EL TEMA DEL MATRIMONIO.
INTRODUCCIÓN
La Biblia nos habla del matrimonio como un misterio. Cuando la Escritura habla de un misterio no tiene relación alguna, lógicamente, con investigaciones policiales, sino que se refiere a un conocimiento que nos es revelado únicamente por voluntad de Dios.
Sabemos de algunas cosas en cuanto al matrimonio únicamente porque Dios nos las ha revelado. El matrimonio, según lo que Dios nos ha revelado, es una unión. Une a dos personas a través de lazos en el corazón, invisibles pero muy reales, de manera que no existe tal cosa como el amor sin un compromiso de entrega y servicio. Esta unión es un principio en el cual Dios espera que sea reconocido y preservado a través de un compromiso matrimonial de por vida. Tal clase de compromiso refleja, a la vez, la relación aun más profunda de amor y compromiso entre Cristo y su iglesia. Al ver todo esto, fácilmente entendemos por qué Pablo escribió del matrimonio diciendo: “Grande es este misterio” (Efesios 5:32).
Viendo la profundidad de este misterio es de esperar que el hombre por sí solo, con su entendimiento limitado, transforme el matrimonio en caos y desastre. Sin una revelación de lo que es el plan de Dios, las personas de hoy ven el matrimonio como un proyecto a corto plazo. En él pretenden lograr metas inmediatas o por lo menos en un futuro muy cercano. Algunos intereses como la felicidad personal, la necesidad, o aun simple conveniencia parecen ser el factor decisivo para entrar en el matrimonio o salir de él. En otras palabras, como parezca mejor según las circunstancias.
Ante la creciente ola de matrimonios rotos es necesario que el cristiano refuerce la vigilancia y se apegue al plan de Dios, tanto en sus palabras como en su vivir. Lo que Dios ha dicho es verdadero. Lo que Dios ha establecido es lo correcto. Así que lo que Dios unió que sea de por vida.
EL PLAN DE DIOS: UN HOMBRE Y UNA MUJER, HASTA LA MUERTE
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). Ésta es la primera instrucción en la Escritura referente al matrimonio. Después de citar estas palabras, Jesús añadió: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6).
El apóstol Pablo lo amplió aún más: “Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido” (Romanos 7:2).
Las instrucciones de la Biblia son claras: un hombre y una mujer, hasta la muerte.
Una unión tan profunda exige compromiso. El matrimonio exige de ambos, esposo y esposa, un amor que se niega a sí mismo en fidelidad excluyendo a cualquier otra persona ajena al matrimonio.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos…. Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Efesios 5:25, 28, 33).
“Y la mujer respete a su marido…. Las ancianas asimismo… enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos” (Efesios 5:33, Tito 2:3-4).
¿Qué significa amar? A primera vista, el amor matrimonial pareciera pintoresco y colorido.
Un mar de rosas, sentimientos apasionantes, y sueños dulces. Pareciera un amor maravilloso que resulta atractivo para hombres y mujeres de todo el mundo. Pero en el fondo, el amor matrimonial es mucho más que un sentimiento. El amor exige un compromiso.
El amor aparenta ser no sólo atractivo, sino también fácil, y lo es. Un esposo fácilmente ama a su esposa mientras ella cumpla y busque complacerlo, y ella naturalmente lo amará de la misma manera. Pero nadie tiene control sobre las circunstancias futuras. Tarde o temprano la vida nos presenta pruebas y es ahí donde el lado profundo del amor entra en juego: el compromiso. Cuando los planes no resultan, la adversidad invade nuestras vidas, la enfermedad y los accidentes nos prueban a fondo, es entonces cuando enormes responsabilidades recaen sobre ambos. Repentinamente, los recién casados se dan cuenta que el amor no es siempre una sensación maravillosa.
Amar significa dar, trabajo, sacrificio, llanto, desvelo, cuidado, perdón, paciencia, ajustes, y entonces entrega y entrega y todavía un poco más. Con esto no estamos diciendo que después del primer año de matrimonio el amor ya no es placentero. En un amor duradero hay una dimensión del placer que es aun más maravillosa que lo experimentado al principio. Pero esa dimensión sólo la alcanzan quienes están verdaderamente comprometidos; aquellos que se han atrevido a avanzar más allá de las primeras emociones buscando el gozo del amor sacrificado y abnegado.
Solamente al ejercitar la abnegación, llega a ser realidad el verdadero gozo del amor matrimonial. Y solamente cuando consideramos el amor como un compromiso estaremos dispuestos a abnegarnos en amor. Sin embargo, debemos tener presente que la abnegación y el compromiso del amor matrimonial van más allá del razonamiento y la capacidad del hombre caído. “El amor es de Dios” (1 Juan 4:7). El amor matrimonial pide que tanto esposo como esposa caiga sobre sus rodillas reconociendo su incapacidad de amar sin la presencia de Cristo morando en su corazón. También debemos tener presente que Cristo solamente mora en aquellos que se han limpiado del egoísmo. Así que, de muchas maneras, el amor llega a ser un ejercitarse en quebrantamiento y crecimiento espiritual. De hecho, las más ricas dimensiones del amor matrimonial son espirituales, porque la fuente del amor duradero es el sempiterno Salvador.
