OYE, HIJA MÍA
Ecos de Santidad.
“Oye, hijo mío, y sé sabio…” (Proverbios 23:19)
Un día una señorita regresó a su casa muy molesta. Le contó a su madre que un joven irrespetuoso le había insultado en la calle. Al escucharla, la madre también se molestó y juntas dispusieron a contárselo a su padre y suplicarle que buscara al joven para reprenderlo. Pero el padre le dijo: “Hija, tú no eres una muchacha inmoral, pero te suplico que me dejes decirte algo que te ayudará a comprender lo que ha sucedido.
“Eres una joven muy atractiva, y tu modo de vestir revela todo el encanto de tu rostro y tu cuerpo. Tus brazos están desnudos casi hasta los hombros; tu blusa es tan escotada que se permite ver una parte de tus hombros y pecho. Tu falda es muy corta y bien ajustada y tus medias son transparentes. Tus piernas se dejan ver hasta la rodilla. Tu vestido es tallado de manera que se puede ver la forma de tu cuerpo. Saliste a la calle con tus compañeras y al encontrarte con aquel joven, probablemente ibas de modo despreocupado y frívolo.
“Ese joven seguramente te evaluó por la manera en que te vestías y por tu comportamiento. Yo siento mucho todo lo que te sucedió, pero tengo que decirte, hija mía, que tú eres tan culpable como él.”
“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Proverbios 1:8).
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 29. Usado con los permisos correspondientes.
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