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viernes 20 de noviembre de 2009

PREGUNTAS.

PREGUNTAS.

Anderson Menger
http://andersonmenger.blogspot.com

Trato de pensar, pero, parece que mis pensamientos están bloqueados, me pregunto: ¿Qué nunca me he sentido así?

Pero, la respuesta que quiero escuchar es cómo separar mis pensamientos, para liberar mi creatividad, para ser más libre, más humano, menos paradójico y religioso.

Mi escritura se ve obstaculizado por los prejuicios que están dentro de mí, yo sé que no soy el mejor. ¿Si me baso en los que piensan de mí? (los pensamientos comienzan a unirse en la idea de ser una víctima de mis propios prejuicios).

Mi mente está dominada por la naturaleza de mis miedos e inseguridades, ¿cómo puedo ser, hacer y ser? ¿La vida es existir o ser?

Tantas preguntas, tanto daño.

Mi vida diaria está afectándome hasta la locura, quizá estamos todos locos, sólo que la mayoría de personas tratan de esconderse tras la normalidad.

Devaneios - Indagações?
Tento pensar, mas parece que meus pensamentos estão bloqueados, pergunto: quem nunca se sentiu assim?

Mas a resposta que quero escutar é como fazer para desprender meus pensamentos, liberar minha criatividade, me tornar mais livre, mais humano, menos paradoxal e religioso?

A minha escrita é travada pelos preconceitos que se encontram dentro de mim; sei que não sou o melhor, mais se eu deixar transparecer isso que pensarão de mim? (os pensamentos começam a se aglutinar, sob a idéia de ser vitima do meu próprio preconceito)

Minha mente é dominada pela natureza de meus medos e inseguranças, como poderei eu ser, fazer e acontecer? A vida é existir ou ser?

Tantas perguntas, tantos estragos.
Será que meu dia a dia está afetando minha loucura, por que loucos todos somos, só que na sua maioria, muitos escondem-se tentando parecerem normais.

jueves 19 de noviembre de 2009

MI DOLOR.

MI DOLOR.

Anderson Menger
http://andersonmenger.blogspot.com

Cometo un error al pensar que otros entienden lo que pasa dentro de mí.
Pienso que lograrán entender mis angustias, mis decepciones…
Más la mayoría no entienden el porqué de mis descepciones, creé una expectativa falsa y se rompió.
Cuando soy débil, creo que entendí la razón de mi debilidad, pero, yo sólo nunca venceré mi debilidad. (Sólo en Jesucristo).

Ellos dicen que no puedo mostrar mi debilidad y tengo que ser fuerte en tiempos de problemas, pero, es interesante que el mismo Pablo que habló del hombre espiritual, dijo que en nuestra debilidad somos fuertes, y también habla abiertamente de sus errores, "el bien que quiero hacer esto hago mal (…)”

Mi mayor error es que creo que la gente me entiende, probablemente entenderá porque escribo esto (…)

El dolor, en esencia, sólo se siente en la primera persona del singular.

”Acerquémonos a Dios y pongamos a él nuestras necesidades, él nos entiende”
MINHA dor...
Erro quando penso que os outros conseguiram entender o que se passa dentro de mim.

Penso que conseguiram entender minhas angustias, minhas decepções;

Mais não entendem porque as minhas decepções são minhas, eu criei a expectativa e ela me quebrou;

Quando estou fraco penso que entenderam o motivo da minha fraqueza, mais ao contrario falam que nunca vou conseguir vencer assim, por que sou fraco!

Falam que não posso demonstrar a minha fraqueza, que tenho que ser forte nos tempos de tribulação,

mas o interessante é que o mesmo Paulo que eles falam ser um homem espiritual, falou que é na nossa fraqueza que somos fortes, e também fala que abertamente de seus erros, " o bem que devo fazer este não faço mais o mal que não devo cometer isso que cometo".

O meu maior erro é que penso que as pessoas me entenderam, provavelmente você que me lê nem entendeu o porque deste texto(desabafo)!

A dor na sua essência só é sentida na primeira pessoa do singular!

miércoles 18 de noviembre de 2009

¿POR QUÉ NO PODÍA DORMIR BETTY?

¿POR QUÉ NO PODÍA DORMIR BETTY?

Ya casi había pasado una hora después de la hora en que Betty acostumbraba dormirse. Pero Betty no había podido dormir nada. Sus grandes ojos azules sencillamente se resistían a quedarse cerrados. ¡Y aun cuando los cerraba a la fuerza, el sueño no le venía! Fue entonces cuando la luna, grande y redonda, se elevó en el cielo y se asomó por encima de la casa de los vecinos, alumbrando directamente por la ventana sobre la almohada de Betty.
—¡No me tienes que mirar así, luna fea! —refunfuñó Betty—. Porque tú no sabes nada de lo que pasó. Tú no estás aquí durante el día, y por eso no sabes quién fue. Así es que no te metas en asuntos ajenos! Betty se sintió mal por haberle hablado así a la luna, ya que a ella siempre le había gustado cuando los rayitos de luz de la luna penetraban su dormitorio y alumbraban su almohada.
Nuevamente Betty trató de cerrar los ojos y dormir. Pero el grande reloj en la pared del zaguán con su tic tac parecía decir: “¡Te vi, te vi!” A Betty siempre le había gustado el alto y viejo reloj, y nunca antes parecía haber dicho: “Te vi, te vi”. Pero esta vez casi aborrecía su continuo tic tac.
—¡Tú tampoco sabes nada, relojucho grandote! —dijo Betty en voz baja—. Porque tú estabas en el zaguán y no viste nada. ¡Así es que cállate y no digas nada! El dormitorio de Betty estaba junto al de sus padres. Betty no tenía miedo pero no le gustaba estar acostada despierta y sola. Un grillo se detuvo junto a la ventana lo suficiente para cantarle a la niña su alegre cri-cri. Pero para ella sólo parecía estarle diciendo: “¡Te vi, te vi!”
—¡Lo mejor es que sigas tu camino, grillo feo! —dijo Betty con voz un tanto fuerte.
Su voz despertó a Paquita la lora. Paquita dormía en su jaula al otro lado del dormitorio.
—¡Paquita sabe! —dijo el ave, y la pobre Betty casi rompe a llorar.
—¡Tú no sabes, Paquita! —la regañó—. ¡Tú no has estado en la cocina en todo el día!
En ese instante, cuando Betty trataba una vez más de dormir, se oyeron pasitos suaves en el piso. Teddy, el perrito de Betty, entró corriendo al dormitorio y saltó sobre la cama. A él le encantaba echarse allí con Betty de vez en cuando, y dormir. A Betty también le gustaba. Pero cuando él se recostó sobre la mano de Betty y empezó a gemirle, Betty pensó que le decía: “¡Te vi, te vi, te vi!”
¡Ya era demasiado! ¡Aun Teddy, su mejor amigo, se había puesto en su contra! La pequeña niña empezó a llorar mientras decía: —¡Ay sí, Teddy, tú me viste!
Betty sollozaba mientras Teddy saltaba a su alrededor como queriendo consolarla. Finalmente Betty dijo: —Sí, Teddy, tú... tú lo sabes; y creo que de... ¡debo ir a hablar con Mamá!
Pocos minutos después, la madre despertó por los sollozos de la niña junto a su cama. Ella extendió sus brazos y abrazó a Betty.
—¿Qué pasa, mi niña? —preguntó ella.
—¡Oh, Mamá! —empezó Betty entre lágrimas—, yo me porté muy mal hoy en la tarde cuando usted no estaba. Pero es que yo quería tanto comer de la mermelada. Así es que comí y comí hasta que casi me la acabé. Y entonces... bueno, yo no quería confesárselo pero creo que debo hacerlo porque yo me porté muy mal y ahora no puedo dormir.
—Sí, mi hija, dime todo lo que pasó —dijo su madre.
—Bueno, yo... yo agarré al pobre Teddy y lo encerré en el armario para que pareciera que él se la había comido. ¡Oh Mamá, lo siento mucho, mucho, mucho!
Con un beso, su mamá la perdonó y le contó cómo ella ya sabía lo que había pasado. Entonces Betty le preguntó cómo se había dado cuenta.
—Porque tu perrito no hubiera usado una cuchara para comerse la mermelada, y yo encontré una cuchara en el vaso —le explicó su mamá. Entonces acomodó a Betty nuevamente en su cama, y luego la luna brillante, el viejo reloj, y el grillo, todos hicieron su parte lo mejor que pudieron para arrullarla en un dulce sueño. Betty nuevamente se sintió feliz y contenta por haberle confesado todo a su mamá.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Noviembre-diciembre 2001, Volumen 15, página 33. Usado con los permisos correspondientes.

martes 17 de noviembre de 2009

Fallas: Una mano amiga.

Fallas: Una mano amiga.

Anderson Menger
http://andersonmenger.blogspot.com

Mi vida se basa en el fracaso, pues, que me hace ver lo pequeño e imperfecto que soy y me ayuda a depender de los demás.

Cuando fracaso, cuando estoy en el suelo, acostado por aquello que más me afecta, y por eso he caído, necesito la mano de alguien próximo para levantarme.

Cuando estoy de pie estar tomado de la mano de otros se convierte en innecesario, puedo ser auto-suficiente deseo que dependan de mí para subir la montañas grandes de la vida, pero, de nuevo olvido que lo que hace a los hombres tropezar y caer son los pequeñas piedras de la carretera y no las grandes montañas .

Si yo estuviera tomado de la mano de alguien, aún con estas piedras pequeñas que generan grandes caídas, sería incapaz de deslizar y no caer. He encontrado esa ayuda que me levanta del fracaso en una parte de los demás.

Sin embargo, caído, con heridas en el alma, la mano amiga me llama, humillado, pretendí no verla, pero su mano me tocó, y me di cuenta que con el individualismo no hay manera de continuar este camino muy hermoso y rocoso de la vida.
Los fracasos de mi día a día me hacen crecer en mi humanidad.


Fracassos [1] - A mão amiga
Minha vida é construída por fracassos, por que eles, que me fazem ver o quão pequeno e falho sou, ajudam-me a depender dos outros!

Quando fracasso, estou ao chão, caído derrubado por aquilo que mais investi, e que foi o que me tombou; necessito da mão do proximo para me levantar.

Quando estou em pé, a mão do próximo se torna alheia, desnecessária, torno-me auto-suficiente, mostrando que dependo de mim mesmo para escalar as grandes montanhasa da vida, mas novamente esqueço que o que faz o homem tropeçar e cair são as pequenas pedras do caminho e não as grandes montanhas.**

Se estivesse em meu caminho com a mão amiga me apoiando, essas pequenas pedras que geram grandes tombos, teria a possibilidade de resvalar e não cair, mas considerei aquela mão amiga que me ajudou a levantar do meu fracasso, uma mão alheia.

E mesmo assim caído, fracassado, com feridas na alma, a mão que chamava de alheia se estendeu, humilhado, fiz de conta que não a vi, mas mão amiga me tocou, e então percebi que com o individualismo, não se tem como prosseguir nesta tão linda e pedregosa estrada da vida!

Os fracassos do meu dia-a-dia me fazem crescer em minha humanidade!

lunes 16 de noviembre de 2009

LA PISTOLA Y LA ORACIÓN.

LA PISTOLA Y LA ORACIÓN.

Henry Preza.

Con mi padre salíamos todos los sábados y domingos a evangelizar e invitar para la iglesia. Yo tenía como tres años de estar en el evangelio y él igualmente. A veces salíamos con algún megáfono a predicar a las esquinas de las calles y después nos íbamos repartiendo tratados casa por casa e invitando para alguna de nuestras células.

Un señor que vivía exactamente enfrente de una célula siempre nos recibía desde afuera de su casa y escuchaba nuestra invitación. Nunca, por varias semanas se mostró negativo a nuestras invitaciones.

Él era un hombre divorciado que apenas unos meses se había acompañado con una jovencita de unos 16 años. Producto de ésta relación adultera la joven estaba embarazada y apunto de dar a luz. Varias veces él y la niña nos acompañaron a la reunión de la célula.

La semana antes del incidente de ese sábado la niña había perdido su bebé el cual llevaba cálculo unos cinco meses de gestación.

Esa tarde nosotros tocamos nuevamente la puerta, un muchacho abrió y nos dijo que pasáramos, como teníamos previsto que él se podía sentir destrozado entramos para orar por él y darle palabras de consuelo sobre el bebé.

En el momento que entramos nos dimos cuenta que habían otras personas dentro de la casa evidentemente drogados y el hombre de unos cuarenta años de edad estaba bajo los efectos del alcohol y algún tipo de droga.

Cuando entramos uno de los hombres al lado de una pared y después nos dijo que nos sentáramos. El señor empezó a hablar echándole la culpa a Dios por lo que le había pasado e inmediatamente después la culpa a nosotros por no haber orado lo suficiente. Después empezó a decir un dicho del antiguo testamento: “Ojo por ojo y diente por diente.” Yo empecé a orar en mi mente y en ese instante el hombre sacó una pistola y el otro muchacho se casó del fusil del fondo de la casa. Seguramente tenía intenciones de matarnos.

Él comenzó a decirnos todo tipo de obscenidades y a cargar su arma. Yo sentí que mis piernas se pusieron débiles y mi papá comenzó a orar en voz alta. En ese instante yo comencé a orar más intensamente.

Mi papá pensó que si ese iba a ser nuestro último día teníamos que orar por éstos hombres. Así que en voz fuerte empezamos a orar suplicando misericordia por los hombres.

Cuando ya él nos tenía apuntados con el arma comenzó a llorar y sin pensarlo ni preverlo mi papá y yo tomamos una misma decisión, acercarnos rápido donde el hombre y como de acuerdo le pusimos las manos y empezamos a orar por él.

Inmediatamente la primera oración el hombre cayó de rodillas llorando como un niño y después se desmayó.

El otro hombre estaba asustado y bajó el arma. El muchacho que estaba en la puerta cuidando que no escapáramos estaba pálido y preguntó que le habíamos hecho. Vimos que las intenciones de los no desmayados eran terminar lo que el otro no había empezado.

En ese instante mi papá dijo con una voz muy fuerte:

“En el nombre de Jesús ábranos la puerta y déjenos ir.”

El hombre empezó abrir la puerta rápido como si tuviera un gran miedo y salimos corriendo de esa casa.

Dios nos guardó de la muerte, pero, estuvimos muy cerca.

Meses después seguimos visitando a éstas personas que estaban sumamente impactadas, primero de lo sucedido y después de haberse sentido amarrados y obligados a abrir la puerta.

El hombre que hizo intentos de matarnos recibió a Cristo meses después y creo que sigue perseverando hasta el día de hoy. Actualmente me cuentan que dejó su estado de fornicación y vive luchando agradar a Dios.

domingo 15 de noviembre de 2009

¿ERES HERMANO SATANÁS O HERMANO ACUSADOR?

¿ERES HERMANO SATANÁS O HERMANO ACUSADOR?

Anderson Menger
http://andersonmenger.blogspot.com

La palabra de Dios nos dice que como cristianos debemos seguir el ejemplo de Jesucristo, con la mente y el carácter de él.

Más una vez escuché a un gran tumulto, y en medio de todas las personas venía una mujer que fue presentada (a Jesús) por los hombres (que venían) como un animal, (esto lo hicieron) nuestros hermanos religiosos.

Lo más sorprendente es que ella había sido sorprendida en adulterio y debía ser muerta, pero, es más interesante que ella había cometido el adulterio sola ¿Dónde está el hombre? Sí, la ley decía que ella debía ser apedreada, más la ley también decía que los dos debían ser apedreados.

Ante la inteligencia de ellos, Jesús mostró su sutileza, y dijo: "Quién de vosotros esté sin pecado que tire la primera piedra."

¿Qué pasó? No había nadie, comenzando con los niños empezaron a salir todos, y Jesús le dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados". Ese fue un momento de gracia y de misericordia.

Más hoy la historia se repite, hermanos que asumen el papel de satanás, pero, cuando ven al hermano contra el que han cometido la imprudencia con sarcasmo le dicen: “Gracia y paz hermanito.” Y tratan de hacer justicia con sus propias bocas hablando de los tales, pero, no se dan cuenta del grave error que están cometiendo, mayor que el del hermano que pecó, pues, están tomando el lugar de satanás, el acusador de los hermanos. Con esto, tratan incluso, de manera inconsciente demostrar que son más justos y santos que los demás. En realidad, están tratando de mostrarse así porque hay en ellos algo oculto y lo hacen para aliviar sus conciencias pensando que hay personas que son peores que ellos.

Le pido a usted que considere su enfoque, que seamos como Cristo, con su gran amor y misericordia y no como satanás, fiscales fugaces.


Apocalipsis 12:10 dice: “Luego oí en el cielo un gran clamor: "Han llegado ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios; ha llegado ya la autoridad de su Cristo. Porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.”


"Irmão Satánas - O Acusador"
A palavra de Deus, nos fala que como cristãos devemos seguir o exemplo de Jesus Cristo, termos a mente e o caráter d’Ele.
Mais certa vez ouve um grande tumulto, e no meio daquilo tudo saí homens com uma mulher sendo trazida a Ele como um animal por esses homens, os nossos irmãos religiosos. O incrível que tinham pegado a mulher em adultério e ela deveria ser morta, mais interessante é que ela cometeu adultério sozinha[e onde está o homem?], conforme a lei deveriam apedrejá-la, mais a lei também fala que os dois deviam ser apedrejados. E na esperteza deles, Jesus mostrou a sua sutileza, e falou: “Quem entre vós não tiver pecado atire a primeira pedra!”
Que aconteceu? Não ficou ninguém, a começar pelos mais velhos foram se retirando todos, e Jesus declarou para aquela mulher: “Seus pecados estão perdoados!”. Que momento de graça e misericórdia.
Mais hoje a história se repete, “irmãos” tomam o papel de satanás para si; sendo acusadores de seus irmãos, quando vêem um irmão cometendo alguma imprudência chegam com um ar sarcástico, “Paz e Graça, IRMÃO!” e tentam fazer justiça com sua própria boca, sendo assim, falando para todos o gravíssimo erro do fulano de tal.Os que assim fazem, não enxergam que estão fazendo pior, do que aquele “irmão pecador”, porque estão tomando o lugar de satanás, que é de acusar! E também no seu inconsciente querem mostrar que são mais justos, santos, que os demais.Mais todos os que tentam fazer isso, é porque tem alguma coisa oculta, então faz isso para aliviar a sua consciência, dizendo que tem gente pior do que ele.Peço a você esteja analisando, seu proceder, que sejamos parecidos com Cristo, com seu grande amor e misericórdia, e não com Satanás, um acusador fulgaz.

