La Palabra de Dios nos da los siguientes principios que se deben aplicar al atavío en la iglesia de Dios:
1. El cristiano debe vestir ropa decorosa y modesta (1 Timoteo 2:9). Debe cubrir bien el cuerpo y no atraer la atención hacia su cuerpo ni a la ropa misma por su color o estilo.
2. No debe ser costoso (1 Timoteo 2:9). Debemos recordar que somos mayordomos de lo que Dios nos ha prestado. La ropa cara o aun la que tiene apariencia de ser costosa no es para el cristiano. Sí es importante pensar en la mayordomía cuando compramos ropa y debemos considerar algo que dure pero debemos tener cuidado con la apariencia.
3. La ropa debe hacer distinción entre los sexos (Deuteronomio 22:5). Dios dijo que el que se viste con ropa del otro sexo hace abominación.
4. La ropa debe agradar a Dios y no a los hombres. Todas las modas tienen su origen en el mundo. Las modas buscan agradar a los hombres. El que ama las cosas del mundo no tiene el amor de Dios dentro de sí (1 Juan 2:15). Esto incluye toda clase de adornos y joyería o alhajas como los anillos, los aretes, los brazaletes, y otras cosas más (1 Pedro 3:3-4; Isaías 3:16-26). El que tiene la mirada puesta en las cosas de arriba no buscará sus placeres en las diversiones mundanas ni participa en lo que le agrada al mundo. Él evita lo que puede manchar su relación con Dios. Más bien, el creyente buscará la manera de evitar lo que tiene apariencia de lo malo (1
Tesalonicenses 5:22). A veces esto incluye cosas que en sí mismas no son malas pero pueden llevarlo a la tentación.
Un buen ejercicio espiritual sería hacernos la pregunta: ¿Estamos haciendo todo lo que hacemos para la gloria de Dios? El que ama de verdad a Dios,dará su voluntad y querrá honrarle en todo lo que hace (1 Corintios 10:31).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 27. Usado con los permisos correspondientes.

lunes 26 de octubre de 2009

LA SORPRESA DE FRANKLIN

LA SORPRESA DE FRANKLIN

Juvenile Pleasure

Franklin se había levantado de muy mal humor. Su hermano lo había despertado en medio de un emocionante sueño. Ya sacaba un hermoso pez del agua cuando escuchó el grito de su hermano: “¡Levántate, Franklin!” El pez cayó de nuevo al agua. Franklin abrió los ojos. Tenía que levantarse. —No sé por qué me mandan a sacar mala hierba de esa huerta vieja —se quejó mientras desayunaba—. Leo y yo teníamos planes de ir a pescar. —¿Por qué no buscas lombrices mientras sacas la mala hierba? En la tarde pueden ir a pescar —le dijo su papá.
—¡Bueno, pero yo quería ir ya! —Franklin —le dijo su papá con firmeza—, ¿no te da vergüenza? ¡Piensa en todos aquellos niños que pasan hambre por falta de comida! Y si cada uno de nosotros no cumple con su parte, quizá nosotros también llegamos a padecer hambre.
Franklin trabajó tan bien esa mañana que al mediodía ya había terminado su trabajo de sacar la mala hierba. Y en una vieja lata se movían y se retorcían más de doce lombrices grandes. Ya tenía todo listo para acompañar a Leo apenas hubiera almorzado.
Franklin se alegró al ver a su abuela cuando entró en la casa. Ella siempre le traía algo cuando llegaba. Pero hoy no había ningún regalito. Su abuela lo saludó:
—¡Hola, Franklin! Yo vine para preguntarte si tú no quisieras ir a ayudarme a sacar la mala hierba de mi huerta esta tarde.
Franklin parpadeaba rápidamente. Amaba mucho a su abuela, pero también le gustaba bastante la pesca. Además, había trabajado toda la mañana.
Pero luego se acordó de todas las buenas cositas que hacía su abuela por él. Él le sonrió y dijo:
—Sí,
Abuelita. Había pensado pescar esta tarde, pero bien puedo esperar hasta más tarde.
Apenas había empezado con su tarea de sacar la mala hierba cuando pasó Leo. Él llamó:
—¡Franklin, corra! Su abuela no se dará cuenta. Ella está tomando la siesta.
—Cuánto me gustaría ir a pescar, Leo. Pero aunque Abuelita no me vea, Dios sí me ve. —Y Franklin comenzó a sacar la mala hierba rápidamente para que Leo no viera las lágrimas que le salían de los ojos.
Varias veces aquella tarde, cuando estaba cansado y con calor, Franklin deseaba darse una vueltita hasta el riachuelo donde Leo estaba pescando. Pero se acordó de la lección que le habían dado en la escuela dominical el domingo pasado: “Los ojos de Jehová están en todo lugar”.
Franklin estaba muy cansado esa noche cuando se sentó a la mesa para comer la deliciosa comida que había preparado su mamá. Casi cabeceaba mientras se comía las últimas migajas de su pastel, cuando alguien tocó a la puerta.
Casi se le desorbitaron los ojos cuando escuchó: —¿Habrá por aquí un muchachito de nueve años que me quisiera ayudar?
Franklin no pudo decir nada. Estaba demasiado cansado para trabajar más. El señor Hill siguió:
—Yo busco a un muchachito, uno que sabe obedecer. ¿Sabe dónde puedo hallar a tal muchacho, señor Browning?
El señor Browning le sonrió a su hijito. —Yo creo que se refiere a Franklin. Él sabe obedecer. Dos veces hoy quiso ir a pescar. Y las dos veces hizo un trabajo de sacar mala hierba en lugar de pescar. Franklin se alegró al escuchar las palabras de su papá. —Señor Hill, ¿en qué quiere que le ayude? Ahora no me siento tan cansado.
El señor Hill se sonrió al ver la ansiosa cara de Franklin.
—Yo busco a un muchachito que me acompañe a un viaje de pesca. Yo pienso pasar varios días en el Lago Long. Para mí me sería un placer que me acompañara un buen muchachito. Es decir, si tienes tiempo.
—Por supuesto que sí. Terminé todos mis trabajos hoy. Qué bueno que recordara que Dios todo lo ve.
“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (Lucas 16:10). Franklin entendió que la fidelidad en las cosas necesarias trae recompensa. Su conciencia le dictaba buenas cosas porque él era fiel en su trabajo. Esto le ayudó a disfrutar de su recompensa. La fidelidad trae recompensa.
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 32. Usado con los permisos correspondientes.

sábado 24 de octubre de 2009

EL LIDER DEBE ACERCARSE A LOS MÁS PERDIDOS.

EL LIDER DEBE ACERCARSE A LOS MÁS PERDIDOS.

Henry Preza

La razón por la que la iglesia no crece ni tiene conversiones es que ha perdido el enfoque a favor de los perdidos. La iglesia no logrará su objetivo si presenta el evangelio a los sanos. Jesús dijo, los sanos no tienen necesidad de médico, son los enfermos. Veamos algunos consejos para tomar en cuenta en el sistema celular.

1. No busque hermanos, busque a los más perdidos: Existen líderes que tienen la costumbre de invitar hermanos de otras congregaciones. Aunque esto no es del todo malo, muchas veces estas células no tienen crecimiento, aunque tengan grandes asistencias, pues, sus miembros son todos convertidos, que toman la célula como un paseo. El líder busca hermanos porque tiene miedo de evangelizar a los perdidos, cree que lo rechazaran y se olvida del poder de Dios. Pero, el líder debe centrarse en buscar al borracho, a la prostituta, al pandillero, al ladrón, al que tiene su familia desintegrada, al que tiene problemas económicos. Ellos son los que necesitan de Jesús. Cuando busquemos éste tipo de gente Dios los comenzará a transformar y, entonces, tendremos, un vivero lleno de hombres y mujeres dispuestas a servir a Dios igualmente, pues, Dios ha transformado sus vidas.
2. No se sienta superior a ellos: Cuando se enfoque en los más necesitados espiritualmente no se acerque a ellos como sintiéndose superior o más espiritual. Recuerde de donde lo sacó el Señor y acuérdese de Cristo. Hábleles con la pasión de Jesús, no crea que usted es mejor o mayor, pues, todos somos almas necesitadas ante Dios. En lugar de sentirse superior sea el siervo de ellos, esté dispuesto a morir por ellos, entregue su vida al servicio desinteresado hacia esas personas. No los deje en paz, no los vea como números solamente, sino como personas especiales ante Dios, dignas del amor del Padre y la muerte del Hijo.
3. Mostrando el amor de Dios: Así como Dios es amor, usted también ame sin condición. El amor es sufrido, benigno, sin envidia ni rencor, que no busca lo suyo y que todo lo soporta. Mientras más el líder de célula puede mostrar ese testimonio de Cristo, ese amor incondicional, más anhelarán de ese amor y buscarán a aquél que puso ese amor en usted. La gente pecadora está angustiada, pide y suplica internamente, se sienten solos e infelices, son muchas veces distantes y amargados porque suplican un poco de amor y están encadenados y presos del orgullo. Amelos, búsquelos, téngales paciencia, esto marcara la diferencia entre las almas que se pierden sin Dios y aquellas que abrazan a Cristo.

Jesús vivió en medio de los más perdidos y pecadores. No se dio por vencido. Llevó su amor hasta las últimas consecuencias. Comía con pecadores y prostitutas, también con ladrones y homicidas, se relacionaba con gente educada e ignorante, igual que nosotros, por eso, nuestro sistema celular no debe ser un sistema a favor de los ricos o los educados sino a favor de los perdidos y necesitados. No debemos encerrarnos en cuatro paredes como ermitaños, debemos salir a las calles a buscar las almas sedientas de Dios.

Que mejor forma que a través del sistema celular.

jueves 22 de octubre de 2009

DISPUESTOS A SER MÁRTIRES EN EL LIDERAZGO CELULAR.

DISPUESTOS A SER MÁRTIRES EN EL LIDERAZGO CELULAR.

Henry Preza.

La célula estaba constituida de cinco hermanos, el líder llamado Juan González, su esposa Maritza, su hijo José de cinco años, la madre del líder, llamada Liliana y el anfitrión y su esposa, la familia Martínez.

Juan González era un líder de células, siempre fue un líder atrevido a todo por la causa de Cristo. Él decía que Cristo Jesús era la solución para los problemas de los hombres. Su vida convenció al pastor que él sería el mejor líder para la zona más conflictiva que tenía a cargo, una zona llena de pandillas y delincuentes.

Juan González no mostró ni un ápice de temor para tomar esa reunión; él vivía apenas a unos doscientos metros de la colonia, en una zona residencial, llena de vigilancia y con muros alrededor; él era contador de profesión y su esposa era doctora. Su hijo José acababa de cumplir cinco años.

Durante toda la semana él se dedicó, junto a su esposa y demás hermanos, a tener contacto con los vecinos por lo menos media hora cada día.

Maritza evangelizó a una señora de unos cuarenta años, aunque parecía de unos 60 años, pues, sus arrugas en la cara y su forma de mirar reflejaban que era víctima del dolor y la angustia. Pronto, Maritza logró llevarla a la célula. El nombre de ésta señora era Roselia. Por su parte, Juan logró llevar a un grupo de niños y una pareja de jóvenes a la reunión.

El secreto de Roselia era que sus hijos eran todos pandilleros y personas muy temidas en la colonia. A algunos de ellos Juan los evangelizaba constantemente y les hablaba de Cristo. No obstante, ellos se mostraban indiferentes y tenían un odio, y envidia muy marcado contra Juan.

Juan los visitaba, oraba por ellos y hasta ayudó a uno de ellos cuando fue herido en un enfrentamiento. Sin embargo, todo esto no causó ninguna conmoción en ellos.

Los pandilleros comenzaron a notar todo lo que Juan hacía, tomaron nota de donde vivía, su trabajo, hicieron cálculos y llegaron a la conclusión que las comodidades de Juan podían ser aprovechadas por ellos. Lo comenzaron a controlar en sus días de pago, aprendieron cuando él no andaba en su vehiculo que era los sábados y domingos, y lo controlaron en sus visitas a hermanos. Comenzaron a mostrarle amistad e interés por Cristo, pero, lo hacían nada más para conocer más su vida y concretar algún plan malvado.

