LA SOLTERÍA.
INTRODUCCIÓN
El tema de la soltería no es el tema del que más hablan los jóvenes. Generalmente hablan más acerca del noviazgo y del matrimonio. Puede ser que esto se deba a que son más las personas que contraen el matrimonio que las que se quedan solteras, o tal vez sea porque casi todo joven desea el matrimonio. Lamentablemente estos factores muchas veces no han permitido que el tema de la soltería sea tratado debidamente. Aunque este capítulo es dedicado a los solteros, no se limita sólo a ellos. Los solteros tienen las mismas emociones y luchas que cualquier otro. Es importante que comprendamos mejor las luchas que pasan los solteros. Primero, queremos comprenderlos porque tienen el mismo valor que cualquier otro en la familia de Dios. Si queremos relacionarnos como hermanos, tenemos que llegar a comprender los sentimientos del soltero. Segundo, conforme vamos conociendo a los solteros, nos damos cuenta de que algunos de los problemas que ellos enfrentan son causados por personas desconsideradas. Livianamente pasan por alto la soltería como un “problema de ellos” y no buscan ayudarles a aliviar la carga adicional que viene con la vida soltera. Y tercero, es importante considerar el te a de la soltería en su totalidad para aprovechar a lo máximo los talentos y los recursos que ofrecen estas personas en la iglesia.
¿POR QUÉ ESTOY SOLTERO?
Insistir en saber el porqué de las cosas no siempre es provechoso, especialmente cuando lo hacemos con una actitud de enojo o disconformidad. Sin embargo, esta pregunta sí puede ser de provecho si se hace con sinceridad. Sin duda funcionamos mejor si nos entendemos a nosotros mismos. Con este fin, examinemos este tema más en detalle.
Lógicamente habrá muchas diferentes razones porqué las personas actúan de la manera en que actúan. Pero las razones por las que una persona queda soltera muchas veces son malentendidas. Están en juego muchas cosas, las cuales están fuera del control del implicado. Algunos son solteros porque ellos mismos lo han escogido. Para ellos generalmente el porqué es algo claro. Pero para muchos, la soltería es algo que no han escogido por sí mismos y en estos casos el porqué no es tan claro. Para el cristiano, Dios es soberano. Cuando el soltero cristiano está dispuesto al matrimonio pero se encuentra sin posibilidades del mismo, él se pregunta: “¿Es ésta la voluntad de Dios para mi vida?” Pero para muchos, una multitud de preguntas más turba sus pensamientos: ¿Por qué? ¿Qué hay de malo en mí? ¿Será que no estoy donde Dios me quiere tener? ¿Será que todavía no he encontrado a la persona correcta? Cuando llegamos a este punto, fácilmente perdemos la capacidad de pensar bien y dejamos que los sentimientos personales dominen nuestro ánimo. Como dice la autora del libro Woman Alone (La mujer sola): “Muchas veces lo que sentimos es tan fuerte que no nos permite ver la realidad”.
Si analizamos las preguntas anteriores, las posibles razones para la soltería se pueden clasificar en tres categorías: El carácter personal, la voluntad de Dios, y las circunstancias. Queremos examinar cada una más detalladamente.
El CARÁCTER PERSONAL
En la mente, relacionamos el matrimonio con el amor y la aceptación personal, y la soltería con el rechazo. Pero la realidad es que el matrimonio también puede traer odio y rechazo. En el corazón queremos ser aceptados, y pensamos que la aceptación siempre se encuentra en el matrimonio.
Cuando nos encontramos sin posibilidades de matrimonio, es fácil pensar que se debe a un rechazo de parte de los demás. Este complejo de sentirse rechazado puede ser destructivo. Puede dañar las relaciones con otros y agotar la vida espiritual. Puede dañar el espíritu y prácticamente destruir la personalidad.
El sentimiento del rechazo en el soltero puede mostrarse de diferentes formas. Puede manifestarse en cierto enojo para con las personas del otro sexo. Este enojo para con otros puede convertirse en enojo contra su propia persona.
Esto produce un sentimiento de fracaso personal, resultando en un estado de depresión. Por lo contrario, a veces hay un intento involuntario, de poner a prueba el amor de los demás. El que se siente rechazada tiende a querer probar que en verdad es rechazada por los demás, y por eso pone a prueba su amor por él. El sentimiento del rechazo también puede hacer que el soltero trate de probar una falsa capacidad de independencia y que no necesita de un compañero. Para dar esta impresión se dedica al trabajo, a los pasatiempos, a la educación, o a la recreación de un modo que dice: “Muchas gracias, soy capaz de vivir mi propia vida”.
