SEPARADOS DEL MUNDO, UNIDOS A DIOS.
Daniel Bontrager
“…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15)
“Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles…” (1 Pedro 2:12)
La Biblia nos enseña la importancia de conducirnos de tal manera que reflejemos el carácter de Jesús a los de nuestro alrededor. En estos versículos en Pedro, él usa la expresión “manera de vivir” para explicar esto. En 1 Pedro 3:16 él usa la frase “buena conducta”. En Filipenses 1:27 Pablo usa un derivado de la palabra comportamiento. En este tema queremos ver varios aspectos de esto en la vida personal. Queremos enfocar la conducta, el hablar, y el atavío.
LA CONDUCTA
Lo que distingue al pueblo de Dios del mundo es su manera de vivir y también el motivo de sus hechos. Los cristianos tienen como fuente de sus motivos la Palabra de Dios y lo que él pide de ellos. Los que no son creyentes reciben su dirección de su padre, el diablo. El resultado de los dos es muy diferente.
La persona no entregada a Dios puede vivir una vida más o menos buena. Pero Dios puede escudriñar los motivos y bien sabe cómo es el corazón. Además, tal persona no siempre va a poder vivir en santidad, porque cuando llega la hora de la prueba o la tentación, él actuará muchas veces conforme a su naturaleza carnal. Jesús vino a poner el hacha a la raíz del problema humano, nuestra naturaleza pecaminosa. Él vino para separarnos de los motivos engañosos y para darnos la vida espiritual que necesitamos para poder servirle a Dios de todo corazón. Esta vida espiritual incluye todo aspecto de la vida, lo externo como también lo interno. Estos dos aspectos no se pueden separar.
EL HABLAR
Mientras que el mundo está prosiguiendo lo que a la carne le agrada, el hijo de Dios procura servir al Señor Jesús. En lugar del egoísmo, él generosamente busca el bien de su prójimo y cómo él puede servir a los demás. Deja los vicios y se dedica a la santidad. El mundo se extraña de que él no siga en lo que antes supuestamente le traía tanta alegría (1 Pedro 4:4).
Su manera de hablar también cambia y en vez de usar la lengua para mentir, chismear, criticar al prójimo, contar chistes, usar en vano el nombre de Dios, o cantar canciones mundanas, se oyen “lenguas nuevas” de él. Por la inspiración del Espíritu Santo, la boca ofrece alabanzas a Dios, ánimo a los demás, salvación a los pecadores, y consejo para los débiles. El cristiano verdadero no miente aun en tiempos de “aprietos” y habla solamente la verdad porque Dios es verdad. Tampoco usa descuidadamente el nombre de Dios en exclamaciones como “Dios mío” o “ay, Dios” porque es abominación y Dios no da por inocente al que lo hace. El hablar es tan importante que la Biblia dice que seremos justificados o condenados por nuestras palabras (Mateo 12:37).
EL ATAVÍO.
El atavío también demuestra lo que hay en el corazón. Muchas veces uno se dirige por el orgullo y se viste para atraer atención a sí mismo. El humilde hijo de Dios busca glorificar a su Padre en lugar de buscar atención para sí mismo. El propósito del vestido es el de cubrir la vergüenza de la desnudez que vino a causa del pecado que Adán y Eva cometieron en el huerto de Edén. No es para llamar la atención a uno mismo. La Palabra de Dios nos da los siguientes principios que se deben aplicar al atavío en la iglesia de Dios:
1. El cristiano debe vestir ropa decorosa y modesta (1 Timoteo 2:9). Debe cubrir bien el cuerpo y no atraer la atención hacia su cuerpo ni a la ropa misma por su color o estilo.
2. No debe ser costoso (1 Timoteo 2:9). Debemos recordar que somos mayordomos de lo que Dios nos ha prestado. La ropa cara o aun la que tiene apariencia de ser costosa no es para el cristiano. Sí es importante pensar en la mayordomía cuando compramos ropa y debemos considerar algo que dure pero debemos tener cuidado con la apariencia.
3. La ropa debe hacer distinción entre los sexos (Deuteronomio 22:5). Dios dijo que el que se viste con ropa del otro sexo hace abominación.
4. La ropa debe agradar a Dios y no a los hombres. Todas las modas tienen su origen en el mundo. Las modas buscan agradar a los hombres. El que ama las cosas del mundo no tiene el amor de Dios dentro de sí (1 Juan 2:15). Esto incluye toda clase de adornos y joyería o alhajas como los anillos, los aretes, los brazaletes, y otras cosas más (1 Pedro 3:3-4; Isaías 3:16-26). El que tiene la mirada puesta en las cosas de arriba no buscará sus placeres en las diversiones mundanas ni participa en lo que le agrada al mundo. Él evita lo que puede manchar su relación con Dios. Más bien, el creyente buscará la manera de evitar lo que tiene apariencia de lo malo (1
Tesalonicenses 5:22). A veces esto incluye cosas que en sí mismas no son malas pero pueden llevarlo a la tentación.
Un buen ejercicio espiritual sería hacernos la pregunta: ¿Estamos haciendo todo lo que hacemos para la gloria de Dios? El que ama de verdad a Dios,dará su voluntad y querrá honrarle en todo lo que hace (1 Corintios 10:31).
Publicado en Revista “La Antorcha de la verdad”, Edición Mayo-Junio 2001, Volumen 15, página 27. Usado con los permisos correspondientes.
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