LA ESPOSA PIADOSA
Ahora nos dirigimos más específicamente a los cónyuges que forman parte de la relación matrimonial. Un matrimonio, obviamente, se compone de un esposo y una esposa. Pero ¿qué clase de esposo y qué clase de esposa se requiere para formar un matrimonio estable? También nos hacemos la pregunta: ¿Deben todos ajustarse a un mismo molde para poder lograr un matrimonio estable? Hoy en día, el concepto tradicional de la esposa y su papel ha sido confrontado al punto de instigar una revolución contra los mismos conceptos del matrimonio.
Por eso empezamos considerando, a la luz de las Escrituras, la descripción de la esposa piadosa. “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado…. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso…. Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua.
Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde” (Proverbios 31:10-11, 19-20, 26-27).
“Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado … que se cubra” (1 Corintios 11:5-6).
“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos… Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:1-4).
“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:3-5). Los ideales de Dios y los ideales populares y veamos cuanto se ha extraviado la mujer moderna.
Cualquiera fácilmente ve como estos dos grupos de ideas afectarán la vida en el hogar.
Imaginemos cómo fuera el ambiente en el hogar viviendo con la mujer según el mundo.
Probablemente los horarios serían incumplidos, tornándose en una situación frenética. La idea de tener hijos resultaría repulsiva y serían comunes las comidas frías. Las condiciones se prestarían para toda clase de discusiones. Discusiones en cuanto a vehículos, muebles para la casa, el trabajo, y un sinnúmero de otras cosas más. Por otra parte, imaginemos como fuera el ambiente viviendo con la mujer piadosa. Probablemente tuviera más niños, más amor, más contentamiento, y mejores comidas. La familia pudiera realizar trabajos juntos y sobre todo existiría un ambiente atractivo al cual el esposo anhelaría regresar después del trabajo, un ambiente en el cual los hijos se sientan seguros.
EL ESPOSO PIADOSO
¿Qué dice la Biblia en cuanto al esposo? “Su marido… la alaba” (Proverbios 31:28).
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Efesios 5:25-33).
“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).
“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña? Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas” (Proverbios 5:18-21).
Nuevamente vemos como los ideales del Señor para el hombre son totalmente diferentes a los ideales del mundo. ¿Qué clase de hombre es admirado en el mundo? ¿Qué creen ser importante para su felicidad y realización como hombres? Hagamos un contraste entre estos dos puntos de vista.
Nuevamente, consideremos las diferencias entre el hombre del mundo y el hombre piadoso. Con el hombre del mundo fácilmente pudiera haber abundancia de dinero, pero muy poco tiempo con la familia, y mucho conflicto y afán. Con el hombre piadoso se puede sentir amor, liderazgo, comprensión, y seguridad.
Para ampliar el cuadro, consideremos al hombre del mundo casado con la mujer también del mundo según la describimos anteriormente. Y en contraste, consideremos al hombre piadoso casado con la mujer piadosa. La relación de la primera pareja seguramente será de abundancia de cosas, pero con escasez de gozo, propósito, y satisfacción. Al contrario, en la relación de la segunda pareja se va a desestimar lo material pero será rica en amor, seguridad, sentido, y propósito.
Al considerar el plan de Dios con relación al esposo y la esposa en el matrimonio, tal vez el punto de más controversia para las personas de hoy en día es la sumisión de la esposa. Veamos específicamente lo que dicen las Escrituras. “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3). “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia.… Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24).
La sumisión de la esposa muchas veces ha sido mal interpretada como si indicara que es de menos importancia, desigual, o que está bajo esclavitud. Posiblemente sea ése el sentir de la esposa cuyo esposo es egocéntrico. Pero es todo lo contrario cuando el esposo es piadoso y obediente en desempeñar su papel ante Dios. Las personas creen que desempeñar su papel como esposo o esposa no les permitirá una plena realización como hombres o mujeres. Ahí nacen los conceptos equivocados en cuanto al papel que cada uno debe desempeñar. Según el pensar del mundo, la libertad y la realización personal se obtienen a través de hacer lo que uno quiera. Por eso, a menudo la posición del esposo es la más codiciada. La idea es que si el esposo puede hacer lo que quiera, su vida estará llena de satisfacción y realización personal. Pero, en realidad, la libertad y la satisfacción se obtienen agradando a Dios y sirviendo a otros. Y estos dos son campos en los que tanto el esposo como la esposa puede dedicarse de lleno.
¿Puede el esposo hacer como él quiere? Jamás. Él experimentará libertad y satisfacción solamente si es comprensivo, si ama a su esposa e hijos, y provee para sus necesidades.