Apocalipse 12.10 –E ouvi uma grande voz no céu, que dizia: Agora é chegada a salvação, e a força, e o reino do nosso Deus, e o poder do seu Cristo; porque já o acusador de nossos irmãos é derrubado, o qual diante do nosso Deus os acusava de dia e de noite.

sábado 14 de noviembre de 2009

EL GRAN PECADO DE LA HOMOSEXUALIDAD

EL GRAN PECADO DE LA HOMOSEXUALIDAD

James Wolfe

Tengo 67 años. Nací precisamente en la época en que empezaba la gran depresión en los Estados Unidos.
Crecí durante esos años difíciles. Llegué a los años de la juventud en la época en que el mundo vivía la peor guerra en su historia.
Recuerdo cuando el vuelo de un avión sobre nuestro pueblo era suficiente para que las madres y los niños se precipitaran fuera de sus casas para verlo. Recuerdo cuando mi hermano y yo podíamos comernos un cono de helados una vez a la semana, y como yo me sentía afortunado porque los niños del vecino nunca podían disfrutar nada parecido. Recuerdo cuando mi tío murió de apendicitis porque en ese tiempo no había ni siquiera un antibiótico. En otras palabras, he visto suficiente como para saber que el mundo ha cambiado y en qué dirección ha cambiado.
Yo era profesor de física en Indiana de los Estados Unidos cuando me convertí al cristianismo en el año 1961. Pero antes de eso, durante los primeros treinta años de mi vida, llevaba una vida disoluta y libertina. Tenía problemas con el licor y era adicto a toda clase de vicios. A pesar de todo eso, nunca conocí a ningún hombre que estuviera viviendo en unión libre con una mujer. Nunca conocí ni supe de ningún homosexual ni de una lesbiana. En toda mi familia, tanto de parte de mi padre como de mi madre, no había ni un solo caso de divorcio. En las escuelas de nuestro tiempo no contrataban a ningún profesor que no se condujera con la mayor pureza y decoro. Un gran porcentaje de las mujeres eran vírgenes cuando llegaban al matrimonio.
Es decir, la sociedad no aprobaba la inmoralidad.
Pero, veamos nuestra sociedad de hoy en día. Gran parte de los adultos menores de 50 años están ya en su segundo o tercer matrimonio.
Casi todos los jóvenes y jovencitas al terminar la secundaria ya han perdido su virginidad, y muchos están viviendo en fornicación con su amante. La homosexualidad es un mal desenfrenado, que ya es muy aceptado. Además va en aumento cada día.
Las escuelas públicas son fosas del vicio y la adicción. Los profesores, en general, son malos ejemplos para nuestros hijos. La mayor parte de la sociedad cree que los científicos se encargarán de resolver nuestros problemas. Por último, nunca ha habido un tiempo en la historia de la humanidad en que la gente se haya entregado a tanto placer, y haya invertido tanto tiempo en buscarlo y disfrutar de él. En pocas palabras, nuestra sociedad está inflada con orgullo, se embriaga en la opulencia, y dispone de mucho tiempo libre para gastarlo en la maldad. Francamente, nuestro mundo ha llegado a ser muy igual a la Sodoma del Antiguo Testamento.
Pero ha sido solamente en estos últimos años que se ha dado este cambio.
De todos los pecados que padecía Sodoma, la homosexualidad es el que se describe más claramente en la Biblia. De hecho, es el único pecado que se nos describe en ese relato histórico.
Por lo tanto, podemos decir con certeza que Dios destruyó completamente a Sodoma y a sus habitantes, a excepción del justo Lot y su familia, por causa de ese pecado, el gran pecado de la homosexualidad.
Quisiera recordarle al lector que ese tremendo juicio cayó sobre un pueblo gentil aun antes de que fuera dada la ley en el Monte Sinaí. Cuando era pecador, yo pensaba como pecador, hablaba como pecador, y actuaba como pecador. Sabía que yo era lo que la Biblia llama pecador. Nunca se me ocurrió
ni siquiera tratar de cambiar o pervertir las Escrituras para justificarme en mis pecados. Yo sabía que era pecador. No trataba de disimularlo. Sencillamente no me importaba que así fuera. No creía en un Dios que le pide cuentas a cada persona, ni creía en el juicio ni en el infierno. Pero sabía que si la Biblia estaba en lo cierto, yo era, sin duda, un pecador merecedor del fuego infernal.
En los 37 años que tengo de servir al Señor, he hablado con muchos que viven en fornicación.
Les he hablado de su pecado y he tratado de conducirlos a Cristo. Muchas veces les he mostrado los pasajes de la Escritura que condenan la fornicación como pecado y que dicen claramente que los fornicarios no irán al cielo. No recuerdo ni una sola ocasión en que alguno haya tratado de torcer las Escrituras para justificar su pecado. Muchos han dicho que no creen lo que dice la Escritura, o que no les importa. Pero ninguno ha tratado de hacer que la Biblia diga lo que no dice, como si con su rebeldía pudieran hacer que Dios cambie su palabra.
Pero, según lo que podemos ver en el relato histórico en Génesis 19 y según lo que nos dice el profeta Ezequiel en el capítulo 16, una de las características de Sodoma era su orgullo arrogante. Esa misma arrogancia persiste entre los homosexuales pero no se encuentra entre fornicarios ni adúlteros. La actitud muy común entre los homosexuales es el intento orgulloso de querer obligar a Dios a que acepte su pecado por medio de torcer las Santas Escrituras.
Cuando alguien les predica de la Biblia y les muestra cómo ésta condena de manera tajante la homosexualidad, y cómo establece claramente que ningún homosexual entrará en el reino de los cielos, los homosexuales reaccionan violentamente. Muchas veces atacan al predicador tratando de obligarle a aceptar como verdad lo que la Biblia no dice.
Una de las cosas que disgusta a la mayoría de los heterosexuales es la hipocresía perversa del homosexual. ¿Y qué pretenden lograr? ¿Para qué ser hipócrita? ¿Creerán los homosexuales que al torcer las Escrituras que condenan la homosexualidad, podrán cambiar al Dios Todopoderoso? ¿Realmente creerán que pueden obligar a Dios a darles la entrada al cielo?
¿Creerán que pueden de alguna manera cambiar la verdad, negándose a aceptarla, y así hacer que Dios cambie su parecer al ver que ellos permanecen firmes en su rechazo de lo que él ha dicho? Ésta es la arrogancia de Sodoma y traerá sobre sí la misma condenación que trajo sobre Sodoma. Yo no puedo darle ningún apoyo al homosexual que pretende tener algo de santidad, así como no puedo dárselo al borracho o adúltero que dice ser cristiano.
En el principio el plan de Dios fue que las relaciones sexuales se dieran única y exclusivamente en el matrimonio. Después de todo, el coito es el medio por el cual se propaga la raza humana y ése es su propósito principal. Además, tiene el propósito de ser la forma más íntima de unión física que pueda existir, a través de la cual se experimenta y expresa el amor matrimonial y el compromiso con el otro. Por este hecho, el matrimonio no está completo si no se lleva a cabo el coito. Ya que los homosexuales no pueden realizar el coito, para ellos físicamente es imposible ser un matrimonio. Tal vez puedan realizar ciertos actos sexuales, pero les es absolutamente imposible realizar el coito lo cual, según la Biblia, constituye un aspecto sumamente importante en el matrimonio.
Desde la caída del hombre al estado corrupto y depravado, su costumbre ha sido corromper todo lo bueno que Dios le ha dado, aunque eso sólo le traiga dolor y tristeza en la vida. Cada vez que el hombre o la mujer hace uso ilegítimo de algo legítimo y hecho por Dios, podemos decir que comete un pecado de uso natural (Romanos 1:26-27). Por lo tanto, cuando un hombre y una mujer solteros tienen relaciones sexuales, cometen el pecado natural de la fornicación. Cuando la persona casada tiene relaciones sexuales con otra persona que no sea su cónyuge, comete el pecado natural del adulterio. Dios abomina estos pecados los cuales traerán condenación y maldición sobre el pecador. Pero ya que son pecados de uso natural, pocas veces traen el juicio inmediato de Dios sobre una nación.
Puesto que la fornicación y el adulterio son pecados de uso natural, han prevalecido entre nosotros desde el principio. En toda nación, desde el principio, ha abundado estos pecados porque son usos ilegítimos de una función natural. Existe una atracción entre los dos sexos que es natural y diseñada por Dios. Esa atracción es para asegurar la continuación de la raza humana. Como seres humanos racionales que somos, Dios espera que controlemos este impulso y lo usemos únicamente dentro de los límites del matrimonio. Pero ya que el hombre es una criatura caída, siempre está propenso a experimentar en lo prohibido, aun cuando eso lo lleva a la destrucción. Por lo tanto, el pecador a menudo comete este tipo de pecado.
Pero, aunque haya alguna explicación en el caso de los pecados de uso natural, no hay ninguna explicación para los pecados que son contra la naturaleza, o sea, los pecados de perversión. Se requiere una mente totalmente diferente o depravada para meterse en los pecados de perversión como la homosexualidad. No existe ninguna ley de atracción natural entre miembros del mismo sexo. No puede resultar ningún producto ni la concepción de un niño de un acto homosexual. No tiene ningún propósito natural, como la continuación de la raza humana, porque la homosexualidad nunca puede procrear. Al contrario, la homosexualidad impide la continuación de la raza y si todos se volvieran homosexuales, la raza humana se extinguiría. Ésta es una prueba irrefutable de que la homosexualidad es una perversión.
De ninguna manera la homosexualidad puede ser una expresión del verdadero amor porque Dios no la planeó. La homosexualidad es un producto satánico de la mente caída y corrupta del hombre. En el principio Dios creó al hombre y la mujer y los hizo de tal forma que pudieran unirse en una sola carne. Pero Dios nunca planeó ninguna forma en la que hombre con hombre ni mujer con mujer puedan unirse en una sola carne. La unión de cualquiera de estos dos es sólo una monstruosidad apestosa ante Dios. Y según el apóstol Pablo en Romanos

1. la única razón por la que existe la homosexualidad es porque la persona
ha rechazado a Dios.

Por lo tanto, es absolutamente imposible ser cristiano y homosexual a la vez.
La perversión sexual de la homosexualidad sólo puede producir más perversión. Una vez que la sociedad o el individuo acepta la homosexualidad, automáticamente resulta en una degradación.
No es posible practicar ninguna clase de perversión sin también sufrir cambios y terminar con una mente reprobada (Romanos 1:28).
Después de la homosexualidad sigue la pederastia, después el sadismo, y el masoquismo. Todo esto va acompañado de terribles perversiones que no podemos mencionar. Y no hay fin a la horrible lujuria que empieza a controlar la mente de la persona pervertida. Los individuos se tornan en bestias y las naciones se tornan depravadas. Cuando los hombres o las mujeres se entregan a la homosexualidad, se precipitan en un abismo de lujuria en el que nunca encontrarán satisfacción. Es un hecho muy lamentable que el homosexual está destinado a una vida de sueños sin realizar. La persona busca amor pero sólo encuentra lujuria. Busca compañerismo pero sólo encuentra lujuria.
Y cuando llega a la vejez no le queda nada porque no hay procreación en una relación homosexual. Así es que en su vejez no le queda ni amor, ni compañerismo, ni lujuria. No tiene quien lo cuide porque no procreó hijos. Nunca ha resultado ni puede resultar nada bueno de ninguna clase de relación pervertida y ciertamente ése es el caso de la homosexualidad.
Por el hecho de que el hombre en su naturaleza caída no tiene la salvación, todas las perversiones que puedan existir se hallan en el corazón de cada persona desde su nacimiento. Éste es el resultado del pecado de Adán. En el interior de cada persona está la homosexualidad, la pederastia, el homicidio, el sadismo, y todas las otras formas de pecado. No ha nacido nadie en este mundo que no sea susceptible a cada uno de estos pecados porque están en el mismo corazón. Todo depende de las decisiones que tome la persona.
La persona no se vuelve homosexual porque nació con una inclinación homosexual mientras que otros no. La semilla de la homosexualidad se encuentra en toda persona. Es precisamente por eso que el homosexual tendrá que dar cuentas a Dios por cometer ese pecado. Los homosexuales no tienen que ser homosexuales. Lo son por decisión propia.
Yo puedo decir esto por experiencia propia, porque recuerdo ocasiones en mi juventud cuando me vi tentado a practicar la homosexualidad. Pero sabía en mi corazón que era malo. Yo no sé lo que hubiera hecho de haber sido joven en estos tiempos modernos en los que la homosexualidad es aceptada. Pero, como en los años de mi juventud la homosexualidad no era aceptada por la sociedad, nunca me metí en ella. Más bien seguí el curso de la naturaleza llegando a ser un heterosexual normal.
Pero fue la decisión que yo tomé. Y como es un asunto de nuestra propia decisión, ante Dios somos responsables y le daremos cuenta.
Si tú eres homosexual, en tu corazón sabes bien que lo que estás haciendo es malo; no importa cuánto te hayas endurecido, tendrás que dar cuenta a Dios porque en algún momento le pasaste por encima al Espíritu de Dios para practicar un pecado tan abominable.
Pero puedes ser rescatado si tú lo deseas. Jesús murió para salvarte de tus pecados.
No te equivoques en cuanto a la homosexualidad, y no seas engañado, porque Dios no puede ser burlado. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Si tú siembras el abominable pecado de la homosexualidad, eso es lo que cosecharás.
No importa lo que diga la sociedad. De todos modos, ella no va a ser tu juez. Tu juez será el Dios santo cuyos ojos son tan puros que no puede tolerar la iniquidad. Tu juez será aquel que dio a su Hijo unigénito para que muriera de manera que tú puedas ser rescatado de todos tus pecados y vivas limpiamente en este mundo. Jesús derramó su preciosa sangre en la cruz para que tú puedas ser librado del gran pecado de la homosexualidad. Si te aferras a tus lujurias, estás pisoteando su sangre como si fuera una cosa inmunda. Entonces, ¿cómo piensas que escaparás de la ira ardiente de un Dios ofendido?
Consideremos las palabras del apóstol Pablo en 1 Corintios 6:9-11:
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones [los homosexuales], ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el
nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Claramente podemos ver que algunos de los santos en la iglesia de Corinto habían sido homosexuales.
Pero Pablo les dice que habían sido curados de ese pecado abominable por el poder del Espíritu de Dios. Querido amigo, si tú eres homosexual, créeme que esto lo he escrito en amor reconociendo que yo pudiera haber sido lo que tú eres ahora. Hay libertad de la homosexualidad a través de la sangre que derramó Jesucristo.
Él murió para salvarte de tus pecados. Pero si le vuelves la espalda y rechazas la libertad que te ofrece, y aun te niegas a reconocer que tu pecado es una abominación delante de Dios, entonces no tendrás ninguna excusa. Sólo te queda la ira de Dios como tu recompensa justa y merecida. En amor te ruego que te arrepientas mientras todavía hay tiempo.
Permíteme cerrar este artículo con unas palabras finales dirigidas a la clase de personas que superan a los homosexuales en perversidad.
Me refiero a los heterosexuales que defienden con fervor la homosexualidad. El pobre homosexual lucha contra una perversión carnal y sufre tentaciones fuertes.
Yo me compadezco de él en sus luchas y en sus fracasos. Pero el heterosexual que defiende la homosexualidad no está sufriendo esas tentaciones. No tiene que luchar contra esas poderosas tentaciones internas de la carne ni con la consecuente agonía en su conciencia.
Su pecado es espiritual. Su pecado es una rebelión abierta y declarada contra su Creador. Sabiendo lo que dicen las Sagradas Escrituras sobre este asunto, esa persona levanta su brazo en soberbia contra Dios, por pura rebeldía y perversidad de espíritu. Esa persona no tiene absolutamente ninguna excusa y morirá en su pecado y arderá en el infierno para siempre a menos que se arrepienta pronto.
Terminemos con la advertencia del apóstol Pablo en Romanos 1:32: “Quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”.
Es mi oración ferviente y mi deseo que esta obra lleve a muchos al arrepentimiento y al amor de Dios en Cristo Jesús que ama a todos y es amigo del alma de toda persona en todo lugar.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Noviembre-diciembre 2001, Volumen 15, página 4. Usado con los permisos correspondientes.

viernes 13 de noviembre de 2009

LA TRÁGICA MUERTE

LA TRÁGICA MUERTE

Henry Preza.

Siempre que terminaba un día de labores en la granja había que revisar todo. Desde los candados en las puertas, el abastecimiento correcto de comida para las gallinas y el agua suficiente.
Antes de salir uno debía estar bien seguro que todo estaba en orden. Cualquier error podría ser lamentable. Que le parece si el olvido de cerrar bien las puertas significaba el que el siguiente día uno encontrara a 2,000 gallinas fuera de su gallinero y dispersas en un kilómetro de distancia. O quizá significara un robo masivo. ¿Qué si se dejaba un chorro encendido y se ahogaban alguna docena de aves? Todos estos eran riesgos que no había que correr.