A veces la persona se siente rechazada cuando en verdad no lo es. Pero sea verdadero o sólo un sentimiento, si la persona reacciona como acabamos de ver, resultará en un alejamiento de las personas que más le pudieran ayudar.
En general, la razón de estar soltero no es que la persona haya sido rechazada por todos los del otro sexo. Lo que sí tiene que ver mucho es el carácter y la personalidad de la persona, los cuales son fundamentales para la relación matrimonial como también para cualquier otra relación humana. Los jóvenes en busca del compañerismo deben siempre buscar a alguno de buen carácter y de una personalidad madura. Por lo contrario, deben evitar el compañerismo de personas que no tienen estas cualidades.
En todo caso, el que más tiene la autoridad de aprobar el carácter y darnos aceptación es Dios y no el novio o la novia. El soltero que se siente rechazado tiene que aprender de nuevo a abrir su vida a Dios.
Podemos aplicar lo que Pablo le escribió a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado” (2 Timoteo 2:15).
Reconocemos que no todos disciernen y escogen debidamente. Hay los que se harían un excelente compañero para el matrimonio pero nunca se casan. Por lo contrario, hay los que sin ninguna dificultad hallan un compañero de matrimonio pero resulta que no son buenos compañeros.
La realidad es que la vida soltera con la aprobación de Dios es mil veces más agradable que la vida matrimonial sin su aprobación.
Así que ¿hay algo falto en mí si todavía estoy soltero? Pudiera ser que sí; pero de la misma manera que pudiera haber algo falto en mí si estoy casado. Pero como vamos a ver más adelante, hay muchos otros factores que encierran el asunto y por eso cometemos un gran error en dar por sentado que la soltería es resultado de un fracaso personal.
Por otro lado, sería bueno evaluar nuestra vida de vez en cuando, no tanto para ver si estamos capacitados para el matrimonio, como para medir nuestro crecimiento personal, social, y espiritual. Pregúntese a sí mismo: ¿Estoy yo todavía desarrollando mi capacidad mental y mis talentos? ¿Soy yo cortés, considerado, y servicial en todas mis relaciones? ¿Tengo yo una profunda relación con Dios? ¿Veo yo los propósitos y caminos que él tiene para mi vida? Éstas son oportunidades de evaluar los campos débiles de nuestra vida y tratarlos de una manera constructiva.
LA VOLUNTAD DE DIOS
Un segundo factor que muchas veces vemos como causa de la soltería es la voluntad de Dios. El tema de la soberanía de Dios y cómo esto afecta nuestra vida es un tema demasiado grande para abarcarlo todo aquí. Sin embargo, es importante que tengamos un concepto correcto de Dios y su soberanía para poner toda nuestra vida en perspectiva. Las Escrituras revelan verdades, pero no siempre explican estas verdades. De las Escrituras, por ejemplo, sabemos que Dios es soberano:
“Nuestro Dios está en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3). Las Escrituras también revelan que hay pecado en el mundo y que las cosas no son como deben ser; hay dolor, hay luchas, hay malentendidos y engaños,
hay injusticia e iniquidad, hay tentaciones y maldad, hay tiempos difíciles, hay enfermedades y muerte. “Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios... No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno” (Salmo 53:2-3).
“…Viendo la prosperidad de los impíos” (Salmo 73:3). “Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra... tiempo y ocasión acontecen a todos” (Eclesiastés 10:7; 9:11). “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16). Las Escrituras también nos revelan que el hombre tiene libre albedrío. “...El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). “Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón” (Hebreos 3:9,10). ¿Cómo podemos conciliar la soberanía del Dios santo con toda la corrupción en el mundo y las decisiones malas que toma el hombre? Si es la voluntad de Dios que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4), ¿porqué no son salvos todos? ¿Por qué permite Dios que sucedan cosas en el mundo que no son correctas? ¿Gobierna él nuestro mundo y nuestra vida, o será que él nada más deja que sucedan las cosas en su curso natural? Éste es un campo teológico en el enojo contra su propia persona. Esto produce un sentimiento de fracaso personal, resultando en un estado de depresión. Por lo contrario, a veces hay un intento involuntario, de poner a prueba el amor de los demás. El que se siente rechazada tiende a querer probar que en verdad es rechazada por los demás, y por eso pone a prueba su amor por él. El sentimiento del rechazo también puede hacer que el soltero trate de probar una falsa capacidad de independencia y que no necesita de un compañero. Para dar esta impresión se dedica al trabajo, a los pasatiempos, a la educación, o a la recreación de un modo que dice: “Muchas gracias, soy capaz de vivir mi propia vida”.