Cierto día, Juan venía sólo de la iglesia en su vehiculo cuando los hijos de Roselia lo detuvieron y le dijeron que necesitaban ir a visitar a un amigo que urgía de las oraciones de Juan. Cuando iban de camino uno de los hijos de Roselia sacó un arma y le dijo a Juan que querían asaltar una tienda y que él tendría que esperarlos en el carro mientras ellos asaltaban.

Juan se resistió y les explicó que él como cristiano no podía participar de un asalto y se rehusó a seguir manejando. Los pandilleros comenzaron a amenazarlo y a obligarlo. Finalmente, Juan les dijo que se llevaran el vehiculo, que a él no le interesaba que se lo quitaran y que lo dejaran bajar, y no habría ningún problema para ellos.

Juan se bajó del vehiculo y comenzó a caminar hacia su casa. Los pandilleros dieron la vuelta y le dieron ocho disparos que le causaron una muerte instantánea. El vehiculo apareció quemado en un barranco dos semanas después y nadie tenía ninguna pista de quien sería el asesino o los asesinos.

Mientras tanto el dolor invadió a los hermanos de la iglesia. Todos comenzaron a orar por la familia doliente y la célula estaba de luto. No obstante, apenas una semana después la célula seguía viva y la esposa de Juan era hoy la líder de célula. En medio del dolor siguieron sirviendo a Dios, invitando a los pandilleros, invitando a Roselia y predicando el evangelio. La célula seguía tratando con el amor de Dios a sus vecinos ignorando que evangelizaban a los asesinos del líder de su célula. Hasta ese momento nadie sabía que él era un mártir, ni sabían las condiciones de su muerte.

Mientras los días pasaban el remordimiento crecía en los hijos de Roselia hasta que no pusieron resistir y le contaron lo que había sucedido. El remordimiento de haber matado ha aquél que los había tratado como hijos, los convenció, que tenían que decirle a su madre lo acontecido.

Ese mismo sábado por primera vez asistieron todos juntos a la célula familiar. Cuando la reunión había terminado y los demás invitados se habían ido les pidieron a todos los hermanos que se quedaran, pues, necesitaban decir algo.

Roselia hizo el relato de todo lo sucedido y terminó, lágrimas corrían en sus ojos y en todos los presentes. En ese momento Roselia sintió que todos descargarían su odio sobre ellos y que ellos irían a la cárcel, pero, por su remordimiento estaban dispuestos a hacerlo.

Cuando el relato había terminado Maritza les dijo:

-Ustedes le hicieron mucho mal a mi familia, mataron a mi esposo y padre de nuestro único hijo, hicieron la maldad y merecen castigo. Sin embargo, eso sería menospreciar la sangre de mi esposo que murió deseando que ustedes tuvieran la vida. Yo les perdonó y espero que lo que me han contado se lo digan a Dios y le pidan perdón a él, pues, mi esposo se fue, pero, no para siempre, pero, si ustedes no nacen de nuevo ¿Qué será de ustedes?

Esa misma noche Roselia y sus hijos se encontraban de rodillas suplicando perdón a Dios por sus pecados, conmovidos por el poder del perdón y el ejemplo de Cristo reflejado en esos creyentes. Años después Roselia vería a sus hijos predicando la Palabra de Dios como líderes de células. Aquel líder fallecido había sido una semilla que murió para dar origen a muchos frutos. ¡Gloria Dios!

¿Estaremos dispuestos a ser líderes que testifiquemos de Cristo estando dispuestos a llevar el mensaje y el ejemplo hasta las últimas consecuencias?

EL FUNDAMENTO DE LA VIRTUD FEMENINA.

EL FUNDAMENTO DE LA VIRTUD FEMENINA.

Lee Rufner

¿Qué es una mujer virtuosa? ¿Quién la puede hallar? Desde los tiempos antiguos la mente humana ha estado vacilando ante estas preguntas.
¿Por qué es de tan alta estima la mujer virtuosa? Ciertamente no es por su feminidad, ni por su atracción física, ni por ser una buena esposa y amiga. Muchas son las mujeres que tienen estas cualidades. La alta estima de la mujer virtuosa consiste en que es tan escasa, casi extinta.
Lamentablemente, muchas mujeres hoy se consideran virtuosas, pero en verdad no lo son. Nuestra sociedad se ha desviado muchísimo de la virtud bíblica y ha producido varias generaciones de mujeres con muy poco deseo de recobrar o enseñar las virtudes bíblicas. Por lo tanto, existen hoy muy pocas mujeres que sirven de ejemplo para las jovencitas.
Aunque Proverbios 31 describe muy bien la mujer virtuosa, su base se encuentra en otros principios bíblicos. ¿Cuál es el fundamento de la verdadera virtud? Primero tenemos que entender el propósito de Dios en crear a la mujer.
En Génesis 2:18 el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. “Ayuda idónea” significa una ayuda adecuada para el hombre. El hombre fue creado para los propósitos de Dios, pero la mujer fue creada para el hombre, cumpliendo así el propósito de Dios para ella. “Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón” (1 Corintios 11:9).
Cualquier “virtud” que no nace de este fundamento, no es virtud. Cualquier obra o ministerio de la mujer que no sea basado sobre este principio, distorsiona el propósito de Dios para ella. La mujer verdaderamente virtuosa hallará su cumplimiento en ayudar al hombre a cumplir con la responsabilidad que Dios le ha dado. Él le dio al hombre la responsabilidad de enseñorear sobre los animales y toda bestia (Génesis 1:26); después de la caída le dio la responsabilidad de enseñorear sobre su esposa: “…tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Génesis 3:16). También le dio al hombre la responsabilidad de gobernar bien su casa: “Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción…” (1 Timoteo 3:4).
Dios le ha encomendado al hombre una gran responsabilidad al darle la autoridad sobre la familia, en el trabajo, y en la iglesia. Los cambios del orden que se produjo en el siglo 20 con su énfasis en los derechos de la mujer, los derechos de los niños, y hasta los derechos de los animales, han dado un sentido muy negativo a la palabra autoridad, pero en el principio no era un término negativo. El hombre fue formado del polvo de la tierra, a la imagen y semejanza de Dios. Pero, como dice la Biblia, la mujer fue tomada del hombre; fue creada de la costilla del hombre, lo que también verifica su posición junto al hombre. Los propósitos de Dios para Eva en ser la ayuda idónea de Adán fueron una parte tan íntegra de su vida, que Adán dijo de ella: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne…”
(Génesis 2:23). Dios dio al hombre la responsabilidad de autoridad y dio la responsabilidad a la mujer de ser una ayuda adecuada para él. ¿Cómo puede ayudar la mujer? Otra vez volvamos a la base: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Dios vio que el hombre necesitaba algo para completar su estado y creó a la mujer. Ella complementa al varón. “Complementar” quiere decir agregar lo necesario a una cosa para completarla. El hombre solo no puede ser fructífero y multiplicarse (Génesis 1:28). El hombre no puede dar a luz hijos, ni tiene por naturaleza el don de desempeñar oficios domésticos. La mujer es el complemento adecuado para el hombre. Las Escrituras nos indican que la mujer debe ser cuidadosa de su casa (Tito 2:5), criar hijos, y gobernar su casa (1 Timoteo 5:14).
Es su deber añadirle a la vida del hombre aquellos campos de la vida que el hombre no puede cumplir por sí solo. Pero no es su deber dirigir en los campos donde el hombre debiera dirigir pero que falla en su liderazgo.
La mujer también debe embellecer y mejorar el valor y la eficacia del hombre. Éste es un aspecto en que muchas mujeres fallan, o bien rechazan. Ella debe fortalecer al hombre, no hacerlo sentirse cómodo en sus debilidades; aumentar la eficacia del hombre, no menospreciar sus esfuerzos; echar leña a su fuego, no encender otro a un lado; mejorar su canto, no cantar un canto propio; fortalecerlo, no llevar su carga; honrarlo, no desempeñar su propio ministerio, porque “la mujer es gloria del varón” (1 Corintios 11:7).
Estos pensamientos pueden ser causa de conflicto en algunas circunstancias. Si el esposo no es consecuente en dirigir el culto familiar, ¿qué debe hacer ella? Si no sabe dirigir bien sus finanzas, es poco dado a dar dirección, o es negligente en la disciplina de los niños, ¿cuál es el deber de la mujer? Tales circunstancias exigen un buen discernimiento de parte de la mujer. Exponerse ella y cumplir con los deberes del hombre muchas veces resulta en una “super mujer”, supuestamente virtuosa, que puede dirigir el hogar, disciplinar a los niños, ordeñar las vacas, manejar los detalles financieros, planear las actividades de la familia, economizar en sus compras, y posiblemente tener un pequeño negocio para ayudar con los ingresos de la familia. Mientras esta “mujer virtuosa” ejerce sus habilidades, su esposo se vuelve pasivo, incapaz de dirigir su hogar y cumplir con su responsabilidad dada por Dios, el de señorear.
Esto no quiere decir que la mujer nunca debe hacer los trabajos anteriormente mencionados. Es posible que ella tenga que hacerlos por un tiempo, mientras otras responsabilidades o debilidades impidan al hombre en cumplirlos, o si él lo exige de ella. Pero su meta y deseo principal es de tener un esposo cumplido. Ella cela la fuerza de su esposo y es pronta en dejar cualquier aspecto de liderazgo en preferencia por el suyo. Ella le ayuda a ser un líder con propósito y unción, un hombre que establece el orden, gobierna el ambiente, y provee dirección física y espiritual para su esposa e hijos; un hombre conocido en las puertas (Proverbios
31:23). La mujer firme y enérgica muchas veces hallará que su esposo es más tranquilo. Cuando ella insiste en su manera, debilita la fuerza de su esposo. En tal caso es muy fácil desanimar a su esposo en lugar de ayudarlo. Con el corazón de Cristo, debe animar a su esposo con sumisión, apoyo, y honra. Una mujer de virtud piadosa hallará su mayor contentamiento y recompensa eterna en guardar su casa y en complementar al hombre. ¡Ciertamente ella será alabada!

Tomado de: Keepers at Home. Lee Rufner, Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 23. Usado con los permisos correspondientes.

miércoles 21 de octubre de 2009

NO ESPERE A QUE SEA DEMASIADO TARDE.

NO ESPERE A QUE SEA DEMASIADO TARDE.

Ecos de Santidad.