Sin embargo, cuando yo no entendía esto era muy fácil no darme cuenta de peligro que corrían las aves si yo me descuidaba. Mi padre me había ya contado experiencias que a él mismo le habían ocurrido tiempo atrás.

En una ocasión, cuando él se fue, olvidó cerrar un chorro y el siguiente día que regreso habían veinte gallinas muertas. Aunque esto quizá sucedía después de bastantes meses, la pérdida de una gallina era trágica. Significaba la pérdida de un huevo diario en aproximadamente un año. ¿Harían falta 300 huevos en un año? Por supuesto, era mucho dinero, por eso, era trágica la muerte de un ave. La muerte de ellas disminuía la producción.

Una tarde, por salir a la carrera con una cubeta llena de huevos deje por unos minutos abierto el gallinero. Cuando me di cuenta mi papá estaba entrando unas tres docenas de ellas. Muy molesto me explicó que debía asegurarme de cerrar bien el gallinero cuando saliera. Una gallina fue perseguida como 300 metros hasta que la pudieron agarrar.

La trágica muerte de estas aves, ese es el centro de mi pensamiento. Un error podía ser fatal e irremediable. Las gallinas ahogadas ya no nos servían de nada.

En estos días de tanta violencia igualmente un error puede ser fatal para las personas. Una mala conversación, una discusión sin sentido, una amenaza de mentiras, un pleito callejero o simplemente una discusión hogareña pueden desembocar en la muerte.

Un pecado como el adulterio, el robo, la desobediencia civil, pueden llevar a la muerte también.

Pero, el tan solo error de no recibir a Cristo Jesús es suficiente para que se ahoguen nuestras almas en condenación.

Por eso, cuán importante es entender la realidad de la muerte y estar preparados para recibir a Cristo Jesús cuanto antes para pasar una eternidad feliz viendo el rostro de Dios.

No te descuides, acércate a Dios en arrepentimiento y búscalo. Solamente arrepintiéndote, naciendo de nuevo y experimentando una conversión por la fe podrás estar preparado y podrás cerrar los chorros de tu vida, las puertas del infierno y escapar del daño.

jueves 12 de noviembre de 2009

LA HISTORIA DE MARIA CRISTINA.

LA HISTORIA DE MARIA CRISTINA.

Henry Preza.

El río Acelhuate fue uno de los desbordados durante las lluvias del pasado sábado 7 y domingo 8 de noviembre de 2009. Los lugares donde el río se desbordó cubrieron muchas casas, destruyó otras y se llevó vidas.

En una colonia en particular, que queda cerca de éste río, vivía María Cristina.

Ella, una mujer relativamente joven, de 52 años de edad, morena, católica, con varios hijos, vivía sola en una casa grande a cien metros del río Acelhuate. El sábado a las 11 de la noche la lluvia comenzó a arreciar, pero, ella al igual que cientos de personas pensó que nada ocurriría.

Comenzó un nuevo día y a la media noche esta mujer estaba intentando dormir. Mientras tanto decenas y decenas de personas comenzaban a sacar cosas, a correr y apartarse a un lugar más seguro. Los más jóvenes sacaban a los más viejos y ya el agua del río comenzaba a cubrir los pies de las personas. Todos en ésta colonia sabían que no era normal lo que estaba pasando y el sentido de supervivencia se encendió en los mayores.

Mientras tanto María se estaba dando cuenta que algo raro pasaba. Se dio cuenta que el agua estaba entrando por la puerta y aunque no era mucha quizá pensó que no era necesario salir.

A las 12.30 se oyó un golpe muy fuerte en el techo del último cuarto que María ocupaba como bodega. Comenzó a sentir como un río pasaba sobre el techo de su casa, dos vidrios de la ventana del cuarto donde otrora durmiera una de sus nietas se rompieron y María se dio cuenta que una gran cantidad de lodo entraba por su ventana y entonces se dio cuenta que algo malo pasaba. El lodo comenzó como goteras a caer de su techo, en su desesperación quizá se subió a la cocina intentando abrir una lámina, pero, la fuerza del agua que pasaba sobre el techo le impedía levantarla. El agua ya llegaba a la altura de unos 75 centímetros, el lodo era de unos 25 centímetros y a María le costaba caminar. En un momento de desesperación decidió abrir la única puerta de su casa, para escapar, una puerta mal construida que miraba hacía la corriente. Lamentó no tener una puerta del lado de la calle, lo cual, le hubiera salvado la vida. Cuando abrió la puerta la corriente fatal la empujó, cubrió un metro y medio de la casa, el lodo entró, como pudo se refugió en la esquina donde estaba la cocina, intentó subirse a una mesa, pero, esta fue empujada el fondo de la casa. Se subió a la esquina, el agua seguía entrando, en menos de un minuto, la cocina donde estaba fue llevaba por la corriente hacía afuera, comenzó a nadar como pudo, la puerta de salida estaba cubierta, ella estaba flotando, faltaban centímetros para que cubriera todo el cuarto y cuando esto sucediera, a menos que alguien la salvara, ella moriría.

Unos amigos se acordaron de ella y estaban luchando contra corriente para salvarla. Quisieron abrir una parte de la pared para que el agua bajara y ella pudiera respirar. Ella gritaba constantemente ¡Dios mío ayuda! y los amigos buscaban la manera de contener respiración y seguir trabajando.

El agua comenzó a descender en medio de los gritos y dolor, el hueco en la pared fue abierto, pero, cuando al fin pudieron acercarse donde estaba, la voz de María Cristina había se había apagado.

Horas después fue sacado su cuerpo sin vida.
****
Esta historia me fue relatada por sus vecinos, amigos y familiares en una de las jornadas de trabajo de remoción de escombros que llevamos a cabo en la casa de María Cristina estos días atrás junto con algunos de mis amigos míos y hermanos de varias congregaciones (menonitas y Asambleas de Dios).

Dentro de su casa encontramos lodo a más de 25 y hasta 50 centímetros de altura (lodo compuesto de químicos de fábricas, excremento de toda la zona metropolitana y residuos de aguas lluvias), en cuatro cuartos, que en total medían unos 15 metros cuadrados. Además del lodo encontramos su ropa sucia y hecha harapos, alimento en descomposición, electrodomésticos hechos basura y en una esquina sobre los restos de la cama encontramos un nuevo testamento abierto y cubierto de lodo donde sólo se podía leer el siguiente versículo: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”Romanos 1:18

Al hacer éste descubrimiento todos guardamos silencio y tristeza por lo acontecido.

Son cientos de personas las que se están solidarizando de una u otra manera con los damnificados y los muertos que se prevé serán un poco más de 300 personas.

Nuestro país está vulnerable. ¿Hasta cuándo haremos algo por darle un buen trato a la creación de Dios y viviremos como personas que amamos a Dios y cuidamos su creación?

A HISTÓRIA DE MARIA CRISTINA.

Acelhuate Rio foi um dos alagadas durante as chuvas de sábado 7, e Domingo 8 de Novembro de 2009. Os lugares onde o rio transbordou coberto muitas casas, destruíram os outros e teve vidas.

Em uma colônia em particular, que está perto desse rio, viveu Maria Cristina.

Ela, uma mulher relativamente jovem, 52 anos, pardo, católico, com vários filhos, morava sozinho em uma casa grande de uma centena de metros do rio Acelhuate. No sábado, às 11 horas a chuva começou a apertar, mas junto com centenas de pessoas achavam que nada iria acontecer.

Começou um novo dia e à meia-noite a mulher estava tentando dormir. Enquanto isso, dezenas de pessoas começaram a levar as coisas e fugir para um lugar mais seguro. Younger chamou o mais velho e porque a água do rio começou a cobrir os pés das pessoas. Todos nesta colônia sabia que não era normal o que estava acontecendo eo senso de sobrevivência foi acesa no idoso.

Enquanto isso, Maria estava percebendo que algo estava errado. Ele percebeu que a água estava entrando pela porta e, apesar de não pensar muito, talvez, não era necessário sair.

Em 12:30, houve um pesado golpe no teto do quarto trimestre de que Maria ocupada como armazém. Ele começou a se sentir como um rio que corria sobre o telhado de sua casa, duas janelas da janela do quarto onde uma vez que uma de suas netas dormiu quebrou e Maria percebeu que uma grande quantidade de lama que vem através de sua janela e então percebeu algo de ruim aconteceu. A lama começou a cair no telhado de sua fuga, talvez em desespero, foi para a cozinha tentando abrir uma imagem, mas a força da água passando por cima do telhado o impediu de levantar. A água chegou à altura de cerca de 75 centímetros, o lodo foi de cerca de 25 polegadas e Maria tinha problemas para caminhar. Num momento de desespero, decidiu abrir a única porta de sua casa para escapar, uma porta foi mal construída que parecia atual. Ele lamentou não ter uma porta no lado da rua, que teria salvado sua vida. Quando ele abriu a porta empurrada corrente fatal, coberto de cinco metros da casa, a lama veio, como poderia fugir para o canto onde estava a cozinha, tentou subir em uma mesa, mas esta foi empurrada para o fundo do casa. Ele subiu para o canto, a água continuou chegando em menos de um minuto, a cozinha, onde ele foi levado pela corrente para fora, começou a nadar como podia, a porta estava coberto, ela estava flutuando, de modo que falta polegadas cobrindo toda a sala e quando isso acontece, a menos que alguém salvou, ela iria morrer.

Alguns amigos lembrou-se dela e estava lutando para economizar energia. Elas queriam abrir uma parte da parede de modo que a água para baixo e ela pudesse respirar. Ela chorava constantemente a ajuda de Deus! e amigos estavam tentando prender a respiração e continuar trabalhando.

A água começou a cair em meio ao choro e dor, o buraco na parede foi aberto, mas quando eles finalmente foram capazes de chegar onde ele foi a voz de Maria Cristina tinha sido desligado.

Horas depois seu corpo foi retirado sem vida.
****
Esta história foi contada por meus vizinhos, amigos e familiares em um dos dias de trabalho por remoção de detritos que realizamos na casa de Maria Cristina esses dias para trás, juntamente com alguns dos meus amigos e meus irmãos de várias congregações (menonitas e Assembléias de Deus).

Dentro da casa há mais de 25 lama e 50 cm de altura (as lamas provenientes dos compostos químicos, dejetos de toda a área metropolitana de águas pluviais e resíduos) em quatro trimestres, o que no total, mede cerca de 15 metros quadrados. Além da lama e roupas sujas são ásperas, comida podre, lixo e aparelhos feitos em um canto com os restos da cama vai encontrar um novo aberto e coberto de lama, onde você só podia ler o seguinte verso: "Porque a ira de Deus se revela do céu contra toda impiedade e perversão dos homens que detêm a verdade pela injustiça. "Romanos 1:18

Ao fazer esta constatação todos manter o silêncio e tristeza pelo que aconteceu.

Há centenas de pessoas que estão solidarizante de uma forma ou de outra com as vítimas e os mortos que se espera ser um pouco mais de 300 pessoas.

Nosso país é vulnerável. Quanto tempo fazer alguma coisa para dar-lhe um bom negócio para a criação de Deus e viver como pessoas que amam a Deus e cuidar da criação?

Henry Preza.

miércoles 11 de noviembre de 2009

ESTANDO ATENTOS A NUESTRO ALREDEDOR.

ESTANDO ATENTOS A NUESTRO ALREDEDOR.

Henry Preza



Cuando era un niño trabajaba en una granja junto a mi padre. Me gustaba mucho recoger los huevos, llevar comida, proporcionarles el agua a las aves. Más que un trabajo era una satisfacción ver todos los días esas centenares de aves y saber que dependían de nosotros.

Mi padre se encargaba de enseñarme todo sobre la granja. En la tarde cuando las gallinas habían dejado de producir salíamos por los cafetales a caminar y agarrar reptiles. Debido al peligro de ladrones que andaban por el cafetal siempre andábamos atentos a lo que pasaba. Mi papá llevaba un machete para quitar la maleza. Cuando oíamos pasos nos deteníamos y nos agachábamos un poco hasta que no se escuchara nada. Cuando uno esta un poco solo, lejos de la ciudad, en un lugar peligroso, es necesario estar atento, ya que perder la atención puede ser fatal.

Además, del peligro habían momentos sumamente graciosos, pero, que igual podían no haber sido graciosos si hubiéramos puesto atención.

Por ejemplo, en una ocasión nosotros le seguimos la pista a un reptil, nosotros acá les llamamos garrobos. Aunque no los comíamos, era un deporte agarrarlos, alimentarlos unos días y dejarlos ir. A veces también los regalábamos a alguien que si los comiera. Había mucha gente pobre que cazaba estos animales para subsistir.

Este garrobo era muy grande, tenía una cola muy hermosa y era muy veloz. Nos íbamos por un barranco siguiéndole la pista. No sabíamos donde estaba su cueva, ni tampoco cómo agarrarlo. Tardamos varios días en investigarlo. Los primeros días, aunque lo tuviéramos cerca lo alimentábamos y lo seguíamos sin que él nos viera. Así, lo gramos saber dónde vivía y decidimos que pronto sería la persecución.

Yo me fui con un machete y mi papá también, él llevaba un lazo para traer al reptil como un perro. Para la gente era gracioso lo que hacíamos con estos animales. Nunca los maltratábamos, en especial porque eran animales violentos y peligrosos.

Era una tarde algo oscura, apenas unos momentos antes había un sol muy fuerte, pero, acababa de oscurecer por una nube que se hbía posado sobre el sol. Ya eran pasadas las 2 de la tarde, mi papá iba por un sendero corriendo, yo iba detrás de él algo con risa y temor, el garrobo iba adelante, preocupado y rápido, ya se nos había escapado un par de veces, pero, al fin llegamos a un lugar donde lo rodeamos. Me distraje con un insecto que andaba cerca y de repente mi papá me dijo:

- Henry lo atrapé- Con una sonrisa dibujada en su rostro- Tenía al garrobo aguardado de la cola.
- Mientras él me miraba para ver mi reacción de felicidad no se dio cuenta que el garrobo se soltó de la cola y se fue.
Cuando volvió a ver sólo tenía del garrobo la cola llena de sangre y nos pusimos a reír, pues, el animal había sido más inteligente que nosotros y había aprovechado nuestra desatención para soltarse de la cola. Si tan sólo mi papá no me hubiera hablado y hubiera terminado de atrapar bien al reptil, éste no se hubiera escapado y alguien hubiera hecho una buena sopa.

Hoy, cuando ya tengo mi vida nueva en Cristo pienso en cómo nosotros como creyentes podemos perder la atención de lo más importante por cosas que no valen la pena. Quizá la traición, la hipocresía, la mentira, temas irrelevantes “de supuesta doctrina,” discusiones sobre creencias y culturas religiosas nos hacen olvidar la necesidad de ser verdaderos seguidores de Cristo. Nos olvidamos de Cristo por centrarnos en otras cosas.

Creo que Dios está en la diversidad de iglesias cristianas. Entre los bautistas, los pentecostales y no pentecostales, entre todos los creyentes verdaderos de Jesús. No importa las costumbres que tengan mientras sigan realmente a Cristo. Lo único que debe separarnos es el pecado y la doctrina falsa, pero, todas aquellas cosas que tienen que ver con la forma y no lo de fondo, en realidad no es más importante que Cristo Jesús quien es el motivo de todas estas iglesias.

Que todas las cosas que distraen nuestra atención no nos hagan olvidarnos de Cristo quien es el más importante.

martes 10 de noviembre de 2009

HURACÁN IDA EN EL SALVADOR

HURACÁN IDA EN EL SALVADOR

Henry Preza

Video de Youtube sobre tragedia. Usted puede ayudar comunicandose con la cruz roja salvadoreña. Al final damos los datos para comunicarse.







DIRECTORIO CRUZ ROJA SALVADOREÑA


Recaudación de Fondos

TELEFONO.
(503) 2219-22-85


Lic. Daysi Yanira de DeGeest

También puede contactar el gobierno de la República de El Salvador:
CASA PRESIDENCIAL -
REPÚBLICA DE EL SALVADOR

Alameda Dr. Manuel Enrique Araujo, No. 5500, San Salvador, El Salvador
Tel.: +503 2248.9000

lunes 9 de noviembre de 2009

ESTRAGOS QUE DEJÓ LA RESACA DEL HURACÁN IDA.

ESTRAGOS QUE DEJÓ LA RESACA DEL HURACÁN IDA.

Henry Preza.

Más de 12,000 personas damnificadas, 1600 casas destruidas parcial o totalmente y más de 180 muertos muertos fue lo que dejaron cinco horas de lluvia continua la noche del sábado y madrugada del domingo 8 de noviembre.

El lugar más afectado fue San Vicente, los sectores contiguos del Lago de Ilopango y nuevamente las colonias de y alrededor de la Málaga. El muro de contención hecho después de la tragedia del año 2008 donde murieron 31 hermanos en Cristo también fue derribado.


Hasta el día de ayer domingo teníamos conocimiento de varias familias evangélicas victimas del río Acelhuate que perdieron sus viviendas y cosas del hogar. Entre ellos una familia de la Iglesia Menonita y varias familias de algunas Iglesias de las Asambleas de Dios.

Mandamos nuestras más sinceras condolencias a las miles de personas afectadas como también a las familias de víctimas de la tragedia que están sufriendo mucho en la actualidad.

También, mandamos palabras y acciones de apoyo a nuestros hermanos en Cristo conocidos que residen en San Vicente. A nuestros amigos, hermanos y familiares que han sufrido pérdidas materiales y físicas.

También, hacemos un llamado a todos los salvadoreños para que reflexiones acerca del mal cuido que le estamos dando a la creación de Dios. Somos nosotros mismos los salvadoreños los que hemos hecho de nuestro país un país vulnerable.

