Henry Preza

Cuando era un niño trabajaba en una granja junto a mi padre. Me gustaba mucho recoger los huevos, llevar comida, proporcionarles el agua a las aves. Más que un trabajo era una satisfacción ver todos los días esas centenares de aves y saber que dependían de nosotros.
Mi padre se encargaba de enseñarme todo sobre la granja. En la tarde cuando las gallinas habían dejado de producir salíamos por los cafetales a caminar y agarrar reptiles. Debido al peligro de ladrones que andaban por el cafetal siempre andábamos atentos a lo que pasaba. Mi papá llevaba un machete para quitar la maleza. Cuando oíamos pasos nos deteníamos y nos agachábamos un poco hasta que no se escuchara nada. Cuando uno esta un poco solo, lejos de la ciudad, en un lugar peligroso, es necesario estar atento, ya que perder la atención puede ser fatal.

Además, del peligro habían momentos sumamente graciosos, pero, que igual podían no haber sido graciosos si hubiéramos puesto atención.
Por ejemplo, en una ocasión nosotros le seguimos la pista a un reptil, nosotros acá les llamamos garrobos. Aunque no los comíamos, era un deporte agarrarlos, alimentarlos unos días y dejarlos ir. A veces también los regalábamos a alguien que si los comiera. Había mucha gente pobre que cazaba estos animales para subsistir.
Este garrobo era muy grande, tenía una cola muy hermosa y era muy veloz. Nos íbamos por un barranco siguiéndole la pista. No sabíamos donde estaba su cueva, ni tampoco cómo agarrarlo. Tardamos varios días en investigarlo. Los primeros días, aunque lo tuviéramos cerca lo alimentábamos y lo seguíamos sin que él nos viera. Así, lo gramos saber dónde vivía y decidimos que pronto sería la persecución.
Yo me fui con un machete y mi papá también, él llevaba un lazo para traer al reptil como un perro. Para la gente era gracioso lo que hacíamos con estos animales. Nunca los maltratábamos, en especial porque eran animales violentos y peligrosos.
Era una tarde algo oscura, apenas unos momentos antes había un sol muy fuerte, pero, acababa de oscurecer por una nube que se hbía posado sobre el sol. Ya eran pasadas las 2 de la tarde, mi papá iba por un sendero corriendo, yo iba detrás de él algo con risa y temor, el garrobo iba adelante, preocupado y rápido, ya se nos había escapado un par de veces, pero, al fin llegamos a un lugar donde lo rodeamos. Me distraje con un insecto que andaba cerca y de repente mi papá me dijo:
- Henry lo atrapé- Con una sonrisa dibujada en su rostro- Tenía al garrobo aguardado de la cola.
- Mientras él me miraba para ver mi reacción de felicidad no se dio cuenta que el garrobo se soltó de la cola y se fue.
Cuando volvió a ver sólo tenía del garrobo la cola llena de sangre y nos pusimos a reír, pues, el animal había sido más inteligente que nosotros y había aprovechado nuestra desatención para soltarse de la cola. Si tan sólo mi papá no me hubiera hablado y hubiera terminado de atrapar bien al reptil, éste no se hubiera escapado y alguien hubiera hecho una buena sopa.
Hoy, cuando ya tengo mi vida nueva en Cristo pienso en cómo nosotros como creyentes podemos perder la atención de lo más importante por cosas que no valen la pena. Quizá la traición, la hipocresía, la mentira, temas irrelevantes “de supuesta doctrina,” discusiones sobre creencias y culturas religiosas nos hacen olvidar la necesidad de ser verdaderos seguidores de Cristo. Nos olvidamos de Cristo por centrarnos en otras cosas.
Creo que Dios está en la diversidad de iglesias cristianas. Entre los bautistas, los pentecostales y no pentecostales, entre todos los creyentes verdaderos de Jesús. No importa las costumbres que tengan mientras sigan realmente a Cristo. Lo único que debe separarnos es el pecado y la doctrina falsa, pero, todas aquellas cosas que tienen que ver con la forma y no lo de fondo, en realidad no es más importante que Cristo Jesús quien es el motivo de todas estas iglesias.
Que todas las cosas que distraen nuestra atención no nos hagan olvidarnos de Cristo quien es el más importante.
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