Tomás Carlyle era un historiador escocés de fama mundial. Nació en el año 1795 y murió en el año 1881. Dejó muchas obras literarias famosas que hasta el día de hoy se leen y estudian mucho. Pero a pesar de su talento sobresaliente como escritor, era humano y como humano tenía sus equivocaciones.
Se casó con su secretaria, Juana Welsh, una señorita inteligente, atractiva, e hija de un médico rico, pero con ciertos problemas de carácter. Los esposos tenían sus riñas y malentendidos, pero a pesar de todo, se querían mucho.
Después de unos años de matrimonio, Juana se enfermó. Tomás estaba tan ocupado en su trabajo que durante mucho tiempo no le dio importancia a la enfermedad de su esposa y la dejó seguir su trabajo de costumbre. Ella padecía de un cáncer que se desarrolla lentamente, pero por fin se dio por vencida y cayó en cama. A pesar de que Tomás la quería mucho, por su trabajo arduo, raras veces halló tiempo para estar con ella.
Cuando Juana murió la llevaron a enterrar. El tiempo era muy malo. Llovió y se hizo mucho lodo. Después del entierro, Tomás regresó a la casa sintiendo gran pesar por la muerte de su esposa. Subió al dormitorio que ella había ocupado, se sentó en una silla junto a su cama, y se puso a pensar. Se acordaba que había pasado muy poco tiempo con ella y deseaba mucho tener la oportunidad de actuar diferente. Luego vio que sobre la mesa reposaba el diario de ella. Lo cogió y empezó a leer.
Mientras leía le sobrecogió una tristeza y un remordimiento sumamente grande. En una página leyó las siguientes palabras: “Ayer Tomás pasó una hora conmigo y por el gran amor que le tengo, me pareció que pasamos un rato en los mismos cielos”. Esto hizo que Tomás comprendiera aun más la gravedad de su error. Había estado tan ocupado en su trabajo que había dedicado poco tiempo a pensar en ella y a cuidarla.
Tomás le dio vuelta a la página y siguió leyendo. Las siguientes palabras le partieron el corazón de un solo: “He pasado el día entero deseando oír sus pasos en el corredor. Ya es muy tarde. Seguramente no vendrá a verme hoy.” Siguió leyendo y por fin cerró el libro y lo dejó caer. Salió corriendo de la casa, llorando. Sus amigos lo encontraron postrado sobre la sepultura con su rostro metido en el lodo. Sus ojos estaban enrojecidos de tanto llorar y repetía vez tras vez:
“Si tan sólo hubiera sabido. Si tan sólo hubiera sabido.” Pero ya era demasiado tarde. Ella se había ido. Después de la muerte de su esposa, Tomás hacía poco esfuerzo por escribir. Su biógrafo nos cuenta que vivió 15 años más, pero eran años de un hombre “cansado, aburrido, y solitario”. Cuento la historia esperando que quienes la lean no cometan el mismo error. Ciertamente nuestros amados necesitan del dinero que ganamos para vivir, pero es nuestro amor lo que ellos en realidad desean. Démoselo antes que sea tarde. “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos…”
(1 Tesalonicenses 3:12).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 1,12,13. Usado con los permisos correspondientes. Tomado de: Ecos de Santidad

martes 20 de octubre de 2009

LA SOLTERÍA.

LA SOLTERÍA.

INTRODUCCIÓN

El tema de la soltería no es el tema del que más hablan los jóvenes. Generalmente hablan más acerca del noviazgo y del matrimonio. Puede ser que esto se deba a que son más las personas que contraen el matrimonio que las que se quedan solteras, o tal vez sea porque casi todo joven desea el matrimonio. Lamentablemente estos factores muchas veces no han permitido que el tema de la soltería sea tratado debidamente. Aunque este capítulo es dedicado a los solteros, no se limita sólo a ellos. Los solteros tienen las mismas emociones y luchas que cualquier otro. Es importante que comprendamos mejor las luchas que pasan los solteros. Primero, queremos comprenderlos porque tienen el mismo valor que cualquier otro en la familia de Dios. Si queremos relacionarnos como hermanos, tenemos que llegar a comprender los sentimientos del soltero. Segundo, conforme vamos conociendo a los solteros, nos damos cuenta de que algunos de los problemas que ellos enfrentan son causados por personas desconsideradas. Livianamente pasan por alto la soltería como un “problema de ellos” y no buscan ayudarles a aliviar la carga adicional que viene con la vida soltera. Y tercero, es importante considerar el te a de la soltería en su totalidad para aprovechar a lo máximo los talentos y los recursos que ofrecen estas personas en la iglesia.

¿POR QUÉ ESTOY SOLTERO?

Insistir en saber el porqué de las cosas no siempre es provechoso, especialmente cuando lo hacemos con una actitud de enojo o disconformidad. Sin embargo, esta pregunta sí puede ser de provecho si se hace con sinceridad. Sin duda funcionamos mejor si nos entendemos a nosotros mismos. Con este fin, examinemos este tema más en detalle.
Lógicamente habrá muchas diferentes razones porqué las personas actúan de la manera en que actúan. Pero las razones por las que una persona queda soltera muchas veces son malentendidas. Están en juego muchas cosas, las cuales están fuera del control del implicado. Algunos son solteros porque ellos mismos lo han escogido. Para ellos generalmente el porqué es algo claro. Pero para muchos, la soltería es algo que no han escogido por sí mismos y en estos casos el porqué no es tan claro. Para el cristiano, Dios es soberano. Cuando el soltero cristiano está dispuesto al matrimonio pero se encuentra sin posibilidades del mismo, él se pregunta: “¿Es ésta la voluntad de Dios para mi vida?” Pero para muchos, una multitud de preguntas más turba sus pensamientos: ¿Por qué? ¿Qué hay de malo en mí? ¿Será que no estoy donde Dios me quiere tener? ¿Será que todavía no he encontrado a la persona correcta? Cuando llegamos a este punto, fácilmente perdemos la capacidad de pensar bien y dejamos que los sentimientos personales dominen nuestro ánimo. Como dice la autora del libro Woman Alone (La mujer sola): “Muchas veces lo que sentimos es tan fuerte que no nos permite ver la realidad”.
Si analizamos las preguntas anteriores, las posibles razones para la soltería se pueden clasificar en tres categorías: El carácter personal, la voluntad de Dios, y las circunstancias. Queremos examinar cada una más detalladamente.

El CARÁCTER PERSONAL

En la mente, relacionamos el matrimonio con el amor y la aceptación personal, y la soltería con el rechazo. Pero la realidad es que el matrimonio también puede traer odio y rechazo. En el corazón queremos ser aceptados, y pensamos que la aceptación siempre se encuentra en el matrimonio.
Cuando nos encontramos sin posibilidades de matrimonio, es fácil pensar que se debe a un rechazo de parte de los demás. Este complejo de sentirse rechazado puede ser destructivo. Puede dañar las relaciones con otros y agotar la vida espiritual. Puede dañar el espíritu y prácticamente destruir la personalidad.
El sentimiento del rechazo en el soltero puede mostrarse de diferentes formas. Puede manifestarse en cierto enojo para con las personas del otro sexo. Este enojo para con otros puede convertirse en enojo contra su propia persona.
Esto produce un sentimiento de fracaso personal, resultando en un estado de depresión. Por lo contrario, a veces hay un intento involuntario, de poner a prueba el amor de los demás. El que se siente rechazada tiende a querer probar que en verdad es rechazada por los demás, y por eso pone a prueba su amor por él. El sentimiento del rechazo también puede hacer que el soltero trate de probar una falsa capacidad de independencia y que no necesita de un compañero. Para dar esta impresión se dedica al trabajo, a los pasatiempos, a la educación, o a la recreación de un modo que dice: “Muchas gracias, soy capaz de vivir mi propia vida”.
A veces la persona se siente rechazada cuando en verdad no lo es. Pero sea verdadero o sólo un sentimiento, si la persona reacciona como acabamos de ver, resultará en un alejamiento de las personas que más le pudieran ayudar.
En general, la razón de estar soltero no es que la persona haya sido rechazada por todos los del otro sexo. Lo que sí tiene que ver mucho es el carácter y la personalidad de la persona, los cuales son fundamentales para la relación matrimonial como también para cualquier otra relación humana. Los jóvenes en busca del compañerismo deben siempre buscar a alguno de buen carácter y de una personalidad madura. Por lo contrario, deben evitar el compañerismo de personas que no tienen estas cualidades.
En todo caso, el que más tiene la autoridad de aprobar el carácter y darnos aceptación es Dios y no el novio o la novia. El soltero que se siente rechazado tiene que aprender de nuevo a abrir su vida a Dios.
Podemos aplicar lo que Pablo le escribió a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado” (2 Timoteo 2:15).
Reconocemos que no todos disciernen y escogen debidamente. Hay los que se harían un excelente compañero para el matrimonio pero nunca se casan. Por lo contrario, hay los que sin ninguna dificultad hallan un compañero de matrimonio pero resulta que no son buenos compañeros.
La realidad es que la vida soltera con la aprobación de Dios es mil veces más agradable que la vida matrimonial sin su aprobación.
Así que ¿hay algo falto en mí si todavía estoy soltero? Pudiera ser que sí; pero de la misma manera que pudiera haber algo falto en mí si estoy casado. Pero como vamos a ver más adelante, hay muchos otros factores que encierran el asunto y por eso cometemos un gran error en dar por sentado que la soltería es resultado de un fracaso personal.
Por otro lado, sería bueno evaluar nuestra vida de vez en cuando, no tanto para ver si estamos capacitados para el matrimonio, como para medir nuestro crecimiento personal, social, y espiritual. Pregúntese a sí mismo: ¿Estoy yo todavía desarrollando mi capacidad mental y mis talentos? ¿Soy yo cortés, considerado, y servicial en todas mis relaciones? ¿Tengo yo una profunda relación con Dios? ¿Veo yo los propósitos y caminos que él tiene para mi vida? Éstas son oportunidades de evaluar los campos débiles de nuestra vida y tratarlos de una manera constructiva.

LA VOLUNTAD DE DIOS

Un segundo factor que muchas veces vemos como causa de la soltería es la voluntad de Dios. El tema de la soberanía de Dios y cómo esto afecta nuestra vida es un tema demasiado grande para abarcarlo todo aquí. Sin embargo, es importante que tengamos un concepto correcto de Dios y su soberanía para poner toda nuestra vida en perspectiva. Las Escrituras revelan verdades, pero no siempre explican estas verdades. De las Escrituras, por ejemplo, sabemos que Dios es soberano:
“Nuestro Dios está en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3). Las Escrituras también revelan que hay pecado en el mundo y que las cosas no son como deben ser; hay dolor, hay luchas, hay malentendidos y engaños,
hay injusticia e iniquidad, hay tentaciones y maldad, hay tiempos difíciles, hay enfermedades y muerte. “Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios... No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno” (Salmo 53:2-3).
“…Viendo la prosperidad de los impíos” (Salmo 73:3). “Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra... tiempo y ocasión acontecen a todos” (Eclesiastés 10:7; 9:11). “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16). Las Escrituras también nos revelan que el hombre tiene libre albedrío. “...El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). “Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón” (Hebreos 3:9,10). ¿Cómo podemos conciliar la soberanía del Dios santo con toda la corrupción en el mundo y las decisiones malas que toma el hombre? Si es la voluntad de Dios que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4), ¿porqué no son salvos todos? ¿Por qué permite Dios que sucedan cosas en el mundo que no son correctas? ¿Gobierna él nuestro mundo y nuestra vida, o será que él nada más deja que sucedan las cosas en su curso natural? Éste es un campo teológico en el enojo contra su propia persona. Esto produce un sentimiento de fracaso personal, resultando en un estado de depresión. Por lo contrario, a veces hay un intento involuntario, de poner a prueba el amor de los demás. El que se siente rechazada tiende a querer probar que en verdad es rechazada por los demás, y por eso pone a prueba su amor por él. El sentimiento del rechazo también puede hacer que el soltero trate de probar una falsa capacidad de independencia y que no necesita de un compañero. Para dar esta impresión se dedica al trabajo, a los pasatiempos, a la educación, o a la recreación de un modo que dice: “Muchas gracias, soy capaz de vivir mi propia vida”.
A veces la persona se siente rechazada cuando en verdad no lo es. Pero sea verdadero o sólo un sentimiento, si la persona reacciona como acabamos de ver, resultará en un alejamiento de las personas que más le pudieran ayudar.
En general, la razón de estar soltero no es que la persona haya sido rechazada por todos los del otro sexo. Lo que sí tiene que ver mucho es el carácter y la personalidad de la persona, los cuales son fundamentales para la relación matrimonial como también para cualquier otra relación humana. Los jóvenes en busca del compañerismo deben siempre buscar a alguno de buen carácter y de una personalidad madura. Por lo contrario, deben evitar el compañerismo de personas que no tienen estas cualidades.
En todo caso, el que más tiene la autoridad de aprobar el carácter y darnos aceptación es Dios y no el novio o la novia. El soltero que se siente rechazado tiene que aprender de nuevo a abrir su vida a Dios.
Podemos aplicar lo que Pablo le escribió a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado” (2 Timoteo 2:15).
Reconocemos que no todos disciernen y escogen debidamente. Hay los que se harían un excelente compañero para el matrimonio pero nunca se casan. Por lo contrario, hay los que sin ninguna dificultad hallan un compañero de matrimonio pero resulta que no son buenos compañeros.
La realidad es que la vida soltera con la aprobación de Dios es mil veces más agradable que la vida matrimonial sin su aprobación.
Así que ¿hay algo falto en mí si todavía estoy soltero? Pudiera ser que sí; pero de la misma manera que pudiera haber algo falto en mí si estoy casado. Pero como vamos a ver más adelante, hay muchos otros factores que encierran el asunto y por eso cometemos un gran error en dar por sentado que la soltería es resultado de un fracaso personal.
Por otro lado, sería bueno evaluar nuestra vida de vez en cuando, no tanto para ver si estamos capacitados para el matrimonio, como para medir nuestro crecimiento personal, social, y espiritual. Pregúntese a sí mismo: ¿Estoy yo todavía desarrollando mi capacidad mental y mis talentos? ¿Soy yo cortés, considerado, y servicial en todas mis relaciones? ¿Tengo yo una profunda relación con Dios? ¿Veo
yo los propósitos y caminos que él tiene para mi vida? Éstas son oportunidades de evaluar los campos débiles de nuestra vida y tratarlos de una manera constructiva.