Las presas, las grandes edificaciones, la tala indiscriminada de árboles está matando nuestro país. Urge de una solución y urge de mayor conciencia de parte de todos.

Lamentablemente, las cosas seguirán empeorando y éstas son las señales antes del fin, las señales que hacen inminente la venida de Cristo para llamar a su iglesia.

Es triste como la vida puede desaparecer en unos instantes, vale la pena prepararse teniendo a Cristo en el corazón.

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FURACÃO IDA.

Henry Preza.

Mais de 12.000 pessoas afetadas, 1.600 casas parcialmente ou totalmente destruídas e mais de 180 mortos como morto foi deixado de cinco horas de chuva contínua na tarde de sábado e madrugada de domingo, 8 de novembro.

O mais afetado foi São Vicente, áreas contíguas do Lago Ilopango e colônias de novo e próximo de Málaga. O muro de contenção feita após a tragédia de 2008 que matou 31 irmãos em Cristo também foi derrubado.


Para este domingo dia tivemos conhecimento de várias famílias evangélicas rio Acelhuate vítimas que perderam suas casas e utensílios domésticos. Incluindo uma família da Igreja Menonita e várias famílias de algumas igrejas da Assembléia de Deus.

Nós enviamos as nossas sinceras condolências aos milhares de pessoas afectadas, bem como as famílias das vítimas da tragédia que estão sofrendo muito hoje.

Além disso, enviar palavras e ações para apoiar os nossos irmãos em Cristo conhecido a residir em São Vicente. Para os nossos amigos, irmãos e parentes que sofreram perdas físicas e materiais.

Além disso, fazemos um apelo a todos os salvadorenhos a reflexões sobre o mau atendimento que estamos dando à criação de Deus. Salvadorenhos nós mesmos que fizeram o nosso país um país vulnerável.

As barragens, grandes edifícios, o abate indiscriminado de árvores está matando nosso país. Urge encontrar uma solução e exorta a uma maior sensibilização de todos os partidos.

Infelizmente, as coisas vão piorar e estes são os sinais antes do fim, os sinais de que está iminente vinda de Cristo para chamar sua igreja.

É triste como a vida pode desaparecer em alguns momentos, vale a pena tomar para se preparar para Cristo no coração.

domingo 8 de noviembre de 2009

PROTEGIENDONOS DEL PECADO

PROTEGIENDONOS DEL PECADO

Henry Preza.

Después de estudiar y regresar a mi casa al mediodía y comer unos típicos frijoles con queso y dos tortillas calientes, chiles rellenos, sopa de mora u otros platillos vegetarianos siempre iba en las tardes con mi padre a la granja.


Recuerdo que sólo habían cuatro mil gallinas, después el número se incrementó hasta casi las diez mil. Eso significaba mucho trabajo para mí papá. Yo trataba de ayudarle. Los sábados y domingos iba con él todo el día y le ayudaba en varias de las obligaciones.

Una de las cosas que hacíamos todas las tardes era proteger con algo las esquinas de cada cuarto donde estaban las gallinas. Aunque normalmente hay otras formas de hacerlo nosotros aprovechábamos la gallinaza y hacíamos pequeñas montañas de ese tipo de abono en cada esquina. Así, si en la noche entraba alguna rata o algún tacuacín y las gallinas se espantaban cuando buscaran a las esquina en multitud como siempre lo hacen (cuando están alarmadas) no se ahogarían las unas a las otras aplastándose sino que se encontrarían con una pequeña montaña de tierra y tendrían que subirla no pudiendo aplastarse contra la esquina ni ahogarse. Aunque no era la mejor forma era la única forma inteligente de la que disponíamos y en verdad funcionaba para evitar la muerte de las gallinas.

Las gallinas siempre tienen que ser protegidas de varias formas. Uno no debe hacer grandes ruidos porque el susto de una puede convertirse en un grito despavorido de las gallinas y en una estampida colectiva que siempre hace que se ahoguen algunas. Todo debe ser medido y con mucho cuidado.

Las gallinas y el cuidado que había que darles me recuerda de la protección que cómo hijos de Dios debemos darnos. Igualmente, la obligación de los pastores a su rebaño.

También en la iglesia suelen haber estampidas donde los débiles son ahogados (también los menos inteligentes). ¿Qué protección le damos a nuestras congregaciones?

Es nuestra obligación ser buenos ejemplos, pero, también enseñarles a cuidarse del mal, enseñándoles a orar, a leer la Biblia, a ser seguidores de Cristo, a amar al prójimo, a no murmurar, etc.

Y cómo cristianos ¿Cómo nos protegemos del peligro? Debemos cuidarnos de todo aquello que nos pueda causar daño y eliminarnos. Cuidemos nuestras vidas y cultivemos nuestra relación con Dios.

sábado 7 de noviembre de 2009

LA MUERTE DE SHAFICK HANDÁL.

LA MUERTE DE SHAFICK HANDÁL.

Henry Preza.


Creo que fue el mismo 24 de enero de 2006 que supe la muerte de Shafick Handál, revolucionario salvadoreño, líder político de multitudes y gran pensador nacional. Muy conocido por su forma franca de decir las cosas, su sentido del humor y sus problemas constantes con la televisión salvadoreña y, en especial, con algún tipo de periodistas que buscaban provocarlo.

Su muerte cayó en la misma fecha del cumpleaños de mi madre y es en la misma fecha en que celebro el aniversario de boda con mi esposa. Además, yo cumplo años el mismo día de Shafick. Después de esas similitudes, una cosa que admire de él fue el hecho que vivía lo que hablaba y que sus ideales eran auténticos. Independientemente si sus ideales eran los correctos creo que él si trataba de mostrar con sus hechos que quería vivir sus ideales y que no era simple política. Murió sin cuentas bancarias y su vida era vivir para tratar de favorecer a los pobres de su contorno. Creo que en algún lugar conservo una colección de discursos de él que reflejaban esta verdad.

Sus ideales puros, todas sus buenas obras, su sinceridad, su amor por la gente, su liderazgo fuerte y su ejemplo ¿Le habrán servido para su salvación?

Cuando leo la Biblia encuentro varias verdades en cuanto a la salvación:

Dice el necio en su corazón:

«No hay Dios.»
Están corrompidos, sus obras son detestables;
¡no hay uno solo que haga lo bueno! Salmo 14:1

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. Efesios 2:8-10

En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Romanos 5:1-2

Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre, ama también a sus hijos. Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios. En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. 1 Juan 5:1-4


Fue como a las 10 de la noche que supe la muerte de Shafick. Cuando lo supimos hubo silencio, luto y tristeza en nuestra casa. Lágrimas corrieron por mis ojos al pensar en la vida de éste hombre y su eternidad. Este sentimiento ya lo he tenido varias veces ante la muerte de otras personas, pero, en esa vez fue especialmente triste, pues, aunque ese hombre llevaba impresos los pensamientos y sentimientos de un pueblo, años de lucha y obras, me preguntaba si habría tenido un encuentro con Cristo. Pues, sino fue así, sólo desperdicio su vida.

Yo no sé si Shafick habrá conocido a Jesús, ni tampoco sé dónde está, pues, no es de nosotros el juicio de nadie, pero, cuando nos encontramos ante la verdad que la muerte se acerca para cada hombre bien vale la pena encontrarnos con Dios. No importa lo bueno que seamos, lo compasivos y misericordiosos, lo que importa es si tienes a Jesús.

¿Lo tienes dentro de tu corazón?

viernes 6 de noviembre de 2009

AGRADECIMIENTOS

AGRADECIMIENTOS

Jessica Preza

Gracias a todos aquellos que participan en éste blog del Señor administrado por un grupo de cristianos comprometidos.

Que bueno que usted día a día aparte el tiempo ya sea para escribir o para leer este blog, mil gracias por colaborar con esa intención bella de llevar el evangelio de Jesucristo a tanta necesidad que hay en el mundo.

Que Dios siga derramando sus bendiciones sobre ustedes como hasta hoy.

¡Todo esto Dios lo ha hecho! ¡Gloria al Señor por cada uno de ustedes! ¡Gloria a Él!

Tengamos a este equipo de cristianos siempre en nuestras oraciones. Declaremos en el nombre del Señor cada día cosas buenas, pero, con nuestros ojos puestos en Jesús.

Adelante joyas preciosas del Señor, buen día.


“Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.» Josué 1:9

“De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas.” 1 Crónicas 29:12,13

”El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda.
Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. El Señor es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, y cual pastor guíalos por siempre”. Salmo 28:7-9

EL SACRIFICIO

EL SACRIFICIO

THE JONES READER.

Hace más de cien años, en una pequeña aldea del Japón, se vivió un gran alboroto. Sucedió por la tarde de un día muy importante de otoño. Era un día festivo. Las calles angostas estaban atestadas de gente que se reunía para la fiesta de la noche.

La aldea estaba a la orilla del mar. El bullicio alegre de la multitud se mezclaba con el sonido de las olas que se rompían suavemente contra la playa.
En una planicie, sobre una colina detrás de la aldea, un anciano observaba la muchedumbre alegre.
De repente, en medio de toda la diversión y las risas, se sintió la sacudida de un temblor.
Es una sensación extraña sentir que la tierra se mueve y ver que los edificios se sacuden y los árboles se mecen.
Pero la gente en esa aldea no se asustó. El Japón es un país de temblores,
y éste sólo era un pequeño temblor que no asustó a nadie. Los hombres que estaban en las calles apenas hicieron una pequeña pausa en su conversación mientras echaban un vistazo a su alrededor, y los alegres niños apenas interrumpieron sus juegos. La multitud continuó abarrotando las calles como si nada hubiera pasado y el anciano en la planicie sobre la colina podía oír sus voces alegres.
De repente, el anciano advirtió algo en la distancia. Al instante estaba de pie esforzándose para ver más allá. Con una mano temblorosa sobre los ojos se protegió del sol poniente, y contempló detenidamente el horizonte. El agua estaba oscura y se comportaba de manera extraña. Parecía estarse moviendo contra el viento.
El anciano observó que el mar se alejaba de la tierra. La gente del pueblo se extrañaba de ver que la marea bajaba de manera tan extraña. Todos se volvieron para observar desde la playa.
—¡Vean! —gritó un niño— el mar se está alejando.
Algunos niños emocionados recogieron algunas de las bellas conchas que quedaron descubiertas.
—¡Qué extraño! —decían otros mientras parecía que el mismo mar desaparecía. Llenos de asombro, continuaron observando.
Pero el anciano en la planicie sabía lo que estaba pasando. La realidad de lo que estaba por suceder lo hizo temblar. Pronto toda esa agua regresaría con violencia y con una tremenda fuerza. De alguna manera tenía que avisarle a la gente del pueblo. Pero, ¿cómo? Su voz era muy débil y ronca debido a su edad. Si intentaba gritar, nadie lo escucharía. Sus piernas ya no tenían firmeza como para bajar corriendo. Y por la sabiduría que le habían dado los años, sabía que no habría tiempo para bajar caminando hasta la aldea. Él conocía el peligro que se acercaba y su único pensamiento era advertirle a la gente.
—¡Tráiganme una antorcha!
¡Dense prisa! —les gritaba a sus siervos. En los campos detrás de él estaba toda su cosecha de arroz recogida en grandes montones, lista para llevarla a trillar. Sin detenerse a lamentar su pérdida, el anciano se apresuró con la antorcha encendida. En cuestión de segundos las llamas envolvieron los montones de arroz seco. El resplandor iluminó el cielo. El vigilante de la aldea vio las llamas que se elevaban y rápidamente agarró la cuerda que hacía sonar la gran campana del templo. Los aldeanos del pueblo vieron las llamas y escucharon el repicar de la campana.
—El arroz se está quemando —se corrió el grito por entre la
gente.
—Corramos —dijo alguien—, tal vez todavía podamos salvar algo del arroz.
La gente corrió de la playa y de aquel mar extraño y empezó a subir la colina rocosa y empinada.
Lo único que pensaban era salvar la cosecha del anciano.
—Vean para atrás —les dijo el anciano cuando la fila de gente se acercaba.
Uno por uno se volvieron para contemplar el mar que se perdía en el crepúsculo. Sobre el horizonte se divisaba una línea larga y apenas visible. La línea se iba ensanchando mientras los aldeanos observaban atentamente. La línea era el mar, levantándose como un gran muro y avanzando a gran velocidad hacia ellos. Era una ola gigantesca, un maremoto causado por el temblor.
En seguida se sintió un retumbo como el estallido de un trueno. La gran ola golpeó la costa con tan enorme peso que pareció estremecer las colinas.
Se vio un gran espumarajo blanco de masas de agua que chocaban unas contra otras.
Al instante, el mar como un monstruo blanco embestía el lugar donde estaban sus casas. Luego se retiró rugiendo para golpear la segunda vez, y otra vez, y otra vez.
Una vez más atacó la costa para después retirarse; y al fin, como si lo hiciera contra su voluntad, regresó a su lugar.
Arriba en la planicie todos miraban atónitos. De todas las casas de la aldea, solamente se distinguían dos techos de paja que se mecían sobre las olas. Entonces se escuchó la voz del anciano que decía con ternura:
—Ésa es la razón por la que le prendí fuego al arroz, para que ustedes salieran del pueblo.
Ya anochecía y el anciano que antes contaba con bastantes bienes, ahora se encontraba totalmente destituido de su fuente de ganancias.
Todas sus riquezas se habían quemado. Sin embargo, con su sacrificio salvó a cuatrocientas vidas.

Nota de la redacción:
Nos haría bien reflexionar en lo que Jesús sacrificó para salvarnos a nosotros. Jesús es Dios, y aun así, no se aferró a su derecho de quedarse en el cielo, sino que se despojó a sí mismo, y tomó forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y vino aquí a la tierra y murió por ti y por mí (Filipenses 2:5- 8). Dios nos dio todo, lo mejor que tenía, para salvarnos, no de la muerte física como el caso en esta historia, sino de la destrucción eterna. “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Noviembre-diciembre 2001, Volumen 15, página 1-10. Usado con los permisos correspondientes.

LA HUIDA SUBTERRÁNEA

LA HUIDA SUBTERRÁNEA

David Luthy

En la siguiente historia verás un buen ejemplo de cómo los cristianos han tenido que sufrir por su fe. Mientras la lees, trata de imaginarte viviendo en Moravia en el año 1544.

