LA IDOLATRÍA.
Marcos Yoder
Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego... para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios” (Deuteronomio 7:25).
La idolatría es una abominación a Dios. Esto significa que la idolatría le causa un disgusto grande, la detesta y la aborrece. Pero, ¿qué es la idolatría? ¿Por qué es una abominación a Dios? ¿Por qué la aborrece tanto Dios? Analicemos estas preguntas a continuación.
¿Qué es la idolatría? La idolatría es adorar a otra cosa en lugar de adorar a Dios. Es tener otros dioses (dioses ajenos) en nuestra vida que adoramos. Sin duda, la idolatría más conocida es la de postrarse ante una imagen de piedra, madera, o yeso. La Biblia claramente prohibe semejante cosa:
“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación...” (Éxodo 20:3-5).
Aparte de que Dios lo prohibe, es absurdo adorar a una imagen que ni siquiera tiene capacidad alguna de ayudarnos. Para trasladar una imagen de un lugar a otro hay que alzarla y llevarla, porque no puede moverse por sí misma. Si ni siquiera puede moverse sola, ¿cómo pudiera ayudarnos?
Si no tiene ninguna fuerza, ¿cómo pudiera responder a nuestras oraciones? Nota lo que dice el salmista David: “Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas. Semejantes a ellos son los que los hacen, y todos los que en ellos confían” (Salmo 135:15-18).
A la luz de esto, ¿no es extrañoque las personas todavía se arrodillen ante las imágenes? Pero aun más extraño es que una persona, sabiendo que existe un Dios verdadero, siempre se arrodille ante una imagen. Habiendo un Dios vivo, todopoderoso, soberano, glorioso, y creador de todo y que puede ayudarnos, ¿por qué buscar la ayuda de imágenes que no hablan, que no ven, y que no tienen aliento?
Hay otra clase de idolatría que es igual de malo y que Dios también aborrece, pero no está tan a la vista. Esta idolatría es aun más común que la de inclinarse ante las imágenes. Muchos practican esta idolatría sin saberlo. Es más, hay muchos que la practican y dicen que están adorando al Dios verdadero. Ése llega a ser el dios de su vida.
El dios de su vida toma el primer lugar para ellos. Lo que más aman y lo que es más importante para ellos es su dios.
¿Cómo pueden saber qué es lo que más aman, o qué es lo más importante para ellos? Pueden saberlo al observar qué es lo que controla su vida. ¿Qué influye más en las decisiones que toman? Lo que controla su vida es su dios. Si hay otra cosa que controla su vida aparte del único y soberano Dios, esa cosa es un ídolo para ellos, y son culpables de la idolatría.
Por ejemplo, el apóstol Pablo por el Espíritu Santo nos enseña que la avaricia es idolatría:
“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza... y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).
Cuando la persona tiene avaricia es porque su amor a las riquezas controla su vida. Tiene un espíritu que busca agarrar todo lo que pueda para satisfacerse a sí mismo. Busca la felicidad en las posesiones o el dinero. Su propia persona es el enfoque principal de su vida. El que no toma sus decisiones según la voluntad de
Dios, sino según sus propios deseos de tener más, esa persona es idólatra.
Todos tenemos algo en nuestra vida que estimamos como lo más importante de todo.
Dichosos los que le dan a Dios ese lugar en su vida. Los que viven así viven según la verdad, porque sólo Dios es digno de tener un lugar tan importante en nuestra vida.
¿Por qué es la idolatría una abominación?
¿Por qué aborrece Dios la idolatría tanto? Primero, la idolatría es un robo; le robamos a Dios el lugar que le pertenece sólo a él. Dios es un Dios celoso, y él no puede compartir el trono con otro (Éxodo 20:5; 34:14). Dios es el creador y dueño de todo el universo. Es el único que tiene derecho al trono de nuestra vida y que es digno del mismo. Cualquier otra cosa que toma el lugar del Dios soberano en nuestra vida, quita de Dios lo que le pertenece sólo a él. Estamos robándole lo que es de él. Por eso, para Dios es tan abominable cuando hay otros dioses en nuestra vida.
Segundo, la idolatría es una abominación porque es un engaño; no es según la verdad. No puede dar lo que ofrece. Solamente Dios es capaz de ocupar tal lugar de importancia en nuestra vida. Sólo Dios puede proveer toda la protección, el cuidado, la sabiduría, la seguridad para el futuro, la salvación, y todo lo que necesitamos.
Él puede proveerlo porque él es todopoderoso, todo lo sabe, está en todo lugar, es Eterno, es Creador, es el Juez, y el Salvador del mundo. Es decir, Dios tiene todas las cualidades que se necesitan para ocupar tal lugar en nuestra vida; él es el único que puede.
Todo ídolo es un engaño, así como el ídolo de yeso que no puede proveer para nosotros. Así igualmente, ni el dinero, ni el novio, ni la educación puede proveer lo que sólo Dios puede proveer. El dinero o el novio puede dar una impresión falsa de que pueden suplir todo lo que necesitamos, pero no es cierto. Es una esperanza falsa, es una mentira; estas cosas no pueden cumplir la función de un dios. Sólo el Dios verdadero es digno y capaz. Sólo él puede ser nuestro Dios. Cualquier otra cosa que quiera controlar nuestra vida es idolatría, es una falsedad y una mentira.
La persona idólatra tendrá una gran desilusión al final de su vida. Se dará cuenta de que aquello a que más dedicó su tiempo y amor no es capaz de ayudarle en lo más importante, la salvación de su alma. Es un dios falso; es un engaño. En el momento en que el hombre más necesite de él, será incapaz de ayudarle. Por eso Dios abomina la idolatría. Reflexione en este ejemplo.
El señor Ramírez asiste a los cultos de su iglesia todos los domingos. Está orgulloso de ser tan fiel en la asistencia que dice: “Todo tiene su orden. Las cosas de Dios son importantes, hay que darle a Dios un día de la semana.”
Sin embargo, el resto de la semana lo dedica a su negocio. No dirige su negocio según los principios de Dios sino según sus propias ideas.
Y aun cuando puede usar la mentira para ganar más, él lo hace con el pretexto: “Yo le doy a Dios el día domingo y los diezmos que le pertenecen. Pero en los asuntos de mi negocio él me dio la cabeza para que la use.” ¿Quién controla la vida diaria del señor Ramírez? ¿Dios o su negocio? ¿A quién ama más? ¿Quién es su dios? ¿Podrá su dios darle lo que más necesita? ¿Podrá satisfacer sus deseos más íntimos? En un accidente, ¿podrá socorrerlo? En una enfermedad que no tiene cura, ¿podrá darle la fuerza interior para enfrentar la muerte? En la muerte, ¿podrá darle la salvación de su alma? Le tengo lástima al señor Ramírez. Su dios se vuelve toda una ilusión y un engaño. Lo abandona cuando más lo necesita.
No es difícil, pues, comprender por qué Dios detesta tanto la idolatría y la prohibe. Es importante que nos examinemos para saber si Dios realmente controla nuestra vida. ¿Es Dios el que controla mis deseos, mis pasiones, mis hechos, y el todo de mi vida? ¿Habrá otro dios en mi vida que le está robando a Dios ese lugar que le pertenece sólo a él? Que Dios nos ayude a quitar cualquier cosa que quiera tomar el lugar de Dios en nuestra vida. Que Dios nos libre del gran pecado de la idolatría.
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Enero-Febrero 2002, Volumen 16, página 4. Usado con los permisos correspondientes.
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