LA VOLUNTAD DE DIOS

Un segundo factor que muchas veces vemos como causa de la soltería es la voluntad de Dios. El tema de la soberanía de Dios y cómo esto afecta nuestra vida es un tema demasiado grande para abarcarlo todo aquí. Sin embargo, es importante que tengamos un concepto correcto de Dios y su soberanía para poner toda nuestra vida en perspectiva.
Las Escrituras revelan verdades, pero no siempre explican estas verdades. De las Escrituras, por ejemplo, sabemos que Dios es soberano: “Nuestro Dios está en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3). Las Escrituras también revelan que hay pecado en el mundo y que las cosas no son como deben ser; hay dolor, hay luchas, hay malentendidos y engaños, hay injusticia e iniquidad, hay tentaciones y maldad, hay tiempos difíciles, hay enfermedades y muerte.
“Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios... No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno” (Salmo 53:2-3).
“…Viendo la prosperidad de los impíos” (Salmo 73:3). “Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra... tiempo y ocasión acontecen a todos” (Eclesiastés 10:7; 9:11). “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16). Las Escrituras también nos revelan que el hombre tiene libre albedrío. “...El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). “Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me isgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón” (Hebreos 3:9,10).
¿Cómo podemos conciliar la soberanía del Dios santo con toda la corrupción en el mundo y las decisiones malas que toma el hombre? Si es la voluntad de Dios que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4), ¿porqué no son salvos todos?
¿Por qué permite Dios que sucedan cosas en el mundo que no son correctas? ¿Gobierna él nuestro mundo y nuestra vida, o será que él nada más deja que sucedan las cosas en su curso natural?
Éste es un campo teológico en el cual ha habido mucho conflicto de opiniones. Sin descartar todos los argumentos de los que se oponen a esta posición, reconocemos que la soberanía de Dios, los eventos humanos, y el libre albedrío del hombre se unen hasta formar un concepto correcto de la vida. En su soberanía, Dios no sólo creó el mundo, sino que también lo cuida y lo llena de su poder y sus propósitos.
Pero, a la misma vez Dios “permite que las cosas sucedan” dentro de los ímites de ciertas leyes que él estableció. Es decir, el hombre puede ver una razón de causa y efecto en todo su derredor sin pensar que Dios en su soberanía controla cada detalle. Y en esta misma estructura de leyes y limitaciones, Dios le dio la libertad al hombre de poder escoger.
La soberanía de Dios es tan inmensa y sabia. Es tanto así que mientras permite el pecado, el libre albedrío, y la corriente de eventos humanos, a la vez procura lo mejor para cada creyente en su vida personal (Romanos 8:28). Todo eso es un desafío para el entendimiento humano. Pero sí, se puede aceptar por fe. Sí, se puede experimentar aunque nunca lo podremos comprender.
Ahora, ¿cómo se relaciona todo esto con la soltería?
Primero, un concepto correcto de Dios le da libertad al soltero de evaluar y aceptar los eventos desagradables en su vida, que están mas allá de su control. En sentido literal, no todo en su vida es “la voluntad de Dios”. Puede quedarse soltero por causa de traición, por causa de accidente, o por causa de malentendidos. Sabiendo esto, el soltero tiene la libertad de evaluar con sabiduría cualquier cambio que pudiera presentarse a través del tiempo. Por ejemplo: si se le presentara una posibilidad de casarse al marcharse el tiempo, no debiera ver esto en sí como una señal de Dios que debe casarse. Él debe verlo como un caso en que necesita ejercer la misma sabiduría que había necesitado en toda su vida hasta el momento. Dios no ha cambiado su modo de pensar; son las circunstancias las que han cambiado.
Segundo, un concepto correcto de Dios nos permite ver la Palabra de Dios no como una interpretación de eventos humanos, sino como la fuente básica de la voluntad de Dios. Al reconocer que la mejor revelación de la voluntad de Dios se encuentra en su Palabra, sentiremos nuestro deber de estudiarla, y ejercer sabiduría en nuestras decisiones. Las personas que tratan de discernir la voluntad de Dios principalmente por las circunstancias encontrarán confusión. Viven constantemente con un ánimo de indecisión porque cada circunstancia presenta más posibilidades y cualquiera pudiera ser la voluntad de Dios. El tomar decisiones les llega a ser un juego de lotería. Cuando toman una decisión esperan haber pegado el “número de la suerte” de la voluntad de Dios. Pero qué alivio hay en salir de la perpetua incertidumbre de tal concepto y entrar en la base sólida de la
Palabra de Dios. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:89, 105).
No negamos el hecho de que Dios a veces nos muestra su voluntad de una manera directa por medio de una circunstancia que se presenta. Él dirigió a Felipe al eunuco de Etiopía (Hechos 8:26-40). Pero muchas veces, Dios espera que usemos la sabiduría de su Palabra para discernir su voluntad en un dado caso.
Tercero, es una bendición tener la confianza de que Dios en su soberanía permite que la historia humana siempre fluya y que a la vez el hombre tenga la capacidad de escoger su rumbo. Esto nos da la libertad de confiar nuestra vida a su bondad. Dios tiene la capacidad de cumplir su voluntad en la vida de las personas mientras suceden los eventos naturales y humanos. Puede ser, por ejemplo, que la soltería le toca a alguno por razones malas. A la vez, por medio de esas mismas circunstancias Dios puede cumplir con su voluntad en la vida de la persona. El que entrega su vida enteramente en las manos de Dios, puede sufrir un sinfín de cosas que a él le parecen injustas. Pero después encontrará que estas mismas cosas fueron formando una armonía indescriptible y hermosa del propósito de Dios para su vida. “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
Así pues, ¿podría ser la voluntad de Dios que esté soltero? Bien pueda ser. Sin embargo, la pregunta más importante es ¿he entregado yo mi soltería en las manos de Dios? Y además, ¿estoy llevando mi soltería de acuerdo a la Palabra de Dios? Si la respuesta es sí a las últimas dos preguntas, cualquier soltero puede decir confiadamente: “Estoy en la voluntad de Dios”. Y si se le presenta la oportunidad de casarse, tendrá lo que necesita para evaluarla sabiamente. Es porque ha dado cada paso en su soltería de acuerdo a los principios de la Palabra de Dios y no dará ningún paso que viole estos principios, aunque se le presentara la oportunidad de casarse.

LAS CIRCUNSTANCIAS.

El tercer factor muy común que vamos a ver como causa de la soltería es las circunstancias. Ya que muchas veces relacionamos esto con la voluntad de Dios, lo que vimos en el punto anterior nos da un buen fundamento para entender este punto. Sin embargo, hay varios puntos que quisiéramos aclarar.
Primero, para la persona que tiene una relación viva con Dios a través de su Palabra, las circunstancias le ayudan a confirmar la voluntad de Dios. Hay muchos que pudieran testificar de cómo Dios ha confirmado su dirección y su voluntad a través de las circunstancias.
Por lo contrario, si tratamos de discernir la voluntad de Dios solamente por medio de las circunstancias, sufriremos muchas frustraciones.
Desde nuestro punto de vista, las circunstancias a veces parecen caóticas y aun contrarias a las promesas de Dios. Considere a Job. Si ese hombre tan sabio cayó en un estado de confusión por circunstancias contrarias, ¿en qué quedaríamos nosotros? El mejor consejo para los solteros y casados en circunstancias confusas es que sigan el testimonio de Job: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré...” (Job 13:15).
Aparte de las circunstancias que confirman o confunden a las personas en escoger la soltería, hay circunstancias que casi exigen la soltería. Evelyn Mumaw, soltera de edad bastante avanzada, hace una lista de circunstancias que pudieran exigir la soltería:
1) Puede haber un desequilibrio de la cantidad de personas elegibles para el matrimonio. Si hay menos varones que mujeres a nivel nacional, habrá la posibilidad de más solteras que solteros. Es muy probable que a nivel de la comunidad haya una escasez de compañeros elegibles para el matrimonio, sean varones o mujeres.
2) Ciertas responsabilidades no permiten el matrimonio. Quizá alguien tenga que cuidar a un miembro inválido de la familia. Esto pudiera exigir la soltería. Algunos se quedan solteros por estar en alguna obra en particular que no es apropiada para casados. Parece que el apóstol Pablo sintió que sus responsabilidades no concordaban con el matrimonio.
3) Unos defectos físicos pudieran impedir el matrimonio. Mumaw dice así: “Es de maravillarse cuántos ciegos, sordos, lisiados, o enfermos han contraído matrimonio. Pero para otros, éstos son factores que han sido la causa de no poder realizar el matrimonio.”
4) Las aflicciones del tiempo actual han hecho poco práctico el matrimonio para algunos. Esto parece haber sido el punto del apóstol Pablo cuando aconsejó a los corintios. Pablo aconsejó que “Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede” (1 Corintios 7:20). Claramente se ve la preferencia de la soltería reflejada en este capítulo por causa de “la necesidad que apremia” (ver.
26). A través de la historia, los cristianos se han encontrado en circunstancias adversas y por eso se realizaban menos matrimonios. A veces la causa era la persecución, a veces la pobreza, y a veces era la pobreza por causa de la persecución. Aunque la persecución y la pobreza no sean las principales causas de la soltería hoy en día, para algunos sí las son.
Como vimos antes, los factores inevitables que causan la soltería pueden causar el resentimiento. Más adelante en este capítulo vamos a ver algunos puntos de cómo evitar esto. Por ahora queremos subrayar el hecho de que una entrega completa a Dios es la base para la seguridad y el cumplimiento en la vida de cualquiera, sea soltero o casado. El saber por qué estoy soltero no es tan importante como lo es saber si vivo en una unión sana con Dios.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 14-21. Usado con los permisos correspondientes. Tomado de:
Christian Family Living Usado con permiso de Christian Light Publications, Inc. Harrisonburg, VA, EE.UU

lunes 19 de octubre de 2009

EL PERDÓN VERDADERO.

EL PERDÓN VERDADERO.

Denver Yoder

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15).
El hombre tiene grandes ambiciones materiales. Esto lo lleva a esforzarse por superar en sus empresas, y en el comercio y la competencia que hay en el mundo de hoy. Sin embargo, la mayoría no hace ningún esfuerzo por entender las verdades más sencillas de la Biblia. Escudriñemos las Escrituras con corazón sincero para evaluar este tema del perdón. Es un tema de mucha importancia; tiene el poder de determinar nuestro destino final.
“Mas si no perdonáis... tampoco vuestro Padre os perdonará...”
(Mateo 6:15).

¿A quién debemos perdonar?

