LA LEALTAD DE UN CONSEJERO.Henry Preza.
Quizá no hay problema más común entre los cristianos que la carencia de buenos consejeros o personas de confianza. Es triste como la gente no sabe en quién confiar ni a quien contarle sus problemas. Si bien es cierto, Dios le ha dado el sacerdocio a cada creyente para ministrarse unos a otros esto se ve estropeado cuando uno se topa con personas que no son leales ni discretas. Este tema es hecho tomando en cuenta la falta de discreción en muchos creyentes y la falta de respeto a la dignidad de los demás miembros del cuerpo de Cristo. Es una sugerencia para todos los que alguna vez aconsejarán a alguien.
“La ética del consejero” es muy importante en la práctica y todos los cristianos deberíamos tenerla, en especial, en mundo lleno de intrigas, murmuraciones y deslealtades.
El consejero tiene que saber escuchar y a la vez aconsejar, tiene que saber callar y a la vez guardar, tiene que saber cuando hablar y de qué forma hablar y con quien hablar. Debe diferenciar las conversaciones que tiene con el mundo normal y lo que es hablar con alguien que pide consejo. Por eso, el consejero debe evitar contar los problemas que le cuentan aún con sus esposas y familia. Aunque debe saber tratar casos de problemas de mujeres juntota su esposa para evitar caer en la tentación sexual. Pero, fuera de esto, debe ser como una “caja térmica.”
Dicen que cuando alguien dice algo es porque quiere que se sepa. Mi filosofía es no contar conversaciones que otras personas tienen conmigo a no ser que éstas sean inofensivas. Un consejero una vez contó que en cierta ocasión un hermano le dijo que cuando un amigo le habló mal de otra persona él fue a la otra persona a contarle para que él hablara con aquel con el que había estado haciendo malos comentarios. Para él esta era una forma de solucionar problemas; para mí es una forma de aumentarlos. Lo correcto era reprender con amor al que estaba hablando a espaldas del prójimo y explicarle lo que era correcto. A la vez animarlo a hablar con él para solucionar sus diferencias con la posibilidad de estar en presente. Pero, al hacer lo primero quitó toda posibilidad de que los ofendidos tomaran una iniciativa basada en u consejo sabio.
Desde este punto de vista también creo que es importante orientar a la persona antes de hacer cosas por nuestra cuenta y es necesario ser fiel a la palabra hablada.
Maneras en que se pierde la confianza1. Cuando usted cuenta los problemas que le cuentan a terceros.
2. Cuando pone de ejemplos en sus predicaciones problemas que le han contado.
3. Cuando critica a la persona por el problema que le cuentan en lugar de ayudarle.
4. Cuando no cree a lo que le dicen y tiene que preguntarle a la otra u otras personas en cuestión sin antes consultarlo con el aconsejado.
Pensemos en lo siguiente: -Es necesario evitar contar los problemas que se nos cuentan. Si uno tiene una solución bíblica debe hacer que el que pide consejo lo haga. Por ejemplo, si el aconsejado cometió adulterio, el pastor no debe correr a la esposa del adultero a contarle el pecado de su esposo ni tampoco contárselo a otras personas. Debe animar al adultero a confesarlo por sí mismo, pues, esto traerá restauración y un verdadero arrepentimiento. Igual si alguien tiene diferencias con una persona. La manera correcta es crear el ambiente en que se pueda solucionar el problema y no convertirse en el común “lleva y trae” que es tan común en nuestros días.
- La práctica de contar en las predicaciones lo que otros hacen o nos confían es tan vieja e incorrecta como otras practicas anticristianas. Cuando alguien toma la predicación como un medio para desahogarse está muy mal, pues, Dios nos pide que si algo no nos agrada de nuestro prójimo que vayamos directamente a él y lo hablemos. Por eso, es bueno tener la filosofía de no contar nada de lo que se nos dice en los mensajes y evitar predicaciones que tienen que ver con problemas que estamos enfrentando, pues, es fácil que “la carne vaya en esos mensajes.”
-Evitar la crítica al que nos pide consejo es importante. Las palabras deben ser hechas en amor y si alguien nos pide un consejo y es él el que está en lo incorrecto debe tenerse mucho amor para mostrarle la verdad. Yo he conocido consejeros que tienen doble cara, al aconsejado le dicen una cosa, pero, después con sus colegas denigran a esa persona o le creen falso.
- Cuando son problemas matrimoniales uno debe saber lo que piensan las dos partes, pero, no sin hablarlo previamente con el que pidió el consejo. No debe tomar iniciativas que antes no haya consultado con el que pide en consejo. Eso es algo de sentido común. Esto se aplica a los problemas de las iglesias, a los problemas financieros, a los problemas de trabajo y a todas las áreas de la vida.
El consejero puede destruir, puede terminar a una persona emocionalmente si no está preparada. Por eso las personas indiscretas, los que no son fieles, los que son desconfiados y los que tienen como ética la murmuración no son candidatos a dar un buen consejo. El consejero debe evitar toda intriga y amargura en su corazón.