A veces la persona se siente rechazada cuando en verdad no lo es. Pero sea verdadero o sólo un sentimiento, si la persona reacciona como acabamos de ver, resultará en un alejamiento de las personas que más le pudieran ayudar.
En general, la razón de estar soltero no es que la persona haya sido rechazada por todos los del otro sexo. Lo que sí tiene que ver mucho es el carácter y la personalidad de la persona, los cuales son fundamentales para la relación matrimonial como también para cualquier otra relación humana. Los jóvenes en busca del compañerismo deben siempre buscar a alguno de buen carácter y de una personalidad madura. Por lo contrario, deben evitar el compañerismo de personas que no tienen estas cualidades.
En todo caso, el que más tiene la autoridad de aprobar el carácter y darnos aceptación es Dios y no el novio o la novia. El soltero que se siente rechazado tiene que aprender de nuevo a abrir su vida a Dios.
Podemos aplicar lo que Pablo le escribió a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado” (2 Timoteo 2:15).
Reconocemos que no todos disciernen y escogen debidamente. Hay los que se harían un excelente compañero para el matrimonio pero nunca se casan. Por lo contrario, hay los que sin ninguna dificultad hallan un compañero de matrimonio pero resulta que no son buenos compañeros.
La realidad es que la vida soltera con la aprobación de Dios es mil veces más agradable que la vida matrimonial sin su aprobación.
Así que ¿hay algo falto en mí si todavía estoy soltero? Pudiera ser que sí; pero de la misma manera que pudiera haber algo falto en mí si estoy casado. Pero como vamos a ver más adelante, hay muchos otros factores que encierran el asunto y por eso cometemos un gran error en dar por sentado que la soltería es resultado de un fracaso personal.
Por otro lado, sería bueno evaluar nuestra vida de vez en cuando, no tanto para ver si estamos capacitados para el matrimonio, como para medir nuestro crecimiento personal, social, y espiritual. Pregúntese a sí mismo: ¿Estoy yo todavía desarrollando mi capacidad mental y mis talentos? ¿Soy yo cortés, considerado, y servicial en todas mis relaciones? ¿Tengo yo una profunda relación con Dios? ¿Veo
yo los propósitos y caminos que él tiene para mi vida? Éstas son oportunidades de evaluar los campos débiles de nuestra vida y tratarlos de una manera constructiva.
LA VOLUNTAD DE DIOS
Un segundo factor que muchas veces vemos como causa de la soltería es la voluntad de Dios. El tema de la soberanía de Dios y cómo esto afecta nuestra vida es un tema demasiado grande para abarcarlo todo aquí. Sin embargo, es importante que tengamos un concepto correcto de Dios y su soberanía para poner toda nuestra vida en perspectiva.
Las Escrituras revelan verdades, pero no siempre explican estas verdades. De las Escrituras, por ejemplo, sabemos que Dios es soberano: “Nuestro Dios está en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3). Las Escrituras también revelan que hay pecado en el mundo y que las cosas no son como deben ser; hay dolor, hay luchas, hay malentendidos y engaños, hay injusticia e iniquidad, hay tentaciones y maldad, hay tiempos difíciles, hay enfermedades y muerte.
“Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios... No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno” (Salmo 53:2-3).
“…Viendo la prosperidad de los impíos” (Salmo 73:3). “Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra... tiempo y ocasión acontecen a todos” (Eclesiastés 10:7; 9:11). “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16). Las Escrituras también nos revelan que el hombre tiene libre albedrío. “...El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). “Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me isgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón” (Hebreos 3:9,10).
¿Cómo podemos conciliar la soberanía del Dios santo con toda la corrupción en el mundo y las decisiones malas que toma el hombre? Si es la voluntad de Dios que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4), ¿porqué no son salvos todos?
