LA FE CONTRA EL PENSAMIENTO POSITIVO.
Anthony D. Hurst
¿Quién soy yo?
Muy dentro de nosotros se encuentra el deseo de saber quiénes somos y de entender nuestra identidad. La mayoría pasamos mucho tiempo pensando en nosotros mismos y preguntándonos qué piensan los demás de nosotros. Los filósofos y teólogos han dado muchas respuestas a la pregunta: ¿Quién soy yo? Algunas de las respuestas que dan son las siguientes: 1) Yo fui creado por Dios. 2) Soy resultado de la evolución. 3) Yo soy Dios, y Dios es yo. El contraste entre estas tres respuestas es obvio. Definitivamente las tres no pueden ser ciertas.
La Biblia misma ha sido utilizada para promover la idea del “pensamiento positivo”. Aunque ella es la fuente de la verdad, los hombres han torcido su verdad, sacando pasajes de su contexto, y los han acomodado a sus propias ideas. El escritor Wayne W. Dyer usa los siguientes versículos para probar que en esencia nosotros somos uno con Dios y por lo tanto somos divinos: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:5-6). ¡Qué tremenda distorsión de las Escrituras! Si bien el énfasis en el “pensamiento positivo” no pareciera tener ninguna relación con esta creencia que acabamos de notar, la verdad es que está muy íntima mente relacionado.
Hoy día se les enseña a padres, profesores, pastores, y consejeros a desarrollar patrones del “pensamiento positivo” para sí mismos y para los suyos. Hay muchos libros sobre temas como la autosuperación, la autoestima, y el pensamiento positivo.
Las siguientes son algunas frases muy comunes hoy en día:
“Yo soy especial.” “Yo debo de tener mucho valor, puesto que Dios no hace basura.” “Yo puedo lograrlo.” “Yo puedo lograr el éxito si creo en mí mismo.”
“Yo puedo realizar mis sueños.” Para los que luchan con la depresión o la inferioridad, estas ideas sin duda pudieran ofrecer un rayo de esperanza. Puede ser que estas frases aun parezcan ser muy correctas y de ánimo, pero, ¿son bíblicas?
El “pensamiento positivo”, según lo enseñan los psicólogos modernos dice: “Busca en ti mismo lo bueno que hay en ti. Luego, con un sentimiento positivo, crece, alcanza, logra, y realiza tus sueños.” Ellos dicen que la autoaceptación es imperativa.
¿Qué mal hay, pues, con esta idea del “pensamiento positivo”?
En primer lugar, Dios queda totalmente fuera del cuadro en nuestra lucha entre el bien y el mal. El “pensamiento positivo” gira alrededor de la persona misma y de lo bueno que hay en ella. La filosofía del pensamiento positivo” no nos enseña a reconocer nuestro grave problema con el pecado, y por lo tanto, no sentimos la necesidad de un Salvador.
Cuando necesitamos fortaleza, nos enseña a mirarnos a nosotros mismos y no a Dios. El “pensamiento positivo” nos hace sentir orgullosos por nuestras capacidades y además, alimenta nuestro orgullo.
¿Por qué la gente acepta tan fácilmente la idea del“pensamiento positivo”?
En nosotros hay un deseo fuerte de sentirnos bien con nosotros mismos y nos es difícil reconocer que somos pecadores miserables y que por nuestra propia esclavitud al pecado somos débiles. Por lo tanto, nuestra tendencia es de tratar de controlar nuestra vida y convertirla en algo de valor.
¿Cuáles respuestas nos da la Biblia a la pregunta de “quién soy yo”? Las respuestas de la Biblia no nos llevan al punto de aborrecernos, sino más bien, a que vivamos humildemente bajo aquél en quien
“vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28).
Primero, “Y creó Dios al hombre a su imagen” (Génesis1:27). Somos creados a imagen de Dios y por eso somos amados por él. Somos especiales para Dios, no por lo bueno que haya en nosotros, ¡sino por lo bueno que es Dios! Esta verdad debe causar en nosotros una profunda humildad.
El antídoto contra el orgullo es entender lo que somos en comparación con lo que es Dios. Segundo, a causa de la caída, ahora el hombre es la criatura más vil sobre la tierra. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Muchos pasajes bíblicos nos revelan que sin Cristo somos depravados, malos, y estamos perdidos sin esperanza. ¡Pero gracias a Dios, hemos sido lavados, santificados, y justificados por el Señor Jesucristo!