Debemos perdonar a todo aquel que nos pide perdón. También debemos perdonar a aquellos que nunca lo piden. No podemos ni debemos guardar rencor. Es más fácil perdonar a la persona que llega arrepentida, rogando que le perdonemos, sobre todo si se trata de un amigo. Pero, ¿qué de aquellos que nos han hecho mal y nunca nos piden perdón? Quizá nos hayan despojado de lo nuestro y aun se jactan de lo que han hecho. ¿Es necesario perdonar en tal caso? ¡Sí, lo es! Lea Santiago 5:9. Es necesario perdonar tanto al vecino que nos roba algo como al que nos demanda injustamente ante la ley.
Sin duda, la lucha mayor consiste muchas veces en perdonar a nuestros propios hermanos en la iglesia. Pero el verdadero perdón cristiano perdona a todos y en toda circunstancia. “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13). ¿Por qué es necesario perdonar? Porque Jesús lo manda. “Mas si no perdonáis... tampoco vuestro Padre os perdonará...”
(Mateo 6:15). Es muy claro que el perdón es condicional. Si no perdonamos a otros, jamás podemos esperar que Dios nos perdone a nosotros. ¿Qué hacemos, pues?
¿Con un suspiro y un gemido perdonaremos por temor al juicio de Dios? Si es así, Dios es nuestro Juez y no nuestro Salvador.

¿Cómo, pues, debemos perdonar?

Jesús nos dio el ejemplo perfecto cuando él le dijo a los que le crucificaron: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” Lucas 23:34). Tenemos que perdonar de corazón, sin condiciones. Y debemos sentir el amor de Jesús en nuestro corazón al hacerlo. “...No os quejéis...he aquí, el juez está delante de la puerta” (Santiago 5:9). Debemos perdonar, como si Dios tuviera su mano sobre la puerta, listo para llamarnos a la eternidad en cualquier momento. Si supiéramos que nuestro fin está tan cerca, ¿sería tan difícil perdonar? ¡De ninguna manera! ¿Por qué, pues, luchamos tanto con perdonar de corazón?

Debemos perdonar y olvidar.

Es necesario perdonar y no volver a sacar en cara la ofensa (1 Juan 1:9; Salmo 103:12; Isaías 43:25). Si nos arrepentimos de corazón, Dios nos perdona nuestros pecados (1 Juan 1:9). Dios no los vuelve a recordar. ¿Podemos nosotros hacer menos con nuestros hermanos? Cuando un hermano se arrepiente, cometemos un grave error si al tiempo volvemos a sacar en cara su pecado. Si volvemos a sacar pecados perdonados, traemos la ira de Dios sobre nosotros. Una vez confesado y arreglado el pecado, Dios lo cubre con la sangre de Jesús. Podemos tratar únicamente con pecados que aún no han sido arreglados. Dios no lleva un registro del pecado que ha sido arreglado. Y aunque nosotros como humanos estemos tentados de hacerlo, como hijos de Dios, jamás debemos hacerlo.
Pensemos en la vida de Jesús, nuestro ejemplo perfecto. Él fue acusado de muchos males. Pero, ¿cómo reaccionó? ¿Les devolvió el golpe, acusándoles de los pecados de ellos? No, sino todo lo contrario. Su único deseo fue el de perdonar. ¡Gloria a Dios! ¿Será posible perdonar y seguir manteniendo viva la ofensa? ¿Cómo podemos decir: “Hermano, yo lo perdono”, y seguir manteniendo su ofensa contra él? ¿Se nos hace fácil recordar las ofensas pasadas de otros? Cuánto mejor sería invertir nuestros esfuerzos en animar a los desalentados.

¿Cuándo debemos perdonar?

Debemos perdonar las veces que se nos pida “...hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21-22). Las Escrituras nos enseñan: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8) y: “Por sus frutos los conoceréis...” (Mateo 7:16). Sin embargo, es posible afanarnos por discernir si el hermano es sincero en su arrepentimiento de tal modo que perdamos el sentido verdadero del perdón. ¿A qué somos llamados? ¿A criticar y buscar faltas en otros? Léase Santiago 3:17-18. ¿Se nos ha olvidado que somos llamados a perdonar? Dejemos que Dios se encargue de obrar en la vida del hermano para hacer frutos dignos de arrepentimiento. Padres, pastores, iglesias, somos responsables de ayudar a nuestros hermanos, pero tengamos cuidado de no estorbar la obra que Dios quiere hacer en ellos. El hombre no puede mirar el corazón como lo mira Dios. A veces es necesario que la iglesia fije un tiempo de prueba para un hermano con el fin de comprobar su sinceridad.
Sin embargo, tanto la iglesia como cada hermano en particular debe mantener una actitud de restauración.

¿Qué debemos perdonar?

Veamos el ejemplo de Jesús. Jesús, el unigénito hijo de Dios, nacido de una virgen, fue acusado de ser hijo de una ramera (Juan 8:41). Fue acusado de mentiroso (Juan 8:13), de tener un demonio (Juan 8:48), y de blasfemia (Marcos 14:62-64). Pero, ¿qué perdonó Jesús? ¡Él lo perdonó todo! Con amor dijo: “Padre, perdónalos...” (Lucas 23:34).
¡Qué palabras tan bondadosas a un pueblo tan malagradecido y homicida! Verdaderamente nunca se ha escuchado palabras semejantes. Nosotros, seguidores de Dios, hijos comprados con la sangre de Jesús, jamás podremos atrevernos a hacer menos que eso. ¡Que Dios nos llene de su gracia para mantener siempre tal actitud! “Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el JUEZ está delante de la puerta”
(Santiago 5:9). Cuando el Juez abra, la puerta a la eternidad, ¿hallará en lo oculto de nuestro corazón, alguna actitud de rencor contra otro? Dios nos guarde de tal error.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 5-8. Usado con los permisos correspondientes

domingo 18 de octubre de 2009

“Y CUANDO ESTÉS ORANDO”

“Y CUANDO ESTÉS ORANDO”

Preston J. Horst

Jesús dijo estas palabras en Marcos 11:25 a sus discípulos después de su encuentro con la higuera que se había secado. En el mismo versículo nos dice por qué debemos perdonar. “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.” El siguiente versículo dice: “Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”.
En Mateo 18, Jesús compara el reino de los cielos con un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.
Halló a un siervo que le debía 10.000 talentos y no se los podía pagar. El rey mandó venderlo, junto con su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para pagar la deuda. El siervo cayó postrado ante el rey, rogándole que le diera más tiempo y se lo pagaría todo. Movido a misericordia, el rey le perdonó toda la deuda. Este mismo siervo salió luego y halló a un consiervo, que le debía 100 denarios. Asiéndose de él, le ahogaba, y le dijo: “Págame lo que me debes”. Este siervo no tuvo misericordia de su consiervo, y lo echó en la cárcel, no escuchando sus ruegos por misericordia.
Cuando el rey supo lo que había sucedido, llamó a su siervo y le reprendió. Enojado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía.
Este relato presenta el cuadro de nuestro Padre celestial y la manera en que él nos perdona. Él no nos perdonará sin que antes nosotros no perdonemos “de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35). “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:23-24). Bien entendemos que todos hemos pecado contra nuestro Padre. Veamos el perdón de Dios. El Salmo 103:3 dice: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”.
En Hechos 5:31 nos habla de Jesús y como Dios lo ha exaltado para dar el perdón de pecados. En Ezequiel 18:20-22 nos dice que: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá.”
Mientras mantengamos una visión viva de la enorme deuda que Dios nos perdonó a nosotros, no será difícil perdonar a aquellos que nos hacen mal. Si no somos misericordiosos, Santiago nos advierte que “Juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia” (Santiago 2:13). A la vez, en
Mateo 6:14 tenemos la promesa: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial”.
El perdonar es un mandamiento directo de la Palabra de Dios: “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13).
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).
Mientras Jesús colgaba en la cruz, sufriendo por la humanidad perdida, él elevó una oración de perdón: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Él estaba dispuesto a perdonar hasta el homicidio más grosero que se pudiera cometer. Así también nosotros debemos estar dispuestos a perdonar las ofensas más grandes que nos causan aquellos a quienes amamos más: nuestro cónyuge, nuestros hijos, y nuestros padres. Es fácil amar y ser paciente con aquellos que no nos han ofendido. Pero el amor se prueba en las situaciones en que se nos maltratan.
En tales circunstancias, es difícil amar y perdonar con nuestra propia fuerza. Tenemos que participar de la gracia celestial y tomar la decisión de perdonar, así como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo Jesús. En Mateo 5:17 Jesús nos enseña que él no vino para abrogar, sino para cumplir. Dios no nos tiene aquí para que nos abroguemos los unos a los otros, sino para que cumplamos su plan para nuestra vida. “No resistáis al que es malo... a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra... al que quiera... quitarte la túnica, déjale también la capa... a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos... al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mateo 5:39-42).
La ley antigua decía: “Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo”. Pero Jesús dice: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos...” (Mateo 5:43-45).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 4,5. Usado con los permisos correspondientes.

sábado 17 de octubre de 2009

PENSAMIENTO SOBRE EL AMOR

PENSAMIENTO SOBRE EL AMOR

Duane Nisly

“Próximamente estaremos enfocando” el tema del perdón. Como notamos, Jesús le da mucha importancia a este asunto. Él nos enseña que el perdón es más que sólo palabras. El decir: “Yo te perdono” no indica necesariamente que hayamos perdonado de verdad. Jesús dice claramente cuáles son los resultados de no perdonar de corazón a nuestro prójimo. Al pensarlo bien, podemos ver que la raíz de poder perdonar está en el amor. El amor ágape viene de Dios mismo y no es algo que tenemos por naturaleza. Es un amor sin egoísmo, que busca el bien de otros, y que se sacrifica a sí mismo por otros. Sin el amor de Dios en nuestro corazón será muy difícil perdonar en verdad.
Después de que Jesús resucitó de los muertos, él enfrentó a Pedro con la pregunta que si él le amaba. Jesús le hizo la misma pregunta tres veces. Pedro quizás no entendió cuál era el propósito de ellas y posiblemente se molestara por la aparente impertinencia de Jesús. Pero el propósito de Jesús al hacerle estas preguntas puede haber sido para ayudarle a Pedro a ver que las palabras muchas veces salen sobrando. Lo importante es mostrar y probar lo que decimos con hechos. Pedro había dicho unas palabras bastante serias y fuertes tan solamente unos pocos días atrás. Jesús, que conocía el corazón de Pedro, le había dicho que le iba a negar. Pedro rápidamente dijo: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré…” (Mateo 26:35). Le fue fácil decir estas palabras, pero unas horas después, Pedro negó con sus hechos lo que había dicho con la boca. Ahora en Juan 21, Jesús quiso restablecer a Pedro al preguntarle si de verdad le amaba. Otra vez, Pedro rápidamente responde positivamente. La respuesta de Jesús es curiosa: “Apacienta mis corderos”. Quizá lo que Jesús quiso decir con esto fue: “Yo quiero verlo en hechos. Hay prójimos tuyos que necesitan de tu amor. Ahora tienes la oportunidad de comprobar tus palabras con hechos.” Es decir que la fe sin obras es como el amor sólo de boca que no se muestra por los hechos (Santiago 2:14-17). En verdad, eso no es amor. Jesús también hoy nos hace la misma pregunta: “¿Me amas tú, ________?” ¿Cuál será tu respuesta? ¿Has mostrado en el día de hoy que amas de verdad? Recuerda cuán fácilmente puedes decir: “Claro que sí, tú lo sabes”. Pero la pregunta es: ¿Qué estás haciendo con mis ovejas que están a tu alrededor? ¿Estás comprobando tu amor con ellas?