¿Por qué permite Dios que sucedan cosas en el mundo que no son correctas? ¿Gobierna él nuestro mundo y nuestra vida, o será que él nada más deja que sucedan las cosas en su curso natural?
Éste es un campo teológico en el cual ha habido mucho conflicto de opiniones. Sin descartar todos los argumentos de los que se oponen a esta posición, reconocemos que la soberanía de Dios, los eventos humanos, y el libre albedrío del hombre se unen hasta formar un concepto correcto de la vida. En su soberanía, Dios no sólo creó el mundo, sino que también lo cuida y lo llena de su poder y sus propósitos.
Pero, a la misma vez Dios “permite que las cosas sucedan” dentro de los ímites de ciertas leyes que él estableció. Es decir, el hombre puede ver una razón de causa y efecto en todo su derredor sin pensar que Dios en su soberanía controla cada detalle. Y en esta misma estructura de leyes y limitaciones, Dios le dio la libertad al hombre de poder escoger.
La soberanía de Dios es tan inmensa y sabia. Es tanto así que mientras permite el pecado, el libre albedrío, y la corriente de eventos humanos, a la vez procura lo mejor para cada creyente en su vida personal (Romanos 8:28). Todo eso es un desafío para el entendimiento humano. Pero sí, se puede aceptar por fe. Sí, se puede experimentar aunque nunca lo podremos comprender.
Ahora, ¿cómo se relaciona todo esto con la soltería?
Primero, un concepto correcto de Dios le da libertad al soltero de evaluar y aceptar los eventos desagradables en su vida, que están mas allá de su control. En sentido literal, no todo en su vida es “la voluntad de Dios”. Puede quedarse soltero por causa de traición, por causa de accidente, o por causa de malentendidos. Sabiendo esto, el soltero tiene la libertad de evaluar con sabiduría cualquier cambio que pudiera presentarse a través del tiempo. Por ejemplo: si se le presentara una posibilidad de casarse al marcharse el tiempo, no debiera ver esto en sí como una señal de Dios que debe casarse. Él debe verlo como un caso en que necesita ejercer la misma sabiduría que había necesitado en toda su vida hasta el momento. Dios no ha cambiado su modo de pensar; son las circunstancias las que han cambiado.
Segundo, un concepto correcto de Dios nos permite ver la Palabra de Dios no como una interpretación de eventos humanos, sino como la fuente básica de la voluntad de Dios. Al reconocer que la mejor revelación de la voluntad de Dios se encuentra en su Palabra, sentiremos nuestro deber de estudiarla, y ejercer sabiduría en nuestras decisiones. Las personas que tratan de discernir la voluntad de Dios principalmente por las circunstancias encontrarán confusión. Viven constantemente con un ánimo de indecisión porque cada circunstancia presenta más posibilidades y cualquiera pudiera ser la voluntad de Dios. El tomar decisiones les llega a ser un juego de lotería. Cuando toman una decisión esperan haber pegado el “número de la suerte” de la voluntad de Dios. Pero qué alivio hay en salir de la perpetua incertidumbre de tal concepto y entrar en la base sólida de la
Palabra de Dios. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:89, 105).
No negamos el hecho de que Dios a veces nos muestra su voluntad de una manera directa por medio de una circunstancia que se presenta. Él dirigió a Felipe al eunuco de Etiopía (Hechos 8:26-40). Pero muchas veces, Dios espera que usemos la sabiduría de su Palabra para discernir su voluntad en un dado caso.
Tercero, es una bendición tener la confianza de que Dios en su soberanía permite que la historia humana siempre fluya y que a la vez el hombre tenga la capacidad de escoger su rumbo. Esto nos da la libertad de confiar nuestra vida a su bondad. Dios tiene la capacidad de cumplir su voluntad en la vida de las personas mientras suceden los eventos naturales y humanos. Puede ser, por ejemplo, que la soltería le toca a alguno por razones malas. A la vez, por medio de esas mismas circunstancias Dios puede cumplir con su voluntad en la vida de la persona. El que entrega su vida enteramente en las manos de Dios, puede sufrir un sinfín de cosas que a él le parecen injustas. Pero después encontrará que estas mismas cosas fueron formando una armonía indescriptible y hermosa del propósito de Dios para su vida. “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
Así pues, ¿podría ser la voluntad de Dios que esté soltero? Bien pueda ser. Sin embargo, la pregunta más importante es ¿he entregado yo mi soltería en las manos de Dios? Y además, ¿estoy llevando mi soltería de acuerdo a la Palabra de Dios? Si la respuesta es sí a las últimas dos preguntas, cualquier soltero puede decir confiadamente: “Estoy en la voluntad de Dios”. Y si se le presenta la oportunidad de casarse, tendrá lo que necesita para evaluarla sabiamente. Es porque ha dado cada paso en su soltería de acuerdo a los principios de la Palabra de Dios y no dará ningún paso que viole estos principios, aunque se le presentara la oportunidad de casarse.