Tercero, “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).
¿Es verdad que separados de Cristo nada podemos hacer? Pero, qué de los grandes avances que el hombre ha logrado como: ir a la luna, ganar grandes distinciones, y lograr tremendos avances tecnológicos sin estar conectado a la vid? Eso es cierto, pero su trabajo, en lo que respecta al reino de Cristo, es nada más como “metal que resuena, o címbalo que retiñe” (1 Corintios 13:1).
Cuarto, “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Según este versículo, dar dinero a los pobres, ayudar a otros, asistir a la iglesia, y cualquier otra “buena obra” no será de agrado a Dios a menos que proceda de una fe viva.
De los pasajes bíblicos citados anteriormente, podemos concluir lo siguiente: 1) hemos sido creados a la imagen misma de Dios; 2) hemos pecado y necesitamos de un Salvador; 3) no podemos llevar fruto si no estamos unidos con Cristo; y 4) sin fe es imposible agradar a Dios.
¿No podemos comprender que estos conceptos bíblicos son claramente contrarios a la idea moderna del “pensamiento positivo”?
El que lucha con la inferioridad necesita humillarse ante esta verdad de que es amado por Dios.
Entonces podrá servir a los demás a causa del amor en su corazón. Una fe viva es mucho más que simples palabras diciendo que Dios existe. Es, más bien, un profundo convencimiento y aceptación de todo lo que Dios nos ha revelado de sí mismo y de nosotros, y luego vivir según esa convicción. Una fe viva resulta en una relación con Cristo y nos llena con un fuerte deseo de servir a Dios y a los demás. Hace que crezcamos en amor a Dios y no a nosotros mismos. Una fe viva nos llama a procurar todo lo que Dios espera de nosotros y a realizarlo, pero ¡para su gloria! Una fe viva resulta en una relación con Jesucristo y produce en nosotros un cambio de corazón, lo cual cambia nuestras actitudes para con nosotros mismos. En humildad aceptamos nuestras capacidades como dones de Dios.
Debemos, por lo tanto, procurar desarrollar nuestras capacidades y usarlas en la obra de Dios. Muchas veces pasamos por alto algunos de nuestros talentos o no los desarrollamos bien. ¡Esforzarse por lograr la excelencia para la gloria de Dios es una aspiración que vale la pena! Pero debemos recordar que la fuerza para desarrollar y ejercer nuestros talentos la adquirimos a través de nuestra relación con Cristo y no del “pensamiento positivo”.
Los cristianos debemos ser felices. Tenemos tantas cosas positivas en que pensar. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Estos pensamientos positivos están basados en la verdad y no sobre lo bueno que haya en nosotros.
¿Qué tal si les enseñamos a nuestros hijos confiar en sí mismos? ¿Debemos, más bien, hacer que nuestros hijos pequeños entiendan que Dios quiere ayudarlos? Debemos ayudar a nuestros hijos a que vivan conscientes de la presencia de Dios y de que él nos da la fuerza para hacer lo correcto.
Éstos son pensamientos positivos; sí, muy positivos, pero instan a nuestros hijos a mirar hacia arriba y no a ellos mismos.
¿Es necesario que nos aceptemos a nosotros mismos? Sin duda, hay algunas cosas que debemos aceptar de nosotros mismos como: nuestra apariencia física, nuestro pasado, y aun nuestra personalidad.
Pero la idea de “aceptarse a uno mismo” según la idea moderna del
“pensamiento positivo”, es algo totalmente distinto. Tal idea es considerada un paso muy importante en el proceso de llegar a
“pensar positivamente” de uno mismo. Significa no aceptar ninguna responsabilidad por nuestros pecados y más bien enfocar en nuestros puntos buenos.
Por el contrario, la fe viva nos libra de la esclavitud del orgullo y de la depresión. Nos llama a buscar de nuestro amante Padre la gracia, la fuerza, la esperanza, y el valor. ¡Oh Dios, implanta en nosotros esa fe!
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Noviembre-Diciembre 2002, Volumen 16, página 4. Usado con los permisos correspondientes.
LA FE ES UNA ACCIÓN.
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*¡BIENVENIDA Y FELICITACIONES A JESSICA PREZA!*
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