¿Está la esposa obligada a complacer cualquier capricho de su esposo? ¿Está obligada a apoyar y animarlo en cualquier cosa, sea que lo haga en sabia consideración o en necedad? Según la Escritura la esposa está bajo la autoridad de su esposo. Se espera que ella le obedezca, se someta, y lo apoye. La Biblia no hace ninguna excepción ni aun en caso de que la esposa no esté de acuerdo. Tampoco cuando algo no es según su gusto o cree que sería imprudente. Sin embargo, serían apropiados el diálogo y las sugerencias. Especialmente si el esposo está abusando de su autoridad, ella puede acudir a las autoridades que están sobre él. Pero hay aspectos en cuanto a las preguntas anteriores que son más importantes que responder con un “sí” o un “no”. Si la esposa está dispuesta a ver su apoyo de su esposo como para el Señor (Efesios 5:22) tendrá una conciencia libre a la hora de someterse a la autoridad de su esposo. Es una libertad que no pudiera de ninguna manera convertirse en esclavitud. Además, entre más entiende la esposa que su papel es apoyar, poner de su parte para que él llegue a ser lo mejor posible como esposo, y entre más sus acciones, palabras, y actitud en general lleguen a ser de apoyo, más posibilidad habrá de que su esposo cada vez sea más considerado con ella. A la vez ella irá adquiriendo la sabiduría para saber cómo comportarse en situaciones difíciles.
Un convenio basado en un liderazgo amoroso por parte del esposo y un apoyo amoroso por parte de la esposa, es de gran importancia para Dios. De hecho,
Dios ha querido instituir una expresión de ese convenio. Según 1 Corintios 11, el cabello largo y el velo sobre la cabeza de la esposa, y el cabello corto y la cabeza descubierta del esposo testifican de la sumisión de él a Dios y la sumisión de ella a su esposo.
Son muchas las preguntas complicadas y los problemas dolorosos que surgen cuando los matrimonios no respetan las instrucciones de Dios. Los esposos se sienten amenazados y manipulados.
Las esposas sienten que son atropelladas y que no son comprendidas. En vez de discutir todas las formas equivocadas, notemos cuatro principios que debemos comprender a la hora de enfrentar problemas matrimoniales.
1. Solamente los que siguen el plan de Dios experimentarán su bendición. La tendencia del hombre es de ser inflexible en su razonamiento, limitado a la situación presente. Ciertamente debemos considerar las diferentes situaciones, pero procurando respetar y acatar lo que Dios ha dicho. El esposo debe guiar; la esposa apoyar. En los campos donde él es débil ella puede ayudarle a ser fuerte, pero ella no puede tomar su lugar. Donde ella está fuera de su lugar, él puede aconsejarla, animarla, reprenderla, amarla, y proveer para ella, pero nunca debe exceder los límites impuestos por el ejemplo de Cristo. Nunca tiene la libertad de obligar a su esposa a que lo apoye. Otra vez vemos que respetar el plan de Dios es la única manera de recibir su bendición.
2. Cuando el esposo o bien la esposa no es lo que Dios espera, el otro se ve presionado. Es difícil honrar y apoyar al esposo que no es amoroso. A la vez es difícil ser amoroso y considerado con la esposa que no es sumisa. Por lo tanto, cualquiera de los dos que tenga alguna queja contra el otro debe analizarse honradamente en oración. “¿Soy yo lo que Dios espera de mí?”
3. La manera más eficaz de ayudar al cónyuge que ha salido de su lugar es siendo, a toda costa, el cónyuge que Dios espera que sea. Difícilmente la esposa insumisa responderá bien si se le ordena ser sumisa. Pero el esposo posiblemente pudiera ganar su respeto y sumisión redoblando su amor, consideración, y comprensión para con ella. Difícilmente el esposo áspero y autoritario responderá positivamente si su esposa le está recordando que debe amarla. Pero el esposo se puede ganar “sin palabra” a través del apoyo amoroso y la sumisión piadosa de su esposa (ver 1 Pedro 3).
4. Se pueden equivocarse a la hora de escoger un candidato para el matrimonio. Sin embargo, ya una vez unido con un compañero legítimo, el matrimonio los une de por vida. Vivimos en un mundo de afán y necedad, y consecuentemente también en un mundo de dolor y problemas. Muchos hoy en día se despiertan después de la emoción de la boda y se preguntan cómo Cupido pudo ser tan mentiroso. De ahora en adelante su vida definitivamente será peor. ¿Qué se puede hacer después de haber cometido una gran equivocación en el matrimonio?
“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia” (Eclesiastés 5:4-6).
Dios nos pide que seamos fieles a nuestros votos. Aun si cometimos un error a la hora de escoger un candidato, ya después del matrimonio debemos aceptar la realidad de que el compañero escogido será nuestro único cónyuge. Posiblemente tengamos que sufrir para mantener nuestros votos, pero Dios puede y quiere obrar poderosamente a favor de los que encomiendan su causa a él.
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Enero-Febrero 2002, Volumen 16, página 17. Usado con los permisos correspondientes.Citado de Christian Family Living Por: John Coblentz Usado por la revista con permiso de Christian Light Publications, Inc. Harrisonburg, VA, EE.UU.
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Anderson Menger
http://andersonmenger.blogspot.com
Han pasado30 días ...
Muchos temas fueron muchas verdades en éste espacio. Pero, ¿qu...
Hace 1 día
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