Muchos de nosotros quizá por eso hemos perdido la confianza en casi todas las personas. Es triste cuando me pongo a pensar que en casi todas las personas que he confiado termino desconfiando. En realidad, en la actualidad quizá sólo confío en un amigo bautista, en mi esposa y en algunos miembros de mi familia. Sé que hay más personas discretas, pero, nunca les he contado nada. De allí me he llevado desilusión con otras personas en las que creía confiar y que no han tenido la madurez necesaria para ayudarme.
De mi parte puedo darle gracias a Dios por haberme permitido entender desde mi niñez la necesidad de respetar el derecho de discreción que todas las personas tienen y creo que junto con mi muerte irán a la tumba cientos de cosas que nadie conocerá, sólo los que alguna vez me buscaron o escribieron.
Igual creo que ha pasado con tantos hermanos y hermanas que han buscado ayuda. La verdad es que cuando ya no se puede confiar en nadie, todavía se puede confiar en Dios.
MATERIAL ANEXO:
James Hamilton cuenta en su libro: “El ministerio del pastor consejero” lo siguiente:
“En 1955, Cribbin hizo un estudio minucioso de dos¬cientos libros de texto y artículos para aprender el lugar de la filosofía y los valores de esta clase de aconsejar. Lo que sigue es un resumen de los principios filosóficos que él descubrió en su investigación:
1. Aconsejar se basa en el reconocimiento de la dig¬nidad y valor del individuo y su derecho a una ayuda per¬sonal en tiempos de necesidad.
2. El aconsejamiento se centra en el paciente, y está al tanto del mayor desarrollo de la persona total y una completa realización de sus potencialidades para fines individuales y sociales.
3. El aconsejar es un proceso continuo, con orden entre sus fases y educativo.
4. Aconsejar tiene una responsabilidad ante la socie¬dad como también a los individuos.
5. El consejero debe respetar el derecho de cada per¬sona para aceptar o rechazar la ayuda y los servicios que ofrece.
6. La actividad está orientada a la cooperación, no a la compulsión.
7. El aconsejar implica asistencia dada a personas pa¬ra que hagan decisiones, planes e interpretaciones sabias y decisiones y ajustes en las situaciones críticas de la vida.
8. El aconsejamiento demanda un estudio compren¬sivo del individuo en su cultura local, con el uso de cada técnica científica posible.
9. El aconsejar debe confiarse sólo a los que están naturalmente dotados para la tarea y tienen la preparación y la experiencia necesarias.
10. El énfasis del aconsejamiento está en ayudar al individuo a darse cuenta y actualizar lo mejor de lo que él es para solucionar problemas, ya sean problemas de él mismo, o de la escuela o de otras instituciones.
11. El aconsejar debe evaluarse continuamente en for¬ma científica por lo que se refiere a su efectividad.
ACONSEJAR PARA LOGRAR UN CAMBIO
El propósito final de aconsejar es efectuar un cambio en el aconsejado. Lo que sigue son algunos cambios especí¬ficos que el pastor ayudará a sus feligreses a obtener:
1. Reducción de ansiedad. Esto hace que la persona redirija su energía hacia la solución de su problema inme¬diato, en lugar de usarla para alimentar su ansiedad.
2. Lograr una mayor objetividad. El aconsejar sirve para disminuir la subjetividad a través de la clarificación del problema y un entendimiento de la relación del aconse¬jado hacia este problema.
3. Un adelanto en motivación. Esto resulta cuando uno principia a ver que hay base para una verdadera espe¬ranza de que su problema puede ser resuelto.
4. La capacidad de realizar pruebas de estado emocio¬nal. Esto se logrará cuando uno aprende el por qué de el qué que le causa el problema.
5. Una capacidad creciente para evaluar y confrontar la culpa. Esto resulta cuando uno aprende a examinar la validez de su culpa (no todos los sentidos de culpa son váli¬dos), y trata con ellos de un modo constructivo tanto en la dimensión humana, como en la divina.
6. Un creciente concepto de él mismo. Esto se obtiene efectuando una relación más cercana entre la percepción de sí mismo y sus experiencias propias.
7. Una creciente destreza en sus relaciones interpersonales. Esto se efectúa de dos modos: (1) Una experiencia franca con el pastor y en relación de aconsejamiento; y (2) experimentando franqueza con otros en las situaciones de su vida.
8. Una creciente capacidad para trabajar, para amar, y para ser. Estos resultados se obtienen cuando la persona aprende a dirigir sus energías e intereses, partiendo de una inútil subjetividad hacia una liberadora objetividad.
9. Una creciente confianza al enfrentarse al futuro. Esto resulta cuando uno tiene la experiencia del “dulce sabor de la victoria” en tratar con un problema serio, lo cual le da la creencia de que puede, con la ayuda de Dios, resolver los problemas que vengan en el futuro.
10. Un mejor concepto de Dios y un mayor entendi¬miento de su amoroso carácter. Esto resulta cuando el pastor ayuda a su feligrés a aceptar verdaderamente al Dios de la Biblia y a descartar, si la tiene, una opinión de Dios basada en sus propios sentimientos.
11. Una creciente semejanza a Cristo en actitud y comportamiento. Esto se obtiene cuando uno aprende a prac¬ticar los preceptos de nuestro Señor tanto en la dimensión intrapersonal como en la interpersonal.
12. Una capacidad creciente para expresar la fe cris¬tiana en el servicio. Esto se efectúa aprendiendo a entender que somos salvos para servir.”
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