I. Llega un mensaje
—Hans, guarda la cesta, por favor, y ven a desayunar. Podrás alimentar las gallinas después.
El muchacho pronto obedeció a su madre. Metió la cesta debajo de una caja junto a la puerta y se apresuró a entrar en la casa. El resto de la familia Wiedemann ya se encontraba sentado alrededor de la mesa. Hans se abrió lugar entre sus hermanos menores y se sentó en la banca. La conversación se detuvo y el señor Wiedemann dirigió la oración, dando las gracias por los alimentos:
“Padre celestial, te pedimos que bendigas esta comida. Te agradecemos por ella y oramos que nos ayudes a usar la fuerza que recibimos de ella como debemos.
También te damos las gracias por las muchas otras bendiciones que tú nos das, especialmente por la libertad que tenemos aquí en Moravia para vivir la vida cristiana.
En el nombre de Jesús oramos. Amén.”
El silencio fue interrumpido por la voz suave de la señora Wiedemann:
—Pasa los huevos, Berta. La hija mayor sacó un huevo duro del tazón de madera y pasó el tazón a sus hermanos. Cuando llegó su turno, Hans cogió un huevo y lo
sostuvo en las manos. El calor del huevo le producía una sensación agradable. Hans lo golpeó contra la mesa y empezó a quitar la cáscara.
Mientras se ocupaba en pelar el huevo, los recuerdos se agolparon en la mente. años le penetraban la mente. En ese entonces, tenía ocho años. Su familia había vivido en Suiza. Un día, a la hora del desayuno, les llegó el mensaje de que vendrían soldados a arrestarlos por ser creyentes anabaptistas.
“Tenemos que huir,” había dicho su papá con un tono de urgencia. “No hay tiempo que perder.”
Llevaron unas sábanas en que envolvieron algunos artículos y envolvieron a los niños en ropas gruesas. La gran travesía había iniciado.
“¿A dónde vamos?” Hans recordó haberle preguntado a su papá.
“A un nuevo hogar en Moravia, hijo mío, donde podremos servir a Dios como nos enseña la Biblia.
Suiza ya no nos tolerará más. Moravia le ha ofrecido a nuestra gente la libertad de practicar la fe cristiana. Date prisa, hijo, debemos salir.”
Ahora, la familia Wiedemann tenía cinco años de haber vivido en Moravia. Tres hijos habían nacido en su nuevo hogar. A menudo el dinero escaseaba, pero aquí había paz y había libertad para practicar sus creencias religiosas.
—Hans —se escuchó la reprensión tierna de su madre—, cómete el huevo antes que se enfríe. —La madre observó a su hijo que tenía los ojos fijos en el huevo, absorto en sus pensamientos—. ¿No tienes hambre? ¿Estás enfermo?
—No estoy enfermo —contestó
Hans—, sólo estoy pensando.
—¿Pensando en qué? —preguntó su hermana Ema con una sonrisita de burla—. ¿Pensando en que ayer no te portaste bien en el culto?
—Yo no estaba haciendo nada
—repuso Hans bruscamente.
—Claro que sí —agregó el pequeño Jacob.
—Que no hice nada —insistió Hans.
—Niños, no discutan —interrumpió el señor Wiedemann con una voz sonora.
Una vez más, los niños volvieron a ocuparse de la comida. Pero, no había transcurrido mucho tiempo cuando el papá le preguntó a Hans:
—¿En qué estabas pensando, hijo?
Hans se movió un poco y dijo:
—Yo solamente estaba recordando el día hace cinco años cuando tuvimos que salir de Suiza.
—Debieras olvidar esos pensamientos
—le sugirió su madre—.
Ahora estamos seguros en Moravia. Aquí nadie nos hará daño.
La cara del señor Wiedemann acusó preocupación.
—María —le dijo a su esposa—, no debes decirle al muchacho que olvide ese día. Olvidarlo sería olvidarse de Dios. Pues fue Dios el que nos trajo con bien hasta aquí. —El señor Wiedemann hizo una pausa e inclinó su rostro como si estuviera orando—. Además, nunca sabemos cuándo pueda llegar la persecución aquí en Moravia. Nadie sabe lo que nos espera en el futuro. Debemos confiar en Dios.
Estas palabras resultaron muy ciertas. Pasados apenas dos años, en 1544, un caballo a todo galope y bañado en sudor llegó a la aldea donde vivían los Wiedemannes y otras siete familias anabaptistas. El jinete estaba tan agotado por su viaje que casi no podía hablar. La gente se reunió a su alrededor, ansiosa por escuchar las noticias que traía.
—Los soldados del príncipe atacaron a los hermanos de Vorgen
—alcanzó a decir finalmente—. Quemaron dos establos y robaron gran parte del ganado.
—¿Mataron o hirieron a alguno?
—preguntó Amon Wiede mann, el padre de Hans.
—No —contestó el jinete, endere zándose en su caballo—.
Toda la gente escapó al bosque. Una ola de preocupación se apoderó de los que se habían reunido. Muchos meneaban la cabeza desconcertada. Así que la persecución al fin había llegado a Moravia. ¿Cuándo arremeterían los soldados contra su aldea?
El hermano Amon meneó la cabeza y añadió:
—Ahora sabemos que los rumores que escuchamos el mes pasado son ciertos. El príncipe quiere las riquezas de nuestras aldeas por pocas que sean.
—¿Tendremos que huir otra vez? —preguntó una anciana con lágrimas en los ojos—. Yo he orado que pueda morir aquí en paz.
—Sí —respondió con seriedad Jacob Walter, el obispo—, parece que debemos hacer lo que nos vimos obligados a hacer en Suiza… huir.—
¿Cuándo podríamos ser atacados? —le preguntó un hombre al jinete.
—Antes del fin del mes, pero difícilmente antes de eso.
—Apenas tendríamos tres semanas —dijo el hermano Jacob.
Abram Shoope, el diácono, se adelantó. —¿Por qué tenemos que huir?
—preguntó—. ¿Por qué no pensamos en algo para quedarnos aquí?
—¿Cómo? —preguntó Simon Gross, el herrero de la aldea—.
¿Quieres que peleemos contra los soldados?
—Por supuesto que no —dijo el hermano Abram con firmeza—.
Eso sería contrario a la Palabra de Dios.
—Y la Biblia —interrumpió el hermano Amon—, nos muestra lo que hacían los cristianos en vez de pelear. Ellos huían.
—Pero, ¿a dónde huían? —preguntó el hermano Abram en un tono que mostraba que estaba por revelarles un secreto.
El joven Hans quedó escuchando a los mayores hablar. Se preguntaba a dónde podrían huir esta vez.
Deseaba no tener que dejar este lugar que tanto amaba. El bosque cercano era su sitio favorito para ir de cacería, y en el arroyo junto a la pradera había muy buena pesca.
¿Por qué tendrían que huir? De repente, Hans escuchó que el hermano Abram seguía con su idea de no tener que huir. Se volvió hacia el diácono para saber qué más diría.
—Y los cristianos en Roma vivían bajo tierra en el tiempo de la persecución. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo nosotros?
—Las catacumbas —dijo el hermano Jacob Walter asintiendo con la cabeza—. Sí, los cristianos ivieron en esos túneles por muchos años.
—Y nosotros ya tenemos túneles —continuó el hermano Abram con entusiasmo—; los túneles para almacenar las verduras. Lo único que tendríamos que hacer sería ampliarlos y excavar más profundo.
Los siguientes dos días estuvieron llenos de muchas conversaciones cargadas de preocupación.
Finalmente, los hombres acordaron seguir el plan de Abram. Excavarían una red de túneles para esconderse cuando vinieran los soldados. Una puerta secreta en el piso del establo de los Wiedemannes sería la entrada a los túneles.
Así es que el trabajo empezó. Hombres, mujeres, y niños se unieron en el proyecto. Los túneles se hicieron con la altura suficiente para que un adulto pudiera correr en una posición agachada. Ramificaron los túneles en muchas direcciones, haciéndolos serpentear sin rumbo alguno. Estos desvíos se hicieron para confundir a cualquiera que descubriera el escondite de los anabaptistas. Sólo
al final de un túnel había una sala grande. Y solamente los anabaptistas conocían la ruta que conducía hasta esa cámara secreta.
Los días pasaron. Hans ayudó a acarrear tierra de los túneles. La tierra se esparció sobre los campos cercanos. Pronto los túneles estuvieron terminados.

Terminaron la excavación apenas a tiempo, pues una mañana de octubre llegó a la aldea anabaptista el mensaje de que los soldados se acercaban.
Las puertas se abrieron de golpe, los niños hicieron a un lado sus tareas, y los hombres venían de prisa desde los campos. Una fila continua de personas se dirigía hacia el establo de los Wiedemann, que estaba junto a la casa. Con agilidad, la fila de personas desaparecía por la puerta secreta en el piso del establo. El último hombre cerró la puerta y corrió el cerrojo. El grupo avanzó por un pasillo tras otro en su huida subterránea. Por fin alcanzaron la cámara provisiones que habían almacenado para una emergencia como ésta.
—¿Cuánto tiempo tendremos que quedarnos aquí? —le preguntó Hans a su madre.
—Tal vez tres días, tal vez más —le contestó—. Pero ¡ssst!, el hermano Jacob está hablando.
Hans se volvió hacia el obispo anciano que decía:
—Tengamos una pequeña lectura de la Biblia y arrodillé monos para orar. No debemos olvidar que Dios está muy cerca de nosotros en este momento. —Luego se volvió
hacia Abram, el diácono—.
¿Tienes ahí la Biblia? —dijo al momento que extendía la mano. Una mirada de desconcierto se dibujó en el rostro del hermano Abram.
—Yo... yo... —empezó a decir—, en mi apuro por escapar se me olvidó traerla.
Un murmullo de lamentos corrió por entre el grupo. La única Biblia en la aldea había sido olvidada.
Todavía estaba en la casa de Abram Shoope, el diácono. ¿Qué tal si los soldados la hallaran y la destruyesen?
El joven Hans se sentía tan mal como los demás. No quería ni pensar en que no podría escuchar más historias de la Biblia, historias de David, Jonás, Noé, y sobretodo, de
Jesús.
—Bueno —dijo el hermano Jacob Walter una vez que el grupo hubo superado su desconcierto—, no hay nada que podamos hacer sino orar. Si Dios puede protegernos aquí, también puede encargarse de proteger la Biblia.
El anciano y los demás se arrodillaron. Mientras el obispo oraba, pensamientos repentinos cruzaron por la mente de Hans.
“¿Por qué no podría yo escabullirme hasta la casa de Abram y traer la Biblia? Los soldado nunca me agarrarán,” se dijo Hans a sí mismo. “Yo soy ágil para correr. Además, cuando jugamos al escondite, siempre soy el último en ser hallado.”
Silenciosamente, mientras todos oraban con sus rostros inclinados, Hans salió de la cámara. Apenas se había alejado una corta distancia cuando echó a correr por los túneles.
Hans conocía bien el camino hacia la salida. Había caminado esa ruta muchas veces cuando estaban excavando los túneles. Respirando agitadamente, Hans subió por la escalera que conducía a la puerta de salida. Con cautela, deslizó el cerrojo y levantó la puerta apenas lo suficiente para echar un vistazo afuera.
No se veía a nadie por ningún lado, entonces Hans salió atrevidamente. Silenciosamente cruzó el establo caminando de puntillas.
Luego se subió encima de un barril y miró por un agujero en la pared.
Su corazón se aceleró. ¡Efectivamente, allí estaban los soldados!
Estaban frente a la casa de Simon Gross. Un poco más allá vio que otro pequeño grupo se acercaba por la calle.
Bajándose del barril, Hans caminó hasta el otro lado del establo y se fijó por la calle en la otra dirección. No veía ningún soldado. —Ah —susurró—, los soldados están saqueando primero las casas al lado este. La casa de Abram está al oeste de nuestro establo. Puedo ir y venir y los soldados todavía no estarán ni siquiera cerca de aquí. Rápidamente se escurrió por la puerta del establo y corrió hacia el oeste, agachándose y escondiéndose detrás de los árboles por si hubiera algún soldado vigilando. Pero no vio a nadie.
Una vez dentro de la casa de Abram, Hans suspiró aliviado. Se dirigió al estante junto a la chimenea, pero la Biblia no estaba allí.
“¿Dónde podría estar? ¿Habrán llegado ya los soldados y se la habrán llevado?” Hans se estremeció al pensar en esto.
—¡Ah, ahí está! —exclamó el muchacho casi en voz alta. El libro grande estaba sobre una silla junto a un par de lentes.
“Parece que el hermano Abram la estaba leyendo cuando llegó el aviso,” pensó Hans. Tomó la
Biblia en sus manos y la observó con admiración. “¿No estarán felices los demás cuando tengan la Biblia con ellos de nuevo?”
Hans ya estaba por salir cuando de repente oyó un ruido. Parecía como voces. Sí, eran voces. El muchacho temblaba de miedo.
“¿Dónde podría esconderse?” Sin esperar un minuto más, Hans saltó dentro de un cajón medio lleno de leña que estaba junto a la chimenea. Rápidamente se abrió espacio entre la leña, se acomodó de cuclillas, y cerró la tapa del cajón.
Apenas se había acomodado cuando una bota pesada golpeó la puerta del frente. Hans no podía ver a nadie pero podía oír los pasos pesados sobre el piso de madera.
También se oían voces bruscas. Los sonidos se estaban acercando. “¿Me encontrarían?” Hans trataba de no temblar para que la leña no se moviera.
“Ojalá,” pensó Hans. “Sí, ojalá que los soldados no oigan los latidos de mi corazón”.
Por diez minutos, los que a Hans le parecieron como todo un medio día, los soldados registraban la casa. De vez en cuando Hans oía que algo caía al piso y se quebraba. Pero al fin los ruidos cesaron. Los soldados salieron, y no hallaron a Hans. Sin embargo, transcurrió bastante tiempo hasta que Hans logró reunir suficiente valor para salir de su escondite.
Una vez fuera de la casa, ya no corría libremente. Apretando bien la Biblia contra su cuerpo, avanzó como una serpiente por entre la hierba alta. Con cautela avanzó de regreso al establo, temiendo todo el tiempo que los soldados hubieran descubierto la puerta abierta en el piso. Se armó de valor y echó un vistazo al establo. No había nadie. Como un ratón escabulléndose hacia su escondite, Hans corrió por el piso, entró por la puerta, y desapareció.
—¡Vaya! —exclamó al tiempo que corría el cerrojo—. Casi, casi.
Los Wiedemann y las otras familias se regocijaron enormemente cuando Hans entró en la cámara.
—¿Dónde estabas? —preguntó su madre entre sollozos y al mismo tiempo que lo abrazaba—.
Te hemos buscado por todos los túneles.
Ahora Hans se sintió mal. No había pensado en cómo se sentirían sus padres cuando no lo encontraran después de la oración.
—Me devolví a traer la Biblia —dijo humildemente levantando el libro para que todos lo vieran.
—Oh, Hans —repuso el hermano Abram—, no debiste arriesgar tu vida ni las nuestras.
¿Qué tal si los soldados te hubieran capturado y obligado a dirigirlos hasta nuestro escondite?
Pero el obispo puso su mano sobre el hombro del muchacho para alentarlo.
—Tu intención fue buena, Hans, y el Señor estuvo contigo. Todos nosotros estamos agradecidos por la Biblia.
El grupo permaneció bajo tierra durante dos días más. En la mañana del tercer día, el hermano Amon Wiedemann sugirió:
—¿Por qué no enviamos a un hombre para ver si ya se han ido todos los soldados. Ya deben de haberse marchado.
—¿Quién irá? —preguntó el hermano Jacob Walter.
Varios alzaron la mano. Simon Gross, el herrero, fue escogido.
Sólo estuvo afuera por una hora cuando regresó a contar lo que había visto. Sólo uno de los establos había sido quemado, pero la mayoría de las vacas habían sido robadas. Y unas pocas casas habían sido gravemente saqueadas.
—¡Buscaban oro! —exclamó una mujer—. Los soldados creen que tenemos montones de oro y plata, solamente porque trabajamos arduamente y no gastamos el dinero en vinos y sedas.
Agradecidos, los anabaptistas regresaron a sus hogares. Aquella noche se reunieron en la casa del hermano Jacob Walter para cantar himnos de alabanza. Estaban llenos de gratitud en su corazón porque su escondite había resultado exitoso. Durante los siguientes años, ocasionalmente las familias tuvieron que refugiarse en los túneles, o
“lochies”, como les decían en su propia lengua. Cada vez, los soldados destruyeron más y más de sus hogares y establos. Finalmente los hermanos decidieron salir de Moravia. Muchos de ellos se mudaron a Hungría, un país vecino, y más tarde a otros países.
Hoy, los descendientes de los anabaptistas de Moravia viven en las planicies del Canadá y de los Estados Unidos, donde son conocidos como huteranos. Los túneles en los que sus antepasados se escondieron todavía se pueden ver en lo que era el estado de Checoslovaquia. Los lochies permanecen como un monumento a los sufrimientos de los anabaptistas y como un cumplimiento de las palabras de Hebreos 11:38 sobre los cristianos perseguidos: “...errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”.

De: Step by Step
Por: David Luthy
Usado con permiso de:
Pathway Publishers

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto , Septiembre octubre 2002 Paginas 1-y 11(libro2 página9). Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

jueves 5 de noviembre de 2009

¡Lo que no soy!

¡Lo que no soy!

Anderson Menger
http://andersonmenger.blogspot.com

¡Una ola de sinceridad y transparencia domina mi alma!
No querer parecer más de lo que soy, o lo que tengo. Mi alma clama por la transparencia de todos, donde nadie tiene que esconderse detrás de sus títulos y posesiones.

¡Yo no soy perfecto!
¡No tengo títulos diplomas!
¡Ni clasificaciones!
¡No tengo nada que yo pueda ostentar!
¡No soy ningún ángel, ni mucho menos puedo mostrar la perfección de Dios!
¡Yo no soy "todos lo que" digo que soy!
¡Yo no tengo miedo de mostrar lo que realmente soy!

Quem NÃO sou!
Uma onda de sinceridade e transparência domina a minha alma!
Não querendo parecer mais do que sou, ou do que tenho. A minha alma clama pela transparência de todos, onde ninguém precisa se esconder atrás de seus títulos e posses.

Não sou perfeito!
Não tenho diplomas de graduações!
Não tenho nomenclaturas!
Não tenho nada a qual possa me ostentar!
Não sou anjo, muito menos Deus para mostrar perfeição!
Não sou" aquilo tudo" que dizem que sou!
Não tenho medo de mostrar quem realmente sou!

VIOLACIONES AL PLAN DE DIOS

VIOLACIONES AL PLAN DE DIOS

Antorcha de la Verdad.

Como vimos al principio de este capítulo, el amor matrimonial exige más de lo que el hombre sin Dios puede dar. Esto nos ayuda a entender por qué la gente hoy en día falla tanto en el amor. Los esposos se cansan de que sus esposas sólo piensen en sí mismas y las esposas se cansan de sus esposos egocéntricos. Sin embargo, en el fondo del amor humano existe un anhelo de conocer el compromiso y es por eso que las personas siguen casándose. Pero muchos no están dispuestos a pagar el precio para alcanzar las satisfacciones más profundas del amor. Sólo se dedican a ver cuánto romance pueden sacar de una relación y luego pasan a otra. En los escombros de relaciones rotas dejan sueños sin realizar, vidas heridas de esposos, de hijos, y de amigos. El adulterio: menospreciar lo sagrado Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo claramente describe el adulterio como pecado. “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos” (Levítico 20:10). “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia…. Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19, 21).
El matrimonio fue diseñado por Dios para nuestro bien, no sólo como un compañerismo social. También es para nuestro bien espiritual. Es por eso que al violar el compromiso del matrimonio, menospreciamos lo sagrado. Veamos tres maneras en las que se demuestra menosprecio.

1. El adulterio viola un compromiso sagrado. El que comete adulterio en realidad está diciendo:
“No me importa lo que te prometí”.

2. El adulterio es pisotear una encomienda sagrada. El matrimonio no es sólo un compromiso que hace la pareja, sino también un encargo que Dios nos encomienda.
Así es que el adulterio es tanto un menosprecio de un compromiso como de una encomienda sagrada. En realidad, el adúltero está diciéndole a Dios: “No me importa lo que tú me has encomendado”.