LAS CIRCUNSTANCIAS.
El tercer factor muy común que vamos a ver como causa de la soltería es las circunstancias. Ya que muchas veces relacionamos esto con la voluntad de Dios, lo que vimos en el punto anterior nos da un buen fundamento para entender este punto. Sin embargo, hay varios puntos que quisiéramos aclarar.
Primero, para la persona que tiene una relación viva con Dios a través de su Palabra, las circunstancias le ayudan a confirmar la voluntad de Dios. Hay muchos que pudieran testificar de cómo Dios ha confirmado su dirección y su voluntad a través de las circunstancias.
Por lo contrario, si tratamos de discernir la voluntad de Dios solamente por medio de las circunstancias, sufriremos muchas frustraciones.
Desde nuestro punto de vista, las circunstancias a veces parecen caóticas y aun contrarias a las promesas de Dios. Considere a Job. Si ese hombre tan sabio cayó en un estado de confusión por circunstancias contrarias, ¿en qué quedaríamos nosotros? El mejor consejo para los solteros y casados en circunstancias confusas es que sigan el testimonio de Job: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré...” (Job 13:15).
Aparte de las circunstancias que confirman o confunden a las personas en escoger la soltería, hay circunstancias que casi exigen la soltería. Evelyn Mumaw, soltera de edad bastante avanzada, hace una lista de circunstancias que pudieran exigir la soltería:
1) Puede haber un desequilibrio de la cantidad de personas elegibles para el matrimonio. Si hay menos varones que mujeres a nivel nacional, habrá la posibilidad de más solteras que solteros. Es muy probable que a nivel de la comunidad haya una escasez de compañeros elegibles para el matrimonio, sean varones o mujeres.
2) Ciertas responsabilidades no permiten el matrimonio. Quizá alguien tenga que cuidar a un miembro inválido de la familia. Esto pudiera exigir la soltería. Algunos se quedan solteros por estar en alguna obra en particular que no es apropiada para casados. Parece que el apóstol Pablo sintió que sus responsabilidades no concordaban con el matrimonio.
3) Unos defectos físicos pudieran impedir el matrimonio. Mumaw dice así: “Es de maravillarse cuántos ciegos, sordos, lisiados, o enfermos han contraído matrimonio. Pero para otros, éstos son factores que han sido la causa de no poder realizar el matrimonio.”
4) Las aflicciones del tiempo actual han hecho poco práctico el matrimonio para algunos. Esto parece haber sido el punto del apóstol Pablo cuando aconsejó a los corintios. Pablo aconsejó que “Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede” (1 Corintios 7:20). Claramente se ve la preferencia de la soltería reflejada en este capítulo por causa de “la necesidad que apremia” (ver.
26). A través de la historia, los cristianos se han encontrado en circunstancias adversas y por eso se realizaban menos matrimonios. A veces la causa era la persecución, a veces la pobreza, y a veces era la pobreza por causa de la persecución. Aunque la persecución y la pobreza no sean las principales causas de la soltería hoy en día, para algunos sí las son.
Como vimos antes, los factores inevitables que causan la soltería pueden causar el resentimiento. Más adelante en este capítulo vamos a ver algunos puntos de cómo evitar esto. Por ahora queremos subrayar el hecho de que una entrega completa a Dios es la base para la seguridad y el cumplimiento en la vida de cualquiera, sea soltero o casado. El saber por qué estoy soltero no es tan importante como lo es saber si vivo en una unión sana con Dios.
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 14-21. Usado con los permisos correspondientes. Tomado de:
Christian Family Living Usado con permiso de Christian Light Publications, Inc. Harrisonburg, VA, EE.UU
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