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 2. Usado con los permisos correspondientes.

viernes 16 de octubre de 2009

LA CRUZ REPONE EL ÁGUILA

LA CRUZ REPONE EL ÁGUILA

Eugenio Heisey

L a iglesia del Nuevo Testamento comenzó en el día de Pentecostés (Hechos 2). Allá en la ciudad de Jerusalén, 120 personas fueron bautizadas por el Espíritu
Santo en un aposento alto. Ellos formaron la primera congregación cristiana en el mundo.
Llenos de gozo y ungidos por el Espíritu Santo, anunciaron el Evangelio de
Cristo al mundo. Gozaron de un amor entre la hermandad que los motivó a comprometerse el uno al otro en un pacto de ayuda mutua, tanto en lo espiritual como en lo material. El lema de ellos era:
“Lo que yo tengo es tuyo si tú lo necesitas”. La bendición de Dios reposaba sobre esta pequeña iglesia apostólica.
Pero había una “águila” que también observaba a la iglesia. El águila era el signo político del Imperio Romano, el poder mundial en aquella época. Su rey era César, no era Cristo. Sus ciudadanos eran obligados a rendir lealtad al Imperio Romano, a su religión, a su ejército, y a su cultura. Pero estos nuevos cristianos no podían servir a dos señores.
Ellos dijeron: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Los cristianos no ofrecieron incienso sobre los altares romanos.
No pelearon en las batallas del emperador ni participaron en la política del imperio. El águila romana no toleró que no participaron los cristianos en estas cosas. Así comenzó un tiempo de gran sufrimiento para los cristianos. Y con esto, la pequeña iglesia primitiva llegó a ser la iglesia peregrina (dado a vivir o viajar en un país extranjero) y a la vez, perseguida.
La historia de la persecución de esa, época es un drama que parte el corazón de los más fuertes. Una esclava cristiana que se llamaba Blandina, dijo después de un día entero de torturas: “Soy cristiana. Entre nosotros no se hace ningún mal”. Los cristianos fueron echados a los leones en los grandes estadios del imperio. La arena se enrojeció con la sangre de los creyentes. Pero la fe cristiana sobrevivió en las cuevas bajo la ciudad de Roma. En esas cuevas, llamadas catacumbas, los cristianos primitivos se reunían para partir el pan y celebrar su fe en Cristo Jesús. Pero después de muchos años, llegó el día en que todo esto cambió drásticamente. ¿Qué sucedió? En el año 312, el Imperio Romano fue dividido entre el occidente y el oriente. Constantino, el emperador del occidente, quería gobernar sobre todo el imperio. El día antes de la batalla contra Majencio y su guardia pretoriana, Constantino vio en el cielo occidental una señal, una cruz sobre el sol. En la cruz vio estas letras:
“Hoc Signo Vinces” (en este signo vencerás). Al siguiente día la batalla fue feroz, y el ejército de Majencio con sus famosos soldados fue vencido. Con eso, Constantino tenía el poder sobre todo el imperio. Después de la victoria, él exigió el bautismo a todos sus soldados y proclamó el “cristianismo” como la religión nueva de todo el territorio del Imperio Romano. Esto sucedió en el año 313. Con este cambio, la cruz tomó el lugar del águila como el signo del imperio. Pero algo serio iba sucediendo con la pureza y el poder de la fe cristiana. En el año 380, el emperador Teodosio hizo el cristianismo la religión oficial de Roma. De este día en adelante, el estado y la iglesia se unieron.

Una iglesia territorial

Imaginemos la magnitud de todo el territorio del Imperio Romano. Desde la India hasta Inglaterra y desde África hasta Armenia extendía su señorío. Y porque la “iglesia” de aquel tiempo era la católica, todos eran romanos y todos eran
“cristianos católicos”. Es decir, cuando nació un bebé dentro de ese territorio y el sacerdote lo bautizaba, ya era un “cristiano”. Un romano más y un católico más.
Cuanto más territorio conquistaba el ejército romano, tanto más “cristianos” había. Con sólo el sacramento del bautismo se podía hacer “cristianos” a toda la población. Por lo tanto, todo el Imperio Romano ya era “cristiano”.
Esto es lo que llamamos una iglesia territorial. Pero, ¿qué de los que no aceptaron ese sistema que decía que todos dentro del territorio romano eran cristianos? Para ellos la persecución siguió. Ellos bien sabían que no se puede ser hijo de Dios sin negarse a sí mismo, sin llevar su cruz en santidad, y sin vivir como Cristo vivió. Sabían que el cristiano no puede ser soldado, ni magistrado, ni actor de teatro. El cristiano no miente, no mata, no fornica, ni roba. El cristiano es puro, humilde, apartado del mal, distinto al mundo porque él es peregrino en esta tierra y parte de otro mundo. La iglesia territorial era todo lo contrario; todos eran “cristianos”.
¿Vivían ellos una vida santa? No, pero decían que la “iglesia santa” los purificaba. ¿Amaron a Dios con todo el corazón? No, pero recibieron el sacramento y así decían que recibían la “gracia” de Dios. ¿Se apartaron del mundo y de sus obras perversas para seguir a Jesús? No, pero fueron bautizados a los ocho días de edad, y por lo tanto la “fe” de la iglesia llegaba a ser la fe de ellos. Así lo que había sido la iglesia de Jesucristo llegó a ser una iglesia caída… una iglesia apóstata.
Lo que acabamos de describir es lo que compone la religión de una iglesia territorial. Supongamos que en el país de Costa Rica se levante un dictador religioso. Además, supongamos que él sea luterano y que él anuncie que el luteranismo será la religión oficial de todo el país.
En dicho caso todos los que viven en Costa Rica, todos los que nacen en este país, y todos los que vienen a vivir en este país serían luteranos. En tal caso, diríamos que Costa Rica tiene una iglesia territorial o estatal, y todo el territorio desde el Caribe hasta el Pacífico sería luterano. Eso es precisamente lo que ha sucedido a través de la historia en muchas partes del mundo. Pero, ¿puede tal iglesia ser una iglesia verdaderamente cristiana?

El sueño de Martín Lucero

En los primeros años del siglo 15, un monje de Wittenburgo, Alemania que se llamaba Martín Lutero, nació y vivió dentro del sistema de una iglesia territorial, en ese caso, la Iglesia Católica. Lutero sabía que la mayoría de la población no vivía como el ejemplo que Cristo dejó.
Nunca habían “nacido” por el Espíritu de Dios; no habían dejado todo para seguir a Jesús. Andaban lejos de una obediencia a la Palabra de Dios, la Santa Biblia y no habían “crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24). Lutero bien sabía que, el agua con que el sacerdote formaba la señal de la cruz con su dedo en la frente de un infante, jamás podía hacerlo “cristiano”. Él entendió que ser cristiano no consistía en ser residente de cierto territorio, o ser ciudadano de cierto país. En su corazón él deseaba ver una iglesia viva, pura, obediente, y piadosa. A menudo Lutero, al hablar de la iglesia territorial, usó el término “la gentuza” en vez de la palabra “iglesia”, haciendo así hincapié de algo vulgar y vil. Confesó que la condición de la gente era “lamentable”y él perdió la esperanza de que se mejorara. En el año 1522 Lutero dijo: “¿Podremos nosotros, que somos casi paganos, bajo el nombre “cristiano” todavía organizar una asamblea cristiana en la cual se practique la disciplina bíblica?” Él confesó que era necesaria hacer una separación de la iglesia con la muchedumbre indiferente. Pero se enfrentó con un problema. Aunque él quería ver tal asamblea de santos, una asamblea pura, lamentaba que no había tales personas para formar un grupo de tal índole. Y así, el sueño de Lutero murió. Bajo la protección y el apoyo del estado de Alemania, Lutero formó una nueva iglesia territorial, pero esta vez, una Iglesia Luterana en vez de una Iglesia Católica.
Pero Cristo sabe dónde encontrar la gente para formar una congregación santa que viva en medio de un mundo de religiosidad y carnalidad y a la vez separada del mismo.
Dichas congregaciones, pequeñas y muchas veces perseguidas, siempre han existido y han seguido hasta el día de hoy.
Un día, al encontrarme con una señora, le hice esta pregunta:
— ¿Tengo razón en pensar de que usted es católica?
—Sí —contestó ella.
—Permítame hacerle otra pregunta.
¿Es usted católica porque al estudiar la Biblia usted cree que ésta es la mejor expresión de la fe cristiana, o es católica porque nació en un hogar católico y en una comunidad católica?
—Yo nací católica —respondió ella—. No fue por mi propia decisión, ni siquiera porque yo lo hubiera pensado.
Así nací y así soy todavía. Para esa señora, su iglesia era una iglesia territorial… nada más. La región donde nació es católica, así que ella también es católica.
La pregunta para nosotros es: ¿Soy yo parte de una congregación bíblica? O, ¿soy yo sólo un miembro de la iglesia de la región donde vivo? Que Dios nos ayude a responder con sinceridad a estas preguntas.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 9. Usado con los permisos correspondientes.

EL VIAJE

EL VIAJE

Había una vez un señor que viajaba en tren desde la ciudad de Londres hasta Manchester, Inglaterra. Tomando su asiento en el vagón, notó que el asiento en frente de él estaba desocupado. Pero pronto lo ocupó un niño de unos siete años. Su madre lo había traído. Según parecía, a la señora se le hacía difícil dejarlo solo, ya que ella no viajaría con él. Antes que saliera el tren, ella se despidió de su hijo. Se miraba claramente que le estaba costando dejarlo. Pero el niño no parecía afligirse. Él le dio un beso a su madre y se acomodó en su asiento. Se volvió hacia la ventana y siguió mirando detenidamente por la misma como si esperara ver a alguien. Unos minutos antes de salir el tren, un hombre vestido de ropa de trabajo se asomó por la ventanilla y le sonrió al niño. Eso parecía contentar al niño. Sacó unos libros de dibujos y empezó a verlos. El señor que lo observaba pensó que ése debía ser el papá del niño que seguramente había sacado unos minutos de su trabajo para despedirse de su hijo.
Luego sonó un silbido penetrante y el tren comenzó a salir lentamente de la estación. Mientras el tren aumentaba la velocidad, el niño seguía viendo sus libritos y miraba por la ventanilla el paisaje que pasaba velozmente. Cuando el tren se detuvo en la estación de Rugby, el niño se emocionó mirando ansiosamente por la ventanilla. Antes de marchar de nuevo el tren, apareció otra vez el mismo hombre vestido de ropa de trabajo.
Se acercó al tren, tocó la ventanilla donde estaba el niño y sonrió. ¿Cómo había llegado ese hombre hasta allí? ¿Habrá viajado hasta esta estación en el mismo tren, y ahora se despedía de su hijo? Pronto desapareció de nuevo y el niño se acomodó feliz en su asiento para continuar su viaje. En la siguiente estación de Crewe, volvió a suceder lo mismo. Apareció el mismo hombre, tocó la ventanilla, y le sonrió al muchacho. Al salir de Crewe, el señor que lo observaba comenzó a conversar con él.
— ¿No te sientes muy solo viajandoen este tren?
Él movió la cabeza negativamente.
—Pero a tu madre la dejaste en Londres.
—Sí, yo sé que sí —contestó el niño—, pero no dejé atrás a mi papá.
— ¿Es tu papá el hombre que teviene a ver en cada estación?
—preguntó el señor.
El rostro del niño se iluminó, y luego dijo con entusiasmo:
—Sí, mi papá conduce este tren.
Su papá conducía el tren. En esto consistía el secreto de la tranquilidad del muchacho. Él no podía ver a su papá todo el tiempo. Sólo lograba verlo un poquito de vez en cuando en su largo viaje. Sin embargo, él sabía que todo marcharía bien porque su papá conducía el tren.
Aunque no lo podía ver, sabía que su papá lo cuidaría. No era más que un niño, pero no se sentía desamparado. Su papá conducía y controlaba el tren.
¿Ha pensado usted alguna vez en el tierno amor que tiene Dios, nuestro Padre celestial, para con sus hijos? Nunca estamos solos mientras dejamos a él conducir nuestra vida, porque él promete: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos
13:5). Al transitar por esta vida, podemos tomar ánimo al saber que Dios estará con nosotros si obedecemos su palabra.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 1,12,13. Usado con los permisos correspondientes. Tomado de: The Flame in Gems of Truth John Three Sixteen

jueves 15 de octubre de 2009

EL TEMA DEL MATRIMONIO.

EL TEMA DEL MATRIMONIO.