3. El adulterio corrompe una unión sagrada. El matrimonio no es simplemente un convenio entre dos partes, sino una unión que queda registrada y sellada ante Dios. Él pedirá cuentas a la pareja en cuanto a su fidelidad. Es decir, el matrimonio no es sólo un asunto entre un hombre y una mujer, sino también un asunto entre ellos y Dios. Debido al propósito que Dios tiene para el matrimonio, la unión es algo de mucho valor no sólo para el humano sino también para Dios. El adulterio desprecia lo que Dios considera importante.
En realidad dice: “No me importa cómo estima Dios el matrimonio”.
No importa la sensación del momento, el adulterio siempre se convierte en una miseria indescriptible. La culpa, el dolor, el alejamiento, la tensión, la angustia, y el temor todos caen sobre la vida del adúltero. Como dijo una mujer:
“Aunque encuentres el perdón, siempre tienes que pagar y pagar y pagar”. El escritor de Proverbios lo dijo muy bien: “Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace.
Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada”
(Proverbios 6:32-33).
El divorcio: un espíritu desleal y despiadado En la Biblia el divorcio se describe como “repudiar” a otra persona después de estar casado o después de estar comprometido para casarse. Generalmente, cuando habla de repudiar se refiere a un hombre que repudia a su mujer, pero en Marcos 10:12 también se refiere a una mujer que repudia a su marido. En la ley de Moisés el divorcio se permitió bajo ciertas condiciones, pero Jesús claramente dijo: “Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento” (Marcos 10:5).
Después Jesús, de manera muy clara, revalidó el propósito original de Dios: “Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10:6-9). Los mandatos divinos son claros: un hombre y una mujer de por vida; NO al divorcio.
Si bien es cierto que en el Antiguo Testamento Dios permitió el divorcio bajo ciertas condiciones, claramente habla en contra del mismo. “Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto…. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio” (Malaquías
2:14-16).
¿Por qué es malo el divorcio? A continuación veremos siete razones:

1. El divorcio claramente viola los principios de la Palabra de Dios. “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10:9).

2. El divorcio no concuerda con el carácter de Dios. Nota en los versículos anteriores que Dios llama al divorcio “deslealtad”. Dios es fiel; lo que promete, lo cumple. El divorcio es totalmente contrario al carácter fiel de Dios. El amor exige lealtad. Los que se divorcian traicionan el compromiso sagrado del amor. Más bien, muestran infidelidad y traición.
Sin embargo, el mensaje más profundo de Malaquías 2 no es rimeramente en contra de quebrantar los votos del matrimonio, sino en contra de quebrantar el pacto con Dios por parte del pueblo de Israel. Dios quiso decir que los que quebrantan un pacto humano están quebrantando un pacto con Dios. En otras palabras, cuando existe un espíritu desleal en nuestras relaciones humanas, también existe en nuestra relación con Dios. Por lo tanto, no es de extrañarse de que Dios diga que “aborrece el repudio”.

3. El divorcio demuestra dureza de corazón. Jesús dijo claramente que el divorcio había sido permitido “por la dureza de vuestro corazón” (Marcos 10:5). Con esto estarían de acuerdo la mayoría de los consejeros matrimoniales. El problema fundamental en los conflictos matrimoniales es que cada uno busca lo suyo propio y no considera al otro. El divorcio no es otra cosa sino la manifestación de un corazón duro. Se requiere humildad, amor, y quebrantamiento para resolver los problemas matrimoniales y experimentar la unidad que se espera en el matrimonio.

4. El divorcio hiere a nuestro compañero. Ser desleal es traicionar. Cuando se traiciona, se hiere.
La confianza y la lealtad están íntegramente entrelazadas en el amor, y el divorcio pasa su puñal despiadado cortando esos lazos y causando dolor. Siempre es así. La separación de una relación legítima entre un hombre y una mujer nunca puede ser un acto de amor o compasión. Siempre incluirán actitudes de odio y resentimiento.
5. El divorcio hiere a los hijos y deja cicatrices en su vida. A continuación tenemos el testimonio de una hija cuyos padres se divorciaron:
“¡Por favor, por favor no los firme! ¡Papá, no firme esas hojas!” Mis súplicas debieron haber aumentado grandemente el pesar sobre mi padre. Pero, sujetando firmemente el bolígrafo, continuó firmando aquella hoja decisiva.
Así se destruyó mi mundo y yo juntamente con él. Ese día murió algo en el corazón de una niña…. Las lágrimas y las protestas cargadas de amargura fueron en vano, pues la corte no toma en cuenta los corazones humanos al cobrar sus honorarios. Mamá y Papá ahora serían “libres”, pero nosotros no. Llegué a ser esclava de la desesperación. ¿Los pleitos? Es cierto que terminaron los pleitos, pero en su lugar apareció el clamor de niños con el corazón partido. Uno de esos niños era yo, que hubiera deseado escuchar aquellos pleitos si tan sólo Mamá y Papá hubiesen regresado.
Yo quisiera poder tomar de la mano a cada padre y madre que se encuentra considerando la idea de divorciarse, y decirle: “Venga, quiero llevarle conmigo al valle por el que yo he pasado. Si el dolor en el corazón de un niño inocente, el golpe amargo en esa vida tierna, y las lágrimas del niño despreciado y olvidado se pudieran llamar como testigos en el juicio; si el horror y la sombra tenebrosa llegaran hasta las cortes, entonces ningún niño volvería a transitar el horrendo camino que se inicia al firmar esos papeles decisivos en la corte. En lugar de esto, las lágrimas serían suyas y se daría cuenta de que los que sufren en el divorcio y las segundas nupcias son los niños inocentes.”

6. El divorcio complica más el camino a la reconciliación. En su primera carta a los corintios, Pablo advierte en contra de separarse aun de un cónyuge incrédulo, pero después dice: “y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:11). Pero claramente aconseja la reconciliación, y no la separación, aunque sea incrédulo el cónyuge.
El divorcio es como cerrar la puerta con llave después que el cónyuge infiel haya salido. Si el objetivo es la reconciliación, el divorcio no es una opción.

7. El divorcio propaga el pecado. La gente se decide por el divorcio como una solución a sus problemas matrimoniales, pero es imposible corregir los problemas por medio de desobedecer a Dios. El divorcio siempre trae más problemas. Jesús advirtió específicamente que el divorcio es causa del adulterio (Mateo 5:32). Las consecuencias del pecado no se limitan a la persona que lo cometió. Esto se ve especialmente en el caso del divorcio. El pecado lleva a más pecado, y esos pecados se multiplican en las generaciones siguientes. Algunos estudios demuestran que las personas que provienen de hogares divorciados tienen mayor probabilidad de terminar en divorcio, que aquellos cuyos padres fueron fieles. El pecado actúa como una avalancha.
Segundas nupcias: un estado de adulterio El divorcio sin duda es pecaminoso, pero las segundas nupcias son todavía más pecaminosas. Es alejarse todavía más de las leyes de Dios. El Nuevo Testamento es claro. Las segundas nupcias, mientras el primer cónyuge viva, son pecado. Considera los siguientes versículos: “Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Marcos 10:11-12) “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19:9). “Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera” (Lucas 16:18). “Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera” (Romanos 7:3).
Todos estos versículos nos dicen claramente que las segundas nupcias son adulterio. El verbo griego que se traduce “comete adulterio” está conjugado de manera que indica una acción presente y continua. Esto nos indica que no sola mente es haber cometido el hecho del adulterio, sino estar practicando el adulterio.
El versículo en Romanos también nos muestra que mientras uno de los dos cónyugues esté vivo, las segundas nupcias no constituyen un matrimonio legítimo sino un estado de adulterio. Por un lado, está el hecho de cometer el adulterio que consiste en tener relaciones sexuales con una persona mientras está casado con otra. Pero también está el estado de adulterio cuando la persona se casa con otro mientras que su verdadero cónyuge todavía vive.
Con versículos de la Biblia tan claros, ¿cómo pudieran los que dicen ser cristianos, tratar de justificar el divorcio y las segundas nupcias? Una dama que se había casado con un hombre divorciado, y que después renunció a su situación adúltera, nos cuenta como fue su caída.
“El razonamiento es una de las armas más eficaces de Satanás. Cuán fácil es disipar con razonamientos la obediencia a la Palabra de Dios. El propósito divino para nuestra vida no es primeramente que seamos felices, sino santos. A la vez no podemos tener felicidad verdadera sin llevar una vida recta….
“Yo ayunaba y oraba bastante, buscando que Dios me diera una respuesta directa. A pesar de que lo busqué, no me dio respuesta. Nada. Completo silencio. Fue hasta después que comprendí que es inútil buscar una revelación de Dios si él ya ha hablado tan claramente en la Biblia. Podemos escuchar otra voz que contradiga lo que él ha dicho en las Escrituras, pero esa voz viene del maligno.”
Si tu cónyuge todavía vive, es imposible volver a contraer matrimonio y hacerlo con la bendición de Dios. El mismo espíritu traidor que lleva al divorcio es el que lleva a las segundas nupcias. Es traición. En el matrimonio uno puede entregar su amor y su compromiso a su compañero, pero en las segundas nupcias uno sólo puede entregar su traición y los pedazos de su compromiso roto.
Corrijamos las violaciones contra el matrimonio. Las violaciones contra el matrimonio son variables en grado y género. Algunas ocurren antes de que la persona se convierta a Cristo y otras después. Algunas costumbres de la cultura pudieran confundir nos en el asunto del ma trimonio. Por ejemplo, la “unión libre”, la “anulación” del matrimonio, la “poligamia”, etcétera.
Aquí no podemos tratar todas estas variedades de violaciones que existen. Sin embargo, podemos considerar diez principios que se deben tomar en cuenta al corregir las violaciones contra el matrimonio.

1. Cuando dos personas solteras, sean creyentes o no, consienten en contraer matrimonio, Dios considera esa unión como válida.
Y cualquiera que practique el divorcio y las segundas nupcias comete adulterio, sea quien sea. “Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Marcos 6:17-18). “Honroso sea
en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

2. La obediencia puede ser dolorosa. Pero como vimos antes, a Dios le interesa más nuestra santidad que nuestra felicidad del momento. Hablando del costo del discipulado, Jesús dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-27).

3. El sufrimiento por obedecer nunca es tan severo como las consecuencias de una desobediencia continua. Según nuestro entendimiento humano y limitado, a veces pensamos que la obediencia nos mete en más problemas, y que la desobediencia resuelve nuestros problemas. Ese razona miento es carnal y no es la voz del Espíritu. A la larga, la desobediencia siempre resulta más dolorosa que la obediencia. “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Terminar con un matrimonio legítimo pudiera parecer menos doloroso que comprometerse a luchar hasta resolver los problemas. Continuar con una relación adúltera pudiera parecer mucho menos doloroso que terminarla y buscar la ayuda de Dios para enfrentar los resultados.
Pero Dios siempre apoya la obediencia y reprende la desobediencia. “El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Proverbios 29:1).

4. Todas las buenas obras que podamos hacer no son suficientes para compensar el pecado cometido a sabiendas. Saúl trató de justificar su pecado contando de sus buenas intenciones, pero Samuel le respondió así: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Samuel 15:22).

5. Cuando hay pecado, debe arrepentirse de corazón y hacer y (2 Crónicas 7:14). Esto quiere decir que vamos a reconocer el pecado, abandonarlo y volver a los principios de la santidad instituidos por Dios. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Pareciera que la aplicación más difícil de este versículo es en el caso de las segundas nupcias. Pero si, de hecho, es una situación de adulterio, la única manera de abandonarla es terminar la relación.

6. A veces es necesario quedarse soltero para ser fiel a nuestro compromiso con Dios.
Después de haber hablado en contra del divorcio y las segundas nupcias, Jesús dijo: “Hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos” (Mateo 19:12).

7. Cuando hay hijos como resultado de una relación adúltera, el único camino seguro en criarlos para Dios es apartarse de todo pecado y empezar a criarlos en el temor de Dios.
Algunos están en contra de separar una relación adúltera cuando hay hijos de por medio.
Pero en tal situación es de especial importancia abandonar el pecado porque Dios “visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo 34:7), mientras que “guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Deuteronomio 7:9).

8. Se puede obtener el perdón inmediatamente después de la confesión y el arrepentimiento; sin embargo, las consecuencias del pecado podrán seguir de por vida.
Quienes han violado el plan de Dios en cuanto al matrimonio, a menudo se verán en situaciones de dolor, penas, y luchas. Tal vez tengan que vivir como solteros, educar un hijo por sí solos, o enfrentar heridas emocionales tanto los padres como los hijos. Y para todo esto, van a necesitar en forma continua el apoyo, la comprensión, y el consejo espiritual de sus hermanos en la iglesia.

9. El cristiano debe vivir irreprochablemente ante el mundo.
“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles” (1Pedro 2:11-12). Hay cosas que el cristiano debe evitar sólo porque al mundo le pudieran parecer pecaminosas, o que pondrían en duda su testimonio ante el mundo, aunque sean algo legítimo. Por ejemplo, en nuestra sociedad libertina, existe la posibilidad de que un soltero se case con alguien que esté divorciado. Digamos que el soltero se hace cristiano y quiere arreglar su vida. ¿Podrá ése contraer otro matrimonio ya en el Señor? Puesto que la relación pasada fue adúltera, el soltero ante Dios sigue siendo soltero. Por eso, un nuevo matrimonio sería legítimo. Pero el cristiano no solamente debe considerar lo que es permitido según las reglas, sino también lo que sea conveniente y de edificación (véase 1 Corintios 10:23). En otras palabras, los que observan desde el mundo, pudieran tener fuertes dudas en cuanto a tal relación. En casos complicados como estos, acerca de los cuales no hay una respuesta tajante en la Escritura, una medida segura sería buscar el consejo y la dirección de una hermandad guiada por el Espíritu Santo.

10. Al tratar de resolver las diferentes violaciones contra el matrimonio, los principios de amor y fidelidad entre Cristo y su iglesia nos sirven como una guía.
En Efesios 5, Pablo establece una comparación clara, y cualquier solución a los problemas del matrimonio debe apegarse a esa comparación. Por ejemplo, el divorcio, las segundas nupcias, y la unión libre, son contrarias a la comparación hecha por Pablo entre Cristo y su iglesia.

Resumen
Los matrimonios de hoy día enfrentan tremendas presiones. Al ver el dolor y la tristeza que sufren tantas personas como resultado de hacer su propia voluntad, se hace todavía más claro que el plan de Dios es el correcto. Es necesario que haya comprensión entre esposo y esposa. Así que, son necesarias la comunicación y la lealtad entre ellos. Cuando el esposo cumple su responsabilidad en el matrimonio, también resulta más fácil para la esposa cumplir la suya. Cada uno, pues, debe darse con sabiduría, consideración, y fidelidad a la tarea de hacer lo que Dios ha mandado. Para evitar problemas en el matrimonio y en la formación del hogar cristiano, las parejas cristianas no pueden seguir el patrón de la sociedad moderna. El esposo no va a permitir que la influencia que empuja hacia la superación y prosperidad en el mundo de negocios, atropelle sus responsabilidades y fidelidad hacia su esposa. Y la esposa no va a permitir que las presiones de la mujer moderna la alejen de sus responsabilidades y lealtad en el hogar. Al trabajar junto con el otro, y no en contra, la pareja experimentará el complemento que Dios tenía en mente al crearlos hombre y mujer.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 15 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

miércoles 4 de noviembre de 2009

EL CUERVO NEGRO

EL CUERVO NEGRO

Ecos de Santidad

Doña Elena era una viuda que vivía con sus cuatro hijos en una humilde casita en un pueblo de Holanda. El mayor de los niños, Hans, tenía ocho años. Una noche la viuda pobre no tenía nada para darle de comer a sus hijitos hambrientos. Se arrodilló, pues, y le pidió pan a Dios para sus niños. Doña Elena amaba a Dios y tenía confianza en que él los iba a socorrer en sus necesidades. Cuando terminó su oración, Hans le dijo: —Mamá, ¿verdad que la Biblia dice que Dios mandó a unos cuervos para que le llevaran pan a Elías cuando él tuvo hambre?
—Sí, es cierto —contestó la madre—. Pero eso sucedió hace muchos años, hijito.
—Ah, pero eso no importa, Mamá —dijo Hans—. Yo creo que todavía hoy Dios puede mandar cuervos. Voy a abrir la puerta para que puedan entrar. De un salto, Hans se acercó a la puerta, abriéndola de par en par. La luz de la salita iluminó la calle.
Después de un rato, el alcalde del pueblo pasó delante de la casa y mirando la puerta abierta, se detuvo. Miró dentro de la casa y le agradó ver todo tan limpio y ordenado, y a los cuatro niños muy contentos rodeando a su madre. Decidió entrar y acercándose a la viuda, la saludó:
—Con su permiso, señora. Buenas noches. Y dígame, ¿por qué han dejado la puerta abierta a estas horas de la noche?
Doña Elena se asustó un poco por la presencia del caballero tan bien vestido en su humilde casita. Se levantó rápidamente e hizo una reverencia delante del señor alcalde. Luego le quitó el gorro a Hans, y pasó su mano sobre su cabello desarreglado, diciendo:
—Lo hizo Hans, señor, para que los cuervos pudiesen entrar trayéndonos pan.
El alcalde vestía de un saco negro, pantalón negro, y sombrero negro. Todo era negro menos su camisa.
—¡Certísimo! —exclamó el alcalde con una sonrisa—.
Hans tiene razón. Aquí tienes el cuervo. Puedes ver que es muy grande. Ven conmigo, Hans. Voy a mostrarte dónde se encuentra el pan.
El alcalde llevó a Hans a su casa y mandó a su siervo a que pusiera dos panes y un jarrito de mantequilla en una canasta. Se lo entregó a Hans quien agradeciéndole, salió corriendo a la casa. Cuando sus hermanitos vieron el pan, brincaron de alegría. Después la madre le dio a cada uno un pedazo de pan con mantequilla. Todos comieron con gran gusto. Cuando habían terminado de comer, Hans abrió de nuevo la puerta y quitándose el gorro, miró hacia el cielo y dijo: “Muchas gracias, mi buen Señor”, y cerró la puerta.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 33 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

martes 3 de noviembre de 2009

¡Culpable!

¡Culpable!

Dallas Witmer

El preso inclina la cabeza; el Juez lee su sentencia: “Apártate de mí, maldito, al fuego eterno”. ¿Quién es este reo? ¿De qué es culpable? ¿Quién decidió su caso?
Es el hombre que ha quebrantado la ley de Dios, y murió en su pecado. Se fue de esta vida y está delante del tribunal de Dios. Tú también estarás allí algún día (Romanos 2).
Dios no puede pasar por alto nuestro pecado. Ni “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas” (Gálatas 5:19-21). Pero Cristo sí quiere librarnos del pecado y lo puede hacer. Si tú sientes la necesidad de Cristo en tu vida, escríbenos a la dirección que aparece en la contraportada.


Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 7 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

lunes 2 de noviembre de 2009

TODO DEPENDE DE…

TODO DEPENDE DE…

Simon Schrock

Ella era muy bella. Su sonrisa y el brillo en sus ojos extendían una placentera acogida. Yo estaba sentado con otros tres hombres de negocio a una mesa apartada en un restaurante elegante de un hotel fino en Houston.
“Ella y otra joven atractiva se habían sentado a la mesa que quedaba junto a la nuestra. Cuando la joven tomaba su asiento, rozó mi brazo y luego se disculpó de una manera afectuosa. Su roce, su voz, y su sonrisa casi me hacen olvidar por qué yo estaba allí. Los gestos de su cuerpo y su sonrisa eran una invitación a gritos. Yo me vi tentado.” Éste era el testimonio de un hombre llamado Wilmer.
El joven Wilmer era un hombre de negocios que se encontraba viajando como agente de mercadeo para su empresa a todas las ciudades grandes de los Estados Unidos y Canadá, y a algunos lugares en Europa. Era exitoso, y sus jefes estaban complacidos. Le daban una cuenta abierta“ para sus gastos; además una calidad de socio gratis en el Country Club, y todas las garantías sociales que ofrece una empresa. Su trabajo lo obligaba a ausentarse de su hogar casi todas las semanas. Su programa exigía de él una agenda apretada. Wilmer trataba de atender al menos tres citas por día, lo que requería viajar a un mínimo de tres ciudades cada día.
Había llegado a Houston el viernes por la noche. La noche anterior mientras estaba en Atlanta, había recibido una llamada de su supervisor, el vicepresidente de mercadeo. Éste le dijo que el presidente de una compañía grande de repuestos automotrices estaba listo para firmar el contrato que él le había enviado dos semanas atrás. Su jefe había hecho los arreglos para que el presidente de la compañía se reuniera con Wilmer el viernes por la noche en un hotel en Houston.
Lo siguiente es el testimonio de Wilmer sobre lo que sucedió aquella noche en Houston. “Yo había visitado a clientes en Boston, Nueva York, Newark, reensboro, y Atlanta. Estaba fatigado y no quería otra cosa más que regresar a casa. Pero después de la llamada del jefe, cambié mi vuelo y llamé a mi familia para decirles que me atrasaría un día más. A ellos no les gustó esta noticia porque sus planes para el fin de semana tendrían que cambiar. Yo estaba cansado y fatigado, y sentía que mi jefe se estaba aprovechando de mí.
“Cuando llegué al hotel en Houston, me apresuré hacia mi habitación para bañarme y prepararme para la reunión. Apenas logré alistarme a tiempo para la cena y reunión. Yo estaba exhausto y un poco irritado; entonces aquella sonrisa.... La invitación era clara. Yo entendí todas las señales: Los gestos de su cuerpo, su manera seductora de vestir, el roce suave. A menudo veía eso en mis viajes con los compañeros de negocios. Muchos de ellos acostumbraban buscar compañía femenina para pasar la noche. Su esposa y familia nunca lo sabrían; al menos eso creían.
“Ya terminada la cena, y el contrato firmado, yo sabía que el roce contra mi brazo no había sido ningún accidente. El presidente de la compañía estaba tan complacido con mi trabajo que había hecho los arreglos para darme una “propina” esa noche. Él quería mostrarme su aprecio por mi trabajo.” Y la joven estaba allí con un propósito. Wilmer tenía la oferta delante de sí. ¿La aceptaría?

El propósito y el valor de los compromisos.

Los compromisos, los pactos, los votos, y las promesas tienen un propósito. Son de suma importancia para la humanidad. El salmista nos ayuda a obtener un discernimiento importante sobre este asunto. Él hace la pregunta: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” La respuesta: “El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo.
Ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia” (Salmo 15:1-4).
Nota cómo el salmista subraya la importancia de cumplir con los juramentos. ¿Quién morará en su santo monte? ¡Los que cumplen con sus votos! Después hacia el final de su salmo nos dice: “El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmo 15:5). ¿Qué valor tiene los ser cumplidos con nuestros votos? No nos permite apostatar de la fe al ser llevados por cualquier viento de doctrina o por escuchar a espíritus engañadores o doctrinas de demonios (Efesios 4:14, 1 Timoteo 4:1).
En el Salmo 116, el salmista nuevamente se refiere al asunto de guardar nuestros votos. En los versículos 1 al 11, nos hace ver la bondad y las bendiciones de Dios para con el salmista. Jehová escuchó su clamor por misericordia.
“Me rodearon ligaduras de muerte... angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová.... Clemente es Jehová, y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios. Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar” (Salmo 116:12).
¡Tantas bendiciones de parte de Dios! Entonces el salmista pregunta: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Salmo 116:12).
¡Con esto pagaré! “Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de Jehová”. Ahora asegúrate de no pasar por alto la segunda cosa que menciona. “A Jehová pagaré ahora mis votos delante de todo su pueblo” (Salmo
116:18).
David enfatizó el principio importante de cumplir con sus votos en la presencia del pueblo. Las enseñanzas de Jesús reafirmaron la importancia de un compromiso público. Jesús dijo: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33).

Un compromiso público con Jesucristo establece un punto de referencia en nuestra vida. De ahí en adelante las muchas decisiones de la vida se tomarán basadas en ese compromiso. Hacer un compromiso público con Jesucristo y vivirlo es un requisito indispensable para ser parte del reino de Dios.
Después de decir que cumpliría sus votos a Jehová, David empieza a ver esperanza y seguridad para la eternidad. “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Salmo 116:15).
Nótese el orden de los pasos en el contexto de este pasaje: 1) Primero, un agradecimiento a Dios por su bondad. ¿Qué pagaré a Jehová por sus beneficios para conmigo? 2) Segundo, el cumplimiento de los votos a Dios en presencia de su pueblo. 3) Tercero, para los que cumplen sus votos, estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.
Aquí el salmista nos presenta un bello cuadro envuelto en un solo paquete. En el versículo 15, tenemos el contenido más importante que es la muerte de los santos. Esto va envuelto con el cumplimiento de nuestros votos delante de Dios y los hombres. Finalmente, en el versículo 18, el paquete va adornado con una nueva confirmación del cumplimiento de nuestros votos.
Son los votos cumplidos lo que hace precioso este paquete. Por su lealtad a Dios, el salmista podía decir que la muerte es preciosa. ¿Cómo podrán enfrentar la muerte los que no son fieles a sus votos? ¿Estarán preparados para enfrentar la muerte los que no cumplen con sus votos? ¿No sería más apropiado preguntarnos si aun estén preparados para vivir? Me pregunto si aun saben lo que es vivir.


Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 8 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

domingo 1 de noviembre de 2009

LA BASE BIBLICA DE LA NO RESISTENCIA

LA BASE BIBLICA DE LA NO RESISTENCIA

Merle Ruth


Nota de la redacción:
El término “no resistencia” viene del versículo en Mateo 5:39: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. Este término refleja bien el significado que nuestro Señor Jesús quería dar en este pasaje. La no resistencia es no devolver un mal cuando otro nos trata mal. De ninguna manera nosotros los seguidores de Cristo, debemos tomar represalias contra los que nos hacen algún mal. En este artículo, al emplear extensivamente este término, estamos investigando lo que Jesús enseña en Mateo

Vivimos en un mundo sacudido por los conflictos. No tenemos otras opciones.
¿Dónde más pudiéramos vivir? De norte a sur y de este a oeste, la plaga de los conflictos está en todas partes. Es por eso que resulta necesaria la práctica de la no resistencia.
La no resistencia no era necesaria en el huerto del Edén. Tampoco será necesaria en el cielo. Pero en esta etapa de la historia, tenemos que vivir en un mundo caído, habitado por muchos que no conocen el camino de paz (Romanos 3:17).

El origen de los conflictos y su Propagación

El capítulo tres de Génesis nos cuenta de cómo el hombre estropeó la relación hermosa que tenía con Dios. Fue el primer conflicto del hombre con Dios. Esto nos lleva a Génesis 4 donde encontramos el relato del primer conflicto del hombre con otro hombre: la muerte de Abel a manos de Caín. Pero antes de este hecho, Adán y Eva ya habían cometido su primer acto de desobediencia contra Dios y Adán dio inicio la costumbre de echarle la culpa a la esposa. De esta secuencia de hechos podemos aprender que los conflictos entre las personas son el resultado inevitable de una relación rota entre el hombre y Dios.
Después de la caída de Adán y Eva, no pasó mucho tiempo hasta que el espíritu de contienda se implantó en la naturaleza caída del ser humano. Si uno escoje hacer las cosas a su manera sin importarle lo que dice Dios (Isaías 53:6), pues tampoco le va a importar lo que diga su prójimo. Una sociedad en la que cada persona quiere hacer las cosas de su propia manera egoísta, está destinada a sufrir muchos conflictos, tanto entre individuos como entre grupos. Ésta es la razón fundamental por la que resultan las grandes guerras. El hecho es que existe en nuestra sociedad un elemento de conflictos. Por eso ha sido necesario que Dios le pida a su pueblo que sea no resistente. Un pueblo no resistente puede parecer extraño en medio de una sociedad plagada de conflictos.

La introducción de leyes.

Después del diluvio, para que la tierra no volviera a llenarse rápidamente de violencia (Génesis 6:13), Dios introdujo leyes sobre la violencia. Dios le dijo a Noé: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6). Posiblemente fue en este momento que Dios introdujo el principio del gobierno civil. En todo caso, vemos claramente que este manda miento fue dado con el fin de prevenir el crimen. Ahora, el agresor no quedaría libre como quedó Caín.
Las palabras en la conclusión de este mandamiento subrayan lo sagrado de la vida humana: “Porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. Con estas palabras Dios te dice: “Detente y recapacita”. Con estas palabras te está diciendo: “Esa persona a que piensas hacerle daño es hechura mía y tiene mi semejanza”.
Después que Dios escogió para sí un pueblo, él le dio leyes. Algunas de las leyes eran de naturaleza civil, porque Dios sabía que su pueblo continuaría con una mentalidad carnal dada a los conflictos. En los diez mandamientos se prohibió el asesinato (Éxodo 20:13). Además, se prohibió la venganza personal y se restringió la venganza legal para ser ejecutada justamente, y únicamente por un daño que la ameritara (Levítico 24:20).

El ideal de Dios.

El propósito final de Dios siempre ha sido la restauración espiritual del hombre. El ideal de Dios, en lo que se refiere a relaciones humanas, es representado en estas palabras: “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte” (Isaías 11:9). Sin embargo, para que pudiera realizarse este ideal era necesario que primero llegara una nueva etapa en el plan de Dios. Por lo tanto, el Antiguo Testamento fue una era durante la cual Dios se valió grandemente de leyes de conducta.
Y, por el hecho de que la mayoría de personas todavía escoge vivir en un estado caído, sigue la necesidad de aplicar leyes restrictivas basadas sobre las leyes que se dieron a Israel.

¿Cómo se relaciona todo esto conmigo?

Esto tiene una relación muy directa conmigo, porque hay consecuencias inevitables ligadas a mi vida con sólo el hecho de que vivo en este mundo. En mi vida al igual que en la vida de cualquier otro, habrá ocasiones en las que otros se aprovecharán de mí y me maltratarán o me acusarán falsamente. En una ocasión u otra, terminaré con ser el blanco de los celos o del odio de otro. Además, si yo soy cristiano, eso en sí traerá sobre mí sufrimiento adicional.
Porque, si yo llevo una vida limpia, seré causa de molestia para los pecadores a mi alrededor. De antemano Jesús advirtió a sus discípulos sobre lo que les tocaría.
“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Juan 15:18).
¿Dónde puedo aprender cómo responder ante los maltratos?
“¿Hay palabra de Jehová?” (Jeremías 37:17). ¡Claro que sí! En repetidas ocasiones, de los labios de los hombres más santos que han vivido, han salido las palabras: “Así dice el Señor...”. Bajo la dirección de Dios, la Palabra hablada que
Dios quiso preservar llegó a ser la Palabra escrita de Dios.
Este proceso, conocido como la revelación divina, es de índole progresivo. A medida “que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21), más y más de la voluntad y del plan de Dios se iba revelando al hombre. Hebreos 1:1-2 destaca la culminación de este proceso: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”. Durante el ministerio de Cristo, el proceso de revelación divina se aceleró como nunca antes. Pero todavía el proceso no fue completado. Antes de su regreso al cielo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar” (Juan 16:12). Cuando el Espíritu Santo vino a la tierra el día de Pentecostés, empezó a enseñar aquellas “muchas cosas”.
Bajo su dirección, las enseñanzas del Nuevo Testamento llegaron a tomar forma. Esto nos aclara porqué Pablo pudo hacer la declaración que encontramos en 1 Corintios 14:37: “Lo que os escribo son mandamientos del Señor”.
Ahora tenemos la respuesta a la pregunta que estamos tratando. La Biblia es la autoridad final y la más alta según la cual viven los cristianos. En ella todo el que busque con sinceridad podrá enterarse de cómo quiere Dios que responda a los que le han ofendido.


Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 4 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

sábado 31 de octubre de 2009

Amar a los enemigos

Amar a los enemigos

Duane Nisly



¿Has escuchado alguna vez? “¡Espero que les llegue la justicia algún día!” “¡Ojalá los prendan!” “¡Van a pagar por lo que hicieron!” Sí, estas expresiones y muchas más se oyen cuando alguien sufre un daño, un robo, o aun un asalto. Ésta es la reacción de la mayoría de la gente en el mundo hoy en día, y aun de llamados cristianos. ¿Será que no han leído las enseñanzas de Jesús en el Nuevo Testamento? ¿Será que no han escuchado de los testimonios de los cristianos del antaño que estuvieron dispuestos a sufrir daños por el nombre de Jesús y devolver el bien por el mal?
Yo tengo un cuñado cuya familia ha sufrido serios daños y muchas amenazas a manos de los asaltantes. El lema de él siempre ha sido devolver el bien por el mal. Vez tras vez, él aprovechó las oportunidades para testificarles a estos hombres del gran amor de Dios. ¿Cuántos hombres recibieron un toque del amor divino que no hubieran conocido si no hubiese sido por un hermano que estuvo dispuesto a poner por obra el plan de Dios en cuanto al trato de los enemigos?
Hay otros hermanos en la fe que también han pasado por experiencias muy difíciles en que han tenido la oportunidad de devolver el bien por el mal. Duele pensar en el sufrimiento que estos hermanos han pasado, pero qué bendición el saber que han podido demostrar la ley del amor divino; la ley que no reclama sus derechos sino que devuelve bien por mal. En este número y el que sigue, queremos analizar el tema de cómo tratar a nuestros enemigos según nos enseña Jesús. El camino de Jesús no es fácil. Tampoco es popular ni muy bien aceptado. Pero Jesús dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24).
Tal vez no hemos sido puestos a prueba como algunos hermanos. Pero ¿cómo reaccionamos cuando alguien nos ofende o cuando pensamos que se está violando nuestros “derechos”? ¿Podemos nosotros reaccionar de la manera que prescribió Jesús para sus seguidores? O ¿será que también nosotros estamos siguiendo la corriente del mundo, exigiendo que respeten nuestros derechos? Eso es de esperar en el mundo, pero para el cristiano debe ser muy distinto.
Estimado lector, te animo a considerar seriamente lo que Jesús pide de ti como seguidor de él. El camino no es fácil pero Jesús va con nosotros.

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Julio-agosto 2002 Paginas 2 Volumen 16. Usado con los permisos correspondientes

jueves 29 de octubre de 2009

EL BUEN SAMARITANO DEL BUS

EL BUEN SAMARITANO DEL BUS

Por Jessica Preza.


Era un día común y corriente rumbo a mi trabajo. Como siempre tomé el bus, pues, son varias horas de camino hasta el almacén donde trabajo. El rumbo era normal hasta que hizo una estación y de repente se oyó un golpe en seco al fondo del bus que llamó la atención de todos.

Volví a ver alerta y un anciano estaba tirado en el piso del bus, al parecer se había caído cuando el bus se detuvo y, al parecer tenía alguna discapacidad. La reacción de la gente me sorprendió, ¡Dios nadie movió un dedo por levantarlo!

Con gran esfuerzo, un señor mayor que estaba lastimado de un brazo intentó ayudarlo, Quise acercarme, pero, enseguida me di cuenta que no podía hacer nada por él desde donde estaba.

Pienso lo siguiente: Pobre samaritano, el señor del brazo lastimado que intentaba levantar al anciano pedía ayuda para levantar al anciano del suelo. Todos los hombres parecían indiferentes. En todo esto, ya yo había podido llegar cerca, pero, el movimiento del bus y el peso del anciano impedían que entre el señor y yo lo levantáramos. Traté y después de unos minutos de querer levantarlo y no poder otros dos hombres mayores lo levantaron (Hombres mayores).

Así que una mujer, un hombre lisiado y dos mayores de edad eran los únicos que se interesaban por la tragedia trasera del bus y los jóvenes, que eran la mayoría, parecían indiferentes.

Que triste, había mucha gente joven, que sólo miró y no sintió el más mínimo sentimiento de compasión.

La pregunta es: ¿Hasta dónde hemos llegado y hasta dónde llegaremos los seres humanos? Nos quedamos pensando que el amor es tomarse de la mano, darse expresiones físicas de afecto, sexo, dar regalos y esperar recibirlos por haberlos dados.

¡Cuánto egoísmo podemos guardar en nuestro corazón!¡Cuánto desamor y maldad podemos causar a otros con el hecho de no intentar siquiera ayudar a otros!