INTRODUCCIÓN
La Biblia nos habla del matrimonio como un misterio. Cuando la Escritura habla de un misterio no tiene relación alguna, lógicamente, con investigaciones policiales, sino que se refiere a un conocimiento que nos es revelado únicamente por voluntad de Dios.
Sabemos de algunas cosas en cuanto al matrimonio únicamente porque Dios nos las ha revelado. El matrimonio, según lo que Dios nos ha revelado, es una unión. Une a dos personas a través de lazos en el corazón, invisibles pero muy reales, de manera que no existe tal cosa como el amor sin un compromiso de entrega y servicio. Esta unión es un principio en el cual Dios espera que sea reconocido y preservado a través de un compromiso matrimonial de por vida. Tal clase de compromiso refleja, a la vez, la relación aun más profunda de amor y compromiso entre Cristo y su iglesia. Al ver todo esto, fácilmente entendemos por qué Pablo escribió del matrimonio diciendo: “Grande es este misterio” (Efesios 5:32).
Viendo la profundidad de este misterio es de esperar que el hombre por sí solo, con su entendimiento limitado, transforme el matrimonio en caos y desastre. Sin una revelación de lo que es el plan de Dios, las personas de hoy ven el matrimonio como un proyecto a corto plazo. En él pretenden lograr metas inmediatas o por lo menos en un futuro muy cercano. Algunos intereses como la felicidad personal, la necesidad, o aun simple conveniencia parecen ser el factor decisivo para entrar en el matrimonio o salir de él. En otras palabras, como parezca mejor según las circunstancias.
Ante la creciente ola de matrimonios rotos es necesario que el cristiano refuerce la vigilancia y se apegue al plan de Dios, tanto en sus palabras como en su vivir. Lo que Dios ha dicho es verdadero. Lo que Dios ha establecido es lo correcto. Así que lo que Dios unió que sea de por vida.

EL PLAN DE DIOS: UN HOMBRE Y UNA MUJER, HASTA LA MUERTE

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). Ésta es la primera instrucción en la Escritura referente al matrimonio. Después de citar estas palabras, Jesús añadió: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6).
El apóstol Pablo lo amplió aún más: “Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido” (Romanos 7:2).
Las instrucciones de la Biblia son claras: un hombre y una mujer, hasta la muerte.
Una unión tan profunda exige compromiso. El matrimonio exige de ambos, esposo y esposa, un amor que se niega a sí mismo en fidelidad excluyendo a cualquier otra persona ajena al matrimonio.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos…. Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Efesios 5:25, 28, 33).
“Y la mujer respete a su marido…. Las ancianas asimismo… enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos” (Efesios 5:33, Tito 2:3-4).
¿Qué significa amar? A primera vista, el amor matrimonial pareciera pintoresco y colorido.
Un mar de rosas, sentimientos apasionantes, y sueños dulces. Pareciera un amor maravilloso que resulta atractivo para hombres y mujeres de todo el mundo. Pero en el fondo, el amor matrimonial es mucho más que un sentimiento. El amor exige un compromiso.
El amor aparenta ser no sólo atractivo, sino también fácil, y lo es. Un esposo fácilmente ama a su esposa mientras ella cumpla y busque complacerlo, y ella naturalmente lo amará de la misma manera. Pero nadie tiene control sobre las circunstancias futuras. Tarde o temprano la vida nos presenta pruebas y es ahí donde el lado profundo del amor entra en juego: el compromiso. Cuando los planes no resultan, la adversidad invade nuestras vidas, la enfermedad y los accidentes nos prueban a fondo, es entonces cuando enormes responsabilidades recaen sobre ambos. Repentinamente, los recién casados se dan cuenta que el amor no es siempre una sensación maravillosa.
Amar significa dar, trabajo, sacrificio, llanto, desvelo, cuidado, perdón, paciencia, ajustes, y entonces entrega y entrega y todavía un poco más. Con esto no estamos diciendo que después del primer año de matrimonio el amor ya no es placentero. En un amor duradero hay una dimensión del placer que es aun más maravillosa que lo experimentado al principio. Pero esa dimensión sólo la alcanzan quienes están verdaderamente comprometidos; aquellos que se han atrevido a avanzar más allá de las primeras emociones buscando el gozo del amor sacrificado y abnegado.
Solamente al ejercitar la abnegación, llega a ser realidad el verdadero gozo del amor matrimonial. Y solamente cuando consideramos el amor como un compromiso estaremos dispuestos a abnegarnos en amor. Sin embargo, debemos tener presente que la abnegación y el compromiso del amor matrimonial van más allá del razonamiento y la capacidad del hombre caído. “El amor es de Dios” (1 Juan 4:7). El amor matrimonial pide que tanto esposo como esposa caiga sobre sus rodillas reconociendo su incapacidad de amar sin la presencia de Cristo morando en su corazón. También debemos tener presente que Cristo solamente mora en aquellos que se han limpiado del egoísmo. Así que, de muchas maneras, el amor llega a ser un ejercitarse en quebrantamiento y crecimiento espiritual. De hecho, las más ricas dimensiones del amor matrimonial son espirituales, porque la fuente del amor duradero es el sempiterno Salvador.

LA ESPOSA PIADOSA

Ahora nos dirigimos más específicamente a los cónyuges que forman parte de la relación matrimonial. Un matrimonio, obviamente, se compone de un esposo y una esposa. Pero ¿qué clase de esposo y qué clase de esposa se requiere para formar un matrimonio estable? También nos hacemos la pregunta: ¿Deben todos ajustarse a un mismo molde para poder lograr un matrimonio estable? Hoy en día, el concepto tradicional de la esposa y su papel ha sido confrontado al punto de instigar una revolución contra los mismos conceptos del matrimonio.
Por eso empezamos considerando, a la luz de las Escrituras, la descripción de la esposa piadosa. “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado…. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso…. Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua.
Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde” (Proverbios 31:10-11, 19-20, 26-27).
“Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado … que se cubra” (1 Corintios 11:5-6).
“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos… Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:1-4).
“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:3-5). Los ideales de Dios y los ideales populares y veamos cuanto se ha extraviado la mujer moderna.
Cualquiera fácilmente ve como estos dos grupos de ideas afectarán la vida en el hogar.
Imaginemos cómo fuera el ambiente en el hogar viviendo con la mujer según el mundo.
Probablemente los horarios serían incumplidos, tornándose en una situación frenética. La idea de tener hijos resultaría repulsiva y serían comunes las comidas frías. Las condiciones se prestarían para toda clase de discusiones. Discusiones en cuanto a vehículos, muebles para la casa, el trabajo, y un sinnúmero de otras cosas más. Por otra parte, imaginemos como fuera el ambiente viviendo con la mujer piadosa. Probablemente tuviera más niños, más amor, más contentamiento, y mejores comidas. La familia pudiera realizar trabajos juntos y sobre todo existiría un ambiente atractivo al cual el esposo anhelaría regresar después del trabajo, un ambiente en el cual los hijos se sientan seguros.

EL ESPOSO PIADOSO

¿Qué dice la Biblia en cuanto al esposo? “Su marido… la alaba” (Proverbios 31:28).
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Efesios 5:25-33).
“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).
“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña? Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas” (Proverbios 5:18-21).
Nuevamente vemos como los ideales del Señor para el hombre son totalmente diferentes a los ideales del mundo. ¿Qué clase de hombre es admirado en el mundo? ¿Qué creen ser importante para su felicidad y realización como hombres? Hagamos un contraste entre estos dos puntos de vista.
Nuevamente, consideremos las diferencias entre el hombre del mundo y el hombre piadoso. Con el hombre del mundo fácilmente pudiera haber abundancia de dinero, pero muy poco tiempo con la familia, y mucho conflicto y afán. Con el hombre piadoso se puede sentir amor, liderazgo, comprensión, y seguridad.
Para ampliar el cuadro, consideremos al hombre del mundo casado con la mujer también del mundo según la describimos anteriormente. Y en contraste, consideremos al hombre piadoso casado con la mujer piadosa. La relación de la primera pareja seguramente será de abundancia de cosas, pero con escasez de gozo, propósito, y satisfacción. Al contrario, en la relación de la segunda pareja se va a desestimar lo material pero será rica en amor, seguridad, sentido, y propósito.
Al considerar el plan de Dios con relación al esposo y la esposa en el matrimonio, tal vez el punto de más controversia para las personas de hoy en día es la sumisión de la esposa. Veamos específicamente lo que dicen las Escrituras. “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3). “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia.… Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24).
La sumisión de la esposa muchas veces ha sido mal interpretada como si indicara que es de menos importancia, desigual, o que está bajo esclavitud. Posiblemente sea ése el sentir de la esposa cuyo esposo es egocéntrico. Pero es todo lo contrario cuando el esposo es piadoso y obediente en desempeñar su papel ante Dios. Las personas creen que desempeñar su papel como esposo o esposa no les permitirá una plena realización como hombres o mujeres. Ahí nacen los conceptos equivocados en cuanto al papel que cada uno debe desempeñar. Según el pensar del mundo, la libertad y la realización personal se obtienen a través de hacer lo que uno quiera. Por eso, a menudo la posición del esposo es la más codiciada. La idea es que si el esposo puede hacer lo que quiera, su vida estará llena de satisfacción y realización personal. Pero, en realidad, la libertad y la satisfacción se obtienen agradando a Dios y sirviendo a otros. Y estos dos son campos en los que tanto el esposo como la esposa puede dedicarse de lleno.
¿Puede el esposo hacer como él quiere? Jamás. Él experimentará libertad y satisfacción solamente si es comprensivo, si ama a su esposa e hijos, y provee para sus necesidades.
¿Está la esposa obligada a complacer cualquier capricho de su esposo? ¿Está obligada a apoyar y animarlo en cualquier cosa, sea que lo haga en sabia consideración o en necedad? Según la Escritura la esposa está bajo la autoridad de su esposo. Se espera que ella le obedezca, se someta, y lo apoye. La Biblia no hace ninguna excepción ni aun en caso de que la esposa no esté de acuerdo. Tampoco cuando algo no es según su gusto o cree que sería imprudente. Sin embargo, serían apropiados el diálogo y las sugerencias. Especialmente si el esposo está abusando de su autoridad, ella puede acudir a las autoridades que están sobre él. Pero hay aspectos en cuanto a las preguntas anteriores que son más importantes que responder con un “sí” o un “no”. Si la esposa está dispuesta a ver su apoyo de su esposo como para el Señor (Efesios 5:22) tendrá una conciencia libre a la hora de someterse a la autoridad de su esposo. Es una libertad que no pudiera de ninguna manera convertirse en esclavitud. Además, entre más entiende la esposa que su papel es apoyar, poner de su parte para que él llegue a ser lo mejor posible como esposo, y entre más sus acciones, palabras, y actitud en general lleguen a ser de apoyo, más posibilidad habrá de que su esposo cada vez sea más considerado con ella. A la vez ella irá adquiriendo la sabiduría para saber cómo comportarse en situaciones difíciles.
Un convenio basado en un liderazgo amoroso por parte del esposo y un apoyo amoroso por parte de la esposa, es de gran importancia para Dios. De hecho,
Dios ha querido instituir una expresión de ese convenio. Según 1 Corintios 11, el cabello largo y el velo sobre la cabeza de la esposa, y el cabello corto y la cabeza descubierta del esposo testifican de la sumisión de él a Dios y la sumisión de ella a su esposo.
Son muchas las preguntas complicadas y los problemas dolorosos que surgen cuando los matrimonios no respetan las instrucciones de Dios. Los esposos se sienten amenazados y manipulados.
Las esposas sienten que son atropelladas y que no son comprendidas. En vez de discutir todas las formas equivocadas, notemos cuatro principios que debemos comprender a la hora de enfrentar problemas matrimoniales.
1. Solamente los que siguen el plan de Dios experimentarán su bendición. La tendencia del hombre es de ser inflexible en su razonamiento, limitado a la situación presente. Ciertamente debemos considerar las diferentes situaciones, pero procurando respetar y acatar lo que Dios ha dicho. El esposo debe guiar; la esposa apoyar. En los campos donde él es débil ella puede ayudarle a ser fuerte, pero ella no puede tomar su lugar. Donde ella está fuera de su lugar, él puede aconsejarla, animarla, reprenderla, amarla, y proveer para ella, pero nunca debe exceder los límites impuestos por el ejemplo de Cristo. Nunca tiene la libertad de obligar a su esposa a que lo apoye. Otra vez vemos que respetar el plan de Dios es la única manera de recibir su bendición.
2. Cuando el esposo o bien la esposa no es lo que Dios espera, el otro se ve presionado. Es difícil honrar y apoyar al esposo que no es amoroso. A la vez es difícil ser amoroso y considerado con la esposa que no es sumisa. Por lo tanto, cualquiera de los dos que tenga alguna queja contra el otro debe analizarse honradamente en oración. “¿Soy yo lo que Dios espera de mí?”
3. La manera más eficaz de ayudar al cónyuge que ha salido de su lugar es siendo, a toda costa, el cónyuge que Dios espera que sea. Difícilmente la esposa insumisa responderá bien si se le ordena ser sumisa. Pero el esposo posiblemente pudiera ganar su respeto y sumisión redoblando su amor, consideración, y comprensión para con ella. Difícilmente el esposo áspero y autoritario responderá positivamente si su esposa le está recordando que debe amarla. Pero el esposo se puede ganar “sin palabra” a través del apoyo amoroso y la sumisión piadosa de su esposa (ver 1 Pedro 3).
4. Se pueden equivocarse a la hora de escoger un candidato para el matrimonio. Sin embargo, ya una vez unido con un compañero legítimo, el matrimonio los une de por vida. Vivimos en un mundo de afán y necedad, y consecuentemente también en un mundo de dolor y problemas. Muchos hoy en día se despiertan después de la emoción de la boda y se preguntan cómo Cupido pudo ser tan mentiroso. De ahora en adelante su vida definitivamente será peor. ¿Qué se puede hacer después de haber cometido una gran equivocación en el matrimonio?
“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia” (Eclesiastés 5:4-6).
Dios nos pide que seamos fieles a nuestros votos. Aun si cometimos un error a la hora de escoger un candidato, ya después del matrimonio debemos aceptar la realidad de que el compañero escogido será nuestro único cónyuge. Posiblemente tengamos que sufrir para mantener nuestros votos, pero Dios puede y quiere obrar poderosamente a favor de los que encomiendan su causa a él.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Enero-Febrero 2002, Volumen 16, página 17. Usado con los permisos correspondientes.Citado de Christian Family Living Por: John Coblentz Usado por la revista con permiso de Christian Light Publications, Inc. Harrisonburg, VA, EE.UU.