Hasta las mismas leyes te enseñan a no ser bondadoso. En algunos países si tocas a alguien o si ese alguien se lastima más porque tú lo quisiste ayudar te pueden demandar, sí, demandar por haberlo ayudado

Que mal estamos, pero, no nos olvidemos que la ley más grande es la Palabra de Dios que dice: “Ama a Dios por sobre todo y a tu prójimo como a ti mismo.”

Por eso Pablo mencionó en alguna de sus cartas que aquel que pudiendo hacer bien y no lo hace se les tomado como pecado.

Dios nos ayude.

Finalmente, debo decir que la única manera de volver a sentir amor y compasión es arrepintiéndonos de nuestras maldades y pidiéndole perdón a Jesús sólo de esa manera podemos cambiar y nunca olvidar que sembramos lo que queremos cosechar y si algún día llegamos a necesitar ayuda de otros es mejor brindarla desinteresadamente hoy.

EL ALCOHOL; LO QUE QUITA

EL ALCOHOL; LO QUE QUITA

Ecos de Santidad

El alcohol quita las manchas a la ropa. Pero eso no es lo único que el alcohol quita. El alcohol también quita la ropa. Por extraño que parezca, el alcohol no sólo hará esto al hombre que lo beba, sino que también a aquellos por quienes él tiene responsabilidad. El alcohol quita al hombre la ropa que lleva puesta. Quitará a la mujer sufrida la ropa que ella lleva puesta también. Hasta a los pobres niños del hombre que se encuentre metido en el alcoholismo les quitará la ropa también.
El alcohol quita la sonrisa al rostro de las madres y esposas. También quita la sonrisa de los padres y maridos. Quita la risa de los niños inocentes.
Le quita hasta la alegría durante la hora de jugar. El alcohol quita el calor al hogar. Se vuelve en un lugar frío y poco agradable.
En cuanto a lo que quita, el alcohol no tiene igual. Quita casas limpias y deja el desorden. Quita la plenitud y deja la pobreza. Quita la honestidad y deja la vergüenza. Quita el honor y deja la humillación. Quita la dignidad personal y deja la aflicción. El alcohol no solamente quita algunas manchas a la ropa; también crea
otras. Puede manchar repentinamente una reputación. Y peor que eso, puede manchar y deformar el carácter. Puede echar a perder el porvenir brillante de cualquier hombre o mujer que se entrega a él. Y al fin puede arruinar a la persona que se encuentra atrapada en sus redes engañosas.
El alcohol puede marcar al hombre para toda la vida con su mancha maldita y puede quitar del ser humano, sea pequeño o sea grande, todo lo que hace la vida digna y lo que vale la pena.
Pero eso aún no es lo peor que le puede pasar a un hombre. El verdadero mal es que el alcohol borrará el nombre del hombre del Libro de la vida.
Quitará de su corazón toda esperanza de alcanzar un compañerismo con Dios y los hombres santos, tanto ahora como en la eternidad en los cielos. “No erréis; ni los fornicarios… ni los ladrones… ni los borrachos… heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). Hay un
antídoto para este veneno que quita todo lo que es bueno. Ese antídoto es la fe en Jesucristo. Hasta el más desesperanzado alcohólico puede confiar en él para obtener la salvación. Cristo no solamente perdona al culpable, sino también purifica el corazón de toda iniquidad. “El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio. Al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor” (Proverbios 20:1 y 23:32).

Adaptado por Urie A. Bender, Tomado de: Ecos de Santidad. Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 3o. Usado con los permisos correspondientes.

miércoles 28 de octubre de 2009

OYE, HIJA MÍA

OYE, HIJA MÍA

Ecos de Santidad.

“Oye, hijo mío, y sé sabio…” (Proverbios 23:19)

Un día una señorita regresó a su casa muy molesta. Le contó a su madre que un joven irrespetuoso le había insultado en la calle. Al escucharla, la madre también se molestó y juntas dispusieron a contárselo a su padre y suplicarle que buscara al joven para reprenderlo. Pero el padre le dijo: “Hija, tú no eres una muchacha inmoral, pero te suplico que me dejes decirte algo que te ayudará a comprender lo que ha sucedido.
“Eres una joven muy atractiva, y tu modo de vestir revela todo el encanto de tu rostro y tu cuerpo. Tus brazos están desnudos casi hasta los hombros; tu blusa es tan escotada que se permite ver una parte de tus hombros y pecho. Tu falda es muy corta y bien ajustada y tus medias son transparentes. Tus piernas se dejan ver hasta la rodilla. Tu vestido es tallado de manera que se puede ver la forma de tu cuerpo. Saliste a la calle con tus compañeras y al encontrarte con aquel joven, probablemente ibas de modo despreocupado y frívolo.
“Ese joven seguramente te evaluó por la manera en que te vestías y por tu comportamiento. Yo siento mucho todo lo que te sucedió, pero tengo que decirte, hija mía, que tú eres tan culpable como él.”
“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Proverbios 1:8).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 29. Usado con los permisos correspondientes.

martes 27 de octubre de 2009

SEPARADOS DEL MUNDO, UNIDOS A DIOS.

SEPARADOS DEL MUNDO, UNIDOS A DIOS.

Daniel Bontrager

“…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15)
“Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles…” (1 Pedro 2:12)

La Biblia nos enseña la importancia de conducirnos de tal manera que reflejemos el carácter de Jesús a los de nuestro alrededor. En estos versículos en Pedro, él usa la expresión “manera de vivir” para explicar esto. En 1 Pedro 3:16 él usa la frase “buena conducta”. En Filipenses 1:27 Pablo usa un derivado de la palabra comportamiento. En este tema queremos ver varios aspectos de esto en la vida personal. Queremos enfocar la conducta, el hablar, y el atavío.

LA CONDUCTA

Lo que distingue al pueblo de Dios del mundo es su manera de vivir y también el motivo de sus hechos. Los cristianos tienen como fuente de sus motivos la Palabra de Dios y lo que él pide de ellos. Los que no son creyentes reciben su dirección de su padre, el diablo. El resultado de los dos es muy diferente.
La persona no entregada a Dios puede vivir una vida más o menos buena. Pero Dios puede escudriñar los motivos y bien sabe cómo es el corazón. Además, tal persona no siempre va a poder vivir en santidad, porque cuando llega la hora de la prueba o la tentación, él actuará muchas veces conforme a su naturaleza carnal. Jesús vino a poner el hacha a la raíz del problema humano, nuestra naturaleza pecaminosa. Él vino para separarnos de los motivos engañosos y para darnos la vida espiritual que necesitamos para poder servirle a Dios de todo corazón. Esta vida espiritual incluye todo aspecto de la vida, lo externo como también lo interno. Estos dos aspectos no se pueden separar.

EL HABLAR

Mientras que el mundo está prosiguiendo lo que a la carne le agrada, el hijo de Dios procura servir al Señor Jesús. En lugar del egoísmo, él generosamente busca el bien de su prójimo y cómo él puede servir a los demás. Deja los vicios y se dedica a la santidad. El mundo se extraña de que él no siga en lo que antes supuestamente le traía tanta alegría (1 Pedro 4:4).
Su manera de hablar también cambia y en vez de usar la lengua para mentir, chismear, criticar al prójimo, contar chistes, usar en vano el nombre de Dios, o cantar canciones mundanas, se oyen “lenguas nuevas” de él. Por la inspiración del Espíritu Santo, la boca ofrece alabanzas a Dios, ánimo a los demás, salvación a los pecadores, y consejo para los débiles. El cristiano verdadero no miente aun en tiempos de “aprietos” y habla solamente la verdad porque Dios es verdad. Tampoco usa descuidadamente el nombre de Dios en exclamaciones como “Dios mío” o “ay, Dios” porque es abominación y Dios no da por inocente al que lo hace. El hablar es tan importante que la Biblia dice que seremos justificados o condenados por nuestras palabras (Mateo 12:37).

EL ATAVÍO.

El atavío también demuestra lo que hay en el corazón. Muchas veces uno se dirige por el orgullo y se viste para atraer atención a sí mismo. El humilde hijo de Dios busca glorificar a su Padre en lugar de buscar atención para sí mismo. El propósito del vestido es el de cubrir la vergüenza de la desnudez que vino a causa del pecado que Adán y Eva cometieron en el huerto de Edén. No es para llamar la atención a uno mismo. La Palabra de Dios nos da los siguientes principios que se deben aplicar al atavío en la iglesia de Dios:
1. El cristiano debe vestir ropa decorosa y modesta (1 Timoteo 2:9). Debe cubrir bien el cuerpo y no atraer la atención hacia su cuerpo ni a la ropa misma por su color o estilo.
2. No debe ser costoso (1 Timoteo 2:9). Debemos recordar que somos mayordomos de lo que Dios nos ha prestado. La ropa cara o aun la que tiene apariencia de ser costosa no es para el cristiano. Sí es importante pensar en la mayordomía cuando compramos ropa y debemos considerar algo que dure pero debemos tener cuidado con la apariencia.
3. La ropa debe hacer distinción entre los sexos (Deuteronomio 22:5). Dios dijo que el que se viste con ropa del otro sexo hace abominación.
4. La ropa debe agradar a Dios y no a los hombres. Todas las modas tienen su origen en el mundo. Las modas buscan agradar a los hombres. El que ama las cosas del mundo no tiene el amor de Dios dentro de sí (1 Juan 2:15). Esto incluye toda clase de adornos y joyería o alhajas como los anillos, los aretes, los brazaletes, y otras cosas más (1 Pedro 3:3-4; Isaías 3:16-26). El que tiene la mirada puesta en las cosas de arriba no buscará sus placeres en las diversiones mundanas ni participa en lo que le agrada al mundo. Él evita lo que puede manchar su relación con Dios. Más bien, el creyente buscará la manera de evitar lo que tiene apariencia de lo malo (1
Tesalonicenses 5:22). A veces esto incluye cosas que en sí mismas no son malas pero pueden llevarlo a la tentación.
Un buen ejercicio espiritual sería hacernos la pregunta: ¿Estamos haciendo todo lo que hacemos para la gloria de Dios? El que ama de verdad a Dios,dará su voluntad y querrá honrarle en todo lo que hace (1 Corintios 10:31).

Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 27. Usado con los permisos correspondientes.

lunes 26 de octubre de 2009

LA SORPRESA DE FRANKLIN

LA SORPRESA DE FRANKLIN

Juvenile Pleasure

Franklin se había levantado de muy mal humor. Su hermano lo había despertado en medio de un emocionante sueño. Ya sacaba un hermoso pez del agua cuando escuchó el grito de su hermano: “¡Levántate, Franklin!” El pez cayó de nuevo al agua. Franklin abrió los ojos. Tenía que levantarse. —No sé por qué me mandan a sacar mala hierba de esa huerta vieja —se quejó mientras desayunaba—. Leo y yo teníamos planes de ir a pescar. —¿Por qué no buscas lombrices mientras sacas la mala hierba? En la tarde pueden ir a pescar —le dijo su papá.
—¡Bueno, pero yo quería ir ya! —Franklin —le dijo su papá con firmeza—, ¿no te da vergüenza? ¡Piensa en todos aquellos niños que pasan hambre por falta de comida! Y si cada uno de nosotros no cumple con su parte, quizá nosotros también llegamos a padecer hambre.
Franklin trabajó tan bien esa mañana que al mediodía ya había terminado su trabajo de sacar la mala hierba. Y en una vieja lata se movían y se retorcían más de doce lombrices grandes. Ya tenía todo listo para acompañar a Leo apenas hubiera almorzado.
Franklin se alegró al ver a su abuela cuando entró en la casa. Ella siempre le traía algo cuando llegaba. Pero hoy no había ningún regalito. Su abuela lo saludó:
—¡Hola, Franklin! Yo vine para preguntarte si tú no quisieras ir a ayudarme a sacar la mala hierba de mi huerta esta tarde.
Franklin parpadeaba rápidamente. Amaba mucho a su abuela, pero también le gustaba bastante la pesca. Además, había trabajado toda la mañana.
Pero luego se acordó de todas las buenas cositas que hacía su abuela por él. Él le sonrió y dijo:
—Sí,
Abuelita. Había pensado pescar esta tarde, pero bien puedo esperar hasta más tarde.
Apenas había empezado con su tarea de sacar la mala hierba cuando pasó Leo. Él llamó:
—¡Franklin, corra! Su abuela no se dará cuenta. Ella está tomando la siesta.
—Cuánto me gustaría ir a pescar, Leo. Pero aunque Abuelita no me vea, Dios sí me ve. —Y Franklin comenzó a sacar la mala hierba rápidamente para que Leo no viera las lágrimas que le salían de los ojos.
Varias veces aquella tarde, cuando estaba cansado y con calor, Franklin deseaba darse una vueltita hasta el riachuelo donde Leo estaba pescando. Pero se acordó de la lección que le habían dado en la escuela dominical el domingo pasado: “Los ojos de Jehová están en todo lugar”.
Franklin estaba muy cansado esa noche cuando se sentó a la mesa para comer la deliciosa comida que había preparado su mamá. Casi cabeceaba mientras se comía las últimas migajas de su pastel, cuando alguien tocó a la puerta.
Casi se le desorbitaron los ojos cuando escuchó: —¿Habrá por aquí un muchachito de nueve años que me quisiera ayudar?
Franklin no pudo decir nada. Estaba demasiado cansado para trabajar más. El señor Hill siguió:
—Yo busco a un muchachito, uno que sabe obedecer. ¿Sabe dónde puedo hallar a tal muchacho, señor Browning?
El señor Browning le sonrió a su hijito. —Yo creo que se refiere a Franklin. Él sabe obedecer. Dos veces hoy quiso ir a pescar. Y las dos veces hizo un trabajo de sacar mala hierba en lugar de pescar. Franklin se alegró al escuchar las palabras de su papá. —Señor Hill, ¿en qué quiere que le ayude? Ahora no me siento tan cansado.
El señor Hill se sonrió al ver la ansiosa cara de Franklin.
—Yo busco a un muchachito que me acompañe a un viaje de pesca. Yo pienso pasar varios días en el Lago Long. Para mí me sería un placer que me acompañara un buen muchachito. Es decir, si tienes tiempo.
—Por supuesto que sí. Terminé todos mis trabajos hoy. Qué bueno que recordara que Dios todo lo ve.
“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (Lucas 16:10). Franklin entendió que la fidelidad en las cosas necesarias trae recompensa. Su conciencia le dictaba buenas cosas porque él era fiel en su trabajo. Esto le ayudó a disfrutar de su recompensa. La fidelidad trae recompensa.
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 32. Usado con los permisos correspondientes.

sábado 24 de octubre de 2009

EL LIDER DEBE ACERCARSE A LOS MÁS PERDIDOS.

EL LIDER DEBE ACERCARSE A LOS MÁS PERDIDOS.

Henry Preza

La razón por la que la iglesia no crece ni tiene conversiones es que ha perdido el enfoque a favor de los perdidos. La iglesia no logrará su objetivo si presenta el evangelio a los sanos. Jesús dijo, los sanos no tienen necesidad de médico, son los enfermos. Veamos algunos consejos para tomar en cuenta en el sistema celular.

1. No busque hermanos, busque a los más perdidos: Existen líderes que tienen la costumbre de invitar hermanos de otras congregaciones. Aunque esto no es del todo malo, muchas veces estas células no tienen crecimiento, aunque tengan grandes asistencias, pues, sus miembros son todos convertidos, que toman la célula como un paseo. El líder busca hermanos porque tiene miedo de evangelizar a los perdidos, cree que lo rechazaran y se olvida del poder de Dios. Pero, el líder debe centrarse en buscar al borracho, a la prostituta, al pandillero, al ladrón, al que tiene su familia desintegrada, al que tiene problemas económicos. Ellos son los que necesitan de Jesús. Cuando busquemos éste tipo de gente Dios los comenzará a transformar y, entonces, tendremos, un vivero lleno de hombres y mujeres dispuestas a servir a Dios igualmente, pues, Dios ha transformado sus vidas.
2. No se sienta superior a ellos: Cuando se enfoque en los más necesitados espiritualmente no se acerque a ellos como sintiéndose superior o más espiritual. Recuerde de donde lo sacó el Señor y acuérdese de Cristo. Hábleles con la pasión de Jesús, no crea que usted es mejor o mayor, pues, todos somos almas necesitadas ante Dios. En lugar de sentirse superior sea el siervo de ellos, esté dispuesto a morir por ellos, entregue su vida al servicio desinteresado hacia esas personas. No los deje en paz, no los vea como números solamente, sino como personas especiales ante Dios, dignas del amor del Padre y la muerte del Hijo.
3. Mostrando el amor de Dios: Así como Dios es amor, usted también ame sin condición. El amor es sufrido, benigno, sin envidia ni rencor, que no busca lo suyo y que todo lo soporta. Mientras más el líder de célula puede mostrar ese testimonio de Cristo, ese amor incondicional, más anhelarán de ese amor y buscarán a aquél que puso ese amor en usted. La gente pecadora está angustiada, pide y suplica internamente, se sienten solos e infelices, son muchas veces distantes y amargados porque suplican un poco de amor y están encadenados y presos del orgullo. Amelos, búsquelos, téngales paciencia, esto marcara la diferencia entre las almas que se pierden sin Dios y aquellas que abrazan a Cristo.

Jesús vivió en medio de los más perdidos y pecadores. No se dio por vencido. Llevó su amor hasta las últimas consecuencias. Comía con pecadores y prostitutas, también con ladrones y homicidas, se relacionaba con gente educada e ignorante, igual que nosotros, por eso, nuestro sistema celular no debe ser un sistema a favor de los ricos o los educados sino a favor de los perdidos y necesitados. No debemos encerrarnos en cuatro paredes como ermitaños, debemos salir a las calles a buscar las almas sedientas de Dios.

Que mejor forma que a través del sistema celular.

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