viernes 9 de octubre de 2009

LA IGLESIA COMO UN OBSTACULO PARA JESUCRISTO II.

LA IGLESIA COMO UN OBSTACULO PARA JESUCRISTO II.

Henry Preza.

La iglesia también se vuelve un obstáculo para Jesucristo cuando su pueblo no vive de acuerdo a los términos sagrados de la Biblia.

Jesús dijo que debíamos ser santos como él es santo. Pero, en las iglesias evangélicas la disciplina parece haberse perdido de visto y todo tipo de pecados afloran.

No digo esto como una critica destructiva, pues, pienso que denunciar el pecado no es una critica ni un mal uso de la escritura sino una obligación bíblica dada por Dios. Así como lo han hecho muchos hombres santos y aunque yo no pretenda estarles a las altura, si me considero parte de aquello que quiso decir Jesús: “Si ustedes no hablan, las piedras hablaran.” Aunque sólo sea una piedra hablando el mensaje de Dios es el mismo mensaje predicado por los apóstoles.

¿Qué hace la iglesia permitiendo dentro de sus congregaciones todo tipo de adulterios, robos, asesinatos, fornicaciones, negocios ilícitos, homicidios y desordenes? ¿Se pretende con todo esto anunciar el evangelio de Cristo.

También, hay iglesias donde ciertamente se habla contra el pecado, pero, aquel que lo señala es el primero en vivir una doble vida de inmoralidad y acciones necias.

Somos un obstáculo para Cristo cuando vivimos vidas que no van acordes al mensaje que predicamos. Hablamos de ayudar a los pobres, pero, robamos al pobre. Hablamos de no adulterar, pero, flirteamos con cualquier mujer que se nos ponga enfrente, hablamos de la oración, pero, somos esclavos de la televisión, hablamos contra la fornicación, pero, somos víctimas de la pornografía.

¿Podrá influir una iglesia que no vive lo que predica? ¿Podremos ser luz del mundo cuando en nosotros hay hechos que ni en el mundo se mencionan? ¡Por supuesto que no!

Es momento de retornar a la santidad, no necesitamos vivir como la iglesia del pasado, ni pensar en que modernizar, lo que importa es seguir viviendo lo que la Biblia dice.

La iglesia debe buscar la santidad, llevar una vida en el Espíritu. Los frutos del Espíritu son amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Los mandamientos del Señor son Justos. Aunque el mensaje de Dios es fe, las obras del Espíritu deben estar en nosotros, si en verdad somos luz, debemos andar como él anduvo.

Mientras la iglesia no cambie su modus operandis en el mundo no seremos luz, mucho menos sal. Sólo seremos cizaña mal sembrada que deshonrará a Cristo.

Una multitud de hombres vestidos de blanco, el Hijo de Dios salió de las nubes y levantó sus manos. Al levantar sus manos, su cuerpo blanco y resplandeciente llamó la atención de todos, ni un suspiro, de rodillas comenzaron a caer todos por la presencia de Dios, era Jesucristo y su iglesia santa. Era la primera vez que todo su pueblo estuvo reunido, Todos gritaban: ¡Aleluya! los que dormían y los vivos, se reunieron con el Señor en el aire y así pasar siempre con él.

¿Estarás tú entre los que alaben a Cristo por la eternidad? ¿O te opones a él sin darte cuenta?

jueves 8 de octubre de 2009

LA IGLESIA COMO UN OBSTACULO PARA JESUCRISTO I.

LA IGLESIA COMO UN OBSTACULO PARA JESUCRISTO I.

Henry Preza.

Analizando la obra de Jesucristo en los evangelios, la vida de los primeros cristianos y la forma de llevar la Buena Nueva al mundo no me queda duda que la Iglesia, tal como conocemos su sistema hoy, se ha convertido en el mayor obstáculo para el evangelio de Jesucristo.

Quizá tal declaración parezca anatema, pero, en la realidad es así. La iglesia ha perdido su visión del evangelio y el producto que se ofrece a la sociedad sin Dios es una caricatura del mensaje que Jesús predicó.

Se dice que en mi tierra, El Salvador, el mayor problema es la violencia y en un punto especifico, las extorsiones que se hace a la pobre gente para que sigan conservando la vida. Yo no pretendo ser alguien que posee toda la verdad, ni tampoco alguien que se crea perfecto o poseedor de todo el conocimiento de Dios, pero, creo, como simple oveja de Cristo, que las iglesias actuales se han convertido en los mayores extorsionadores del pueblo.

Yo no estoy en contra de proyectos, terrenos, templos, radios, carros, casas y sueldos, y todo lo que se le pueda ocurrir a un “pastor.” Para mí el problema se da cuando en nombre de Dios se comienza a extorsionar a la pobre gente para conseguir lo que queremos. Si no ofrendan y diezman se van al infierno, si no dan para el proyecto de la iglesia no son de Dios.

No obstante, yo me pregunto ¿Y ellos que le dan a su gente? Cuando quizá ni las predicaciones valen la pena, pues, son un invento mal habido hecho minutos antes del culto. Además, ¿Cuál es la labor social de la iglesia? La iglesia, como institución ¿Ayuda a los pobres? Es increíble como una iglesia puede gastar millones de dólares en salarios a sus pastores cada año, pero, apenas diez dólares semanales para un grupo de viudas. ¿Y esta es la gran labor social de la iglesia? ¿Y es así como se quiere ser seguidor de Jesús e influir en la sociedad?

Si esta en la iglesia más pequeña se dedica más tiempo a pedir dinero ¿De qué forma se piensa que se mostrara al mundo que la iglesia no ha venido a quitar sino a dar?

Yo estoy de acuerdo con aquel concepto que dice que la iglesia no es la obligada de ayudar a los pobres, entendiendo iglesia como aquella institución administrada por pastores donde se recogen las ofrendas y los diezmos en cada culto. Ellos tienen la idea que cada miembro debe hacer su parte en ayudar a los pobres. Pero, imaginémonos tal situación, más parece una salida cobarde para echarle la responsabilidad a los miembros y la iglesia no hacer nada.

Muchos pastores se han hecho una élite al estilo de oligarquía cristiana donde nadie puede tocarle sus intereses comunes cuando estos implican el dinero de sus arcas. Pero, es la oligarquía de estos pastores la que impide el bien común de los miembros de la iglesia.

Le pondré un sencillo ejemplo. Antonio, es un fiel seguidor de Cristo y además es un miembro activo de la iglesia. Él es contador, pero, por sus deudas su salario termina siendo menos del mínimo. Vive en una casa hecha de varas y laminas viejas encontradas en la calle. Tiene cinco hijos y una esposa muy cristiana. Él me invitó a almorzar a su casa, para disfrutar una sopa hecha de una de sus gallinas. Él ayuda a sus vecinos cuando puede, se sacrifica y todos los domingos está sacando dinero que no tiene para pagar el transporte para la iglesia ya que los hermanos no alcanzan a sufragar todos los gastos.

Ha Antonio tres meses después no lo eligieron como diácono. Cuando se le preguntó al pastor él dijo que porque Antonio, era ladrón, pues, sus diezmos no estaban identificados. Antonio no nombraba su sobre de diezmos.

El pastor de Antonio vive en opulencia, la iglesia de Antonio está en uno de los municipios de mayor pobreza del país. Su lugar está en el municipio 117 en pobreza de todo el país. Se calcula que el ingreso promedio de cada miembro es de $100.00. No obstante, el pastor de Antonio, tiene un vehiculo del año, una computadora digna de envidiar y a sus hijos en la Universidad más cara de San Salvador.

El pastor de Antonio dice que los miembros deben ayudar a los pobres, la iglesia nunca tiene dinero, sólo él, por lo tanto la iglesia no puede ayudar, que den todo los miembros.

¿Será esto digno de Dios? ¿No será que algunos pastores creen estúpidos a sus miembros? Yo no digo que un pastor no pueda ser bendecido, el problema es que muchas veces se ve a los miembros de nuestra iglesia sólo como un medio para nuestros intereses y no un canal para dar. Y además, la bendición de Dios en un ministro debe ser proporcional a la bendición de los miembros. Yo no digo, que no puedan tener buenas casas, carros, estudios y comidas, lo que digo es que no se puede ostentar todo eso mientras nuestro pueblo muere de hambre.

La iglesia no es una tienda, no es un negocio, la iglesia no es un medio de subsistencia, es el cuerpo de Cristo, hay que respetarlo, hay que cuidarlo como a la niña de los ojos.

Pastores debemos ser concientes de nuestra gente. No extorsione más a su pueblo, es tiempo de quitar todas esas manchas de la ropa de la iglesia. ¡No se aprovechen más del pueblo! ¡Vivan para su pueblo no por su pueblo! ¡No se sigan aprovechando del pobre, la viuda y el huérfano! ¡Fariseos hipócritas! No sirvan de obstáculo para Cristo, sírvanle a Cristo.

La iglesia debe anunciar el evangelio y vivirlo, debemos cambiar nuestro entorno y no ser criticados por nuestro entorno. Mientras no sea así los índices de violencia, los problemas de la sociedad no serán resueltos. Necesitamos ser como Cristo.

Yo no dudo que hay hombres piadosos, pastores de Dios, los hay y más de lo que imaginamos, quizá sean la mayoría, pero, bien vale la pena escribir estas líneas para ayudar a entender a los extraviados. A los hombres santos de Dios, una palabra de alabanza para Cristo.

Se que me quedo corto con este tema, pero, que el Espíritu Santo te ilumine en